Las vacunas son preparaciones biológicas que nos proporcionan inmunidad ante diversas enfermedades; en este sentido, gracias a la implementación de estrategias de inmunización, la humanidad ha tenido la posibilidad de evitar enfermedades potencialmente mortales.

Específicamente, las vacunas contienen, bien sea, agentes que se asemejan a un microorganismo causante de alguna enfermedad o formas debilitadas o muertas del microbio, sus toxinas o proteínas de su superficie.

En este sentido, los componentes de las vacunas estimulan al sistema inmunológico de forma que tenga la capacidad de reconocer al agente como una amenaza, destruirla y guardar un registro del mismo, a fin de disminuir la vulnerabilidad ante las enfermedades.

Al respecto, la efectividad de la vacunación ha sido estudiada y confirmada ampliamente a lo largo de la historia, correspondiéndose con la estrategia más eficaz de prevenir enfermedades infecciosas.

Así, gracias a las vacunas, se ha logrado la erradicación de ciertas enfermedades, tal como la viruela, y la disminución significativa de la incidencia de otros padecimientos, como la poliomielitis, el sarampión y el tétanos.

No obstante, hay personas que se niegan a vacunar a sus hijos; de hecho, existen movimientos que pretenden acabar con las campañas de inmunización, lo que puede tener peligrosas consecuencias.

Veamos un repaso histórico del movimiento antivacunas y cuáles pueden ser las consecuencias de sus propuestas.

Esta es la historia del movimiento antivacunas

La viruela es una enfermedad sumamente peligrosa.

Curiosamente, el movimiento antivacunas precede a la primera vacuna. Durante el siglo XVIII, se desarrolló una práctica para prevenir la viruela, llamada variolación, a partir de la cual se promovía la inoculación del virus a modo de desarrollar protección contra este.

En este sentido, los niños eran expuestos a pacientes infectados, de forma que adquiriesen la enfermedad y desarrollasen inmunidad contra ella, lo que fue tema de controversias por parte de personas que renegaban de la técnica.

Más adelante, en el siglo XIX, la vacuna contra la viruela de Edward Jenner, reemplazó la variolación. A pesar de que esta vacuna era mucho más segura y efectiva que la técnica de la variolación, el virus de la viruela aún era causante de muchas muertes.

De esta manera, muchas personas se opusieron a la vacuna; una buena parte de esta resistencia se debía a que, para la época, era obligatorio por ley estar vacunado contra la viruela en el Reino Unido.

Si los padres se negaban a vacunar a sus hijos, debían pagar multas acumulativas que se correspondían con altas sumas de dinero.

De esta manera, poco después de la aprobación de la Ley de Vacunación, en 1853, fue creada la Liga Anti-Vacunación, siendo precursora de los movimientos antivacunas que conocemos actualmente.

Con el pasar de los años, hasta llegar al siglo XIX, estas personas fueron refinado sus argumentos en contra de la vacunación, sobre lo que alegaban, en líneas generales, que las vacunas no protegían, sino que enfermaban a los niños.

En la misma línea, los antivacunas se mostraban preocupados por los productos químicos presentes en las vacunas, tal como el ácido carbólico en la vacuna contra la viruela. Por tanto, preferían prácticas médicas alternativas, como la homeopatía y los medicamentos naturistas.

Un siglo después, fueron desarrolladas otras vacunas, tales como la antirrábica, la DPT, contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, las vacunas contra la poliomielitis y la vacuna MMR, que protege contra el sarampión y las paperas.

Claro que, el desarrollo de nuevas vacunas estuvo acompañado por nuevos ataques de los movimientos antivacunas de la época; en 1973, John Wilson y M. Kulenkampff alertaron sobre el caso de 50 niños atendidos por 11 años en el Hospital for Sick Children en Londres, que mostraron complicaciones neurológicas en las 24 horas siguientes a su vacunación con DPT.

Este caso ocasionó una gran controversia gracias a la cobertura de los medios de comunicación, lo que ocasionó un intenso temor hacia las vacunas, por lo que las tasas de inmunización cayeron dramáticamente.

En muchos países, la vacunación es obligatoria por ley.

De acuerdo a investigaciones, gracias a esto se produjo un gran brote de tos ferina que afectó a Inglaterra, Japón, Suecia y Gales; al respecto, fueron reportados al menos 100.000 casos y 36 muertes, aunque se cree que la cifra real de muertes infantiles rondó los 600 niños fallecidos por la enfermedad.

No obstante, ese fue un momento importante en la consolidación del movimiento antivacunas, dentro del que se cuentan personalidades reconocidas, tales como Lea Thompson, el Doctor Robert Mendelsonhn, Barbara Loe Fisher y el Doctor Bob Sears, quienes, gracias a su visibilidad en los medios, lograron una amplia cobertura de sus planteamientos logrando que se popularizaran en la sociedad.

Así, fueron muchos los programas y especiales dedicados al tema que se transmitieron por la televisión, además de libros publicados, charlas, conferencias y entrevistas ampliamente difundidas.

En la misma línea, se formaron grupos tales como el “Disatisfied Parents Together (DPT)”, además del Centro Nacional de Información sobre Vacunas.

Más adelante, en 1994, se coronó por primera vez una Miss América sorda, condición que, según su madre, era el resultado de la vacuna DPT; sin embargo, esto no era cierto, poco tiempo después su pediatra aclaró la situación: era sorda gracias a un tratamiento con antibióticos ototóxicos que recibió tras ser diagnosticada con meningitis Hib.

Con el pasar del tiempo, y con una mayor visibilidad mediática, los argumentos de los antivacunas se mantuvieron casi iguales: sugieren que las vacunas enferman pues contienen químicos venenosos y toxinas peligrosas, prefiriendo prácticas médicas alternativas.

Una diferencia es que, en lugar de ser unas pocas personas que se plantan en contra de las vacunas, tal como en el siglo XVIII, ahora pueden llegar a un público más amplio a partir de sitios web, publicaciones físicas, programas de televisión, entre otros.

De esta manera, en los últimos 15 años, se ha visto un aumento preocupante de la representación de los movimientos antivacunas en los medios de comunicación masivos, masificando sus planteamientos y asustando a los padres acerca de la vacunación infantil.

Por mencionar algunos, tenemos a Jenny McCarthy, Holly Peete, Matt Lauer, Cindy Crawford, Katie Couric y Robert DeNiro, quienes se han consolidado como portavoces de los grupos antivacunas.

En líneas generales, la mayoría de los argumentos esgrimidos por los movimientos antivacunas de la actualidad giran en torno a un estudio médico de dudosa procedencia, en el que se vincula la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola, con el autismo. Veamos de qué se trata.

La principal base del movimiento antivacunas es un estudio desacreditado

Este es Andrew Wakefield, autor del polémico estudio.

Hace unos 20 años se publicó, en una reconocida revista médica, un pequeño estudio que cimentó las bases del movimiento antivacunas.

La investigación fue dirigida por el actualmente desacreditado investigador médico Andrew Wakefield, en la que, al estudiar los casos de 12 niños, sugirió que existe una relación entre la vacuna MMR, que se administra a millones de niños en todo el mundo cada año y el autismo.

No obstante, el estudio fue desacreditado de tal manera que hasta Wakefield perdió su licencia médica; al pasar el tiempo, los expertos en autismo han demostrado fehacientemente que este trastorno no es causado por las vacunas.

En este sentido, son varias las razones por las cuales la investigación fue desacreditada; en primer lugar, se usó la metodología de estudio de caso, a partir del cual se analizan las historias clínicas de los pacientes para describir sus patologías. No obstante, esta metodología es de las más débiles en el campo de la investigación médica.

Aun más, en segundo lugar, tras investigaciones posteriores se descubrió que Wakefield había alterado los datos. De hecho, los expertos en Salud Publica alegan que se usaron datos falsos de los cuales se obtuvieron conclusiones erróneas.

Al respecto, se demostró que detrás de la investigación había un gran conflicto de intereses, puesto que, al tiempo que Wakefield desacreditaba la combinación de la vacuna triple vírica y sugería que los padres debían dar vacunas individuales a sus hijos en periodos de tiempo más largos, estaba desarrollando patentes de vacunas individuales para cada enfermedad.

Sin embargo, esto no evitó que los movimientos antivacunas engancharan la mayor parte de sus planteamientos en esta investigación.

Desde que fue publicado, se reportaron importantes brotes de sarampión en Europa, Australia y los Estados Unidos, de forma que los movimientos antivacunas se han convertido en un gran problema.

Además, Wakefield nunca replicó la investigación ni se retractó por sus resultados. Más bien, la idea de que las vacunas causan autismo ha sido desacreditada enfáticamente a partir de muchas investigaciones a gran escala en las que se involucró a miles de personas de varios países.

No obstante, la responsabilidad de esto no es solo de Wakefield, sino que también recae en los medios de comunicación fueron partícipes de la masificación de estos planteamientos, promoviendo ideas poco o mal sustentadas respecto a la vacunación.

¿Cómo se ha masificado el movimiento antivacunas hasta la actualidad?

Muchas celebridades participan activamente del movimiento antivacunas.

En la actualidad, a pesar de que la gran mayoría de las personas continúan vacunando a sus hijos, la cantidad de niños que no están siendo vacunados intencionalmente está en aumento, lo que incide en la proliferación de brotes de enfermedades perfectamente prevenibles gracias a las vacunas; tal como lo que está sucediendo actualmente en Europa.

Algo que puede estar marcando la diferencia es que más personas tienen acceso a medios de comunicación que promueven las ideas de los movimientos antivacunas.

Así, se le ha dado vez más acceso a la palestra pública a quiroprácticos, naturópatas y pediatras integrales que aconsejan a los padres que no vacunen a los niños.

Asimismo, varias personalidades del mundo de la farándula se han dedicado a darle promoción a esta propuesta.

En la misma línea, numerosos medios digitales se dedican a la promoción de remedios naturales y alimentos orgánicos que brinda material para que las personas se planten en contra de las vacunas, fomentando el miedo a los productos químicos.

Por tanto, no es sorprendente que los padres se asusten por las vacunas, más aún, teniendo en cuenta la amplia difusión de teorías de conspiración médica en las redes sociales y demás medios digitales.

De esta manera, el movimiento antivacunas se ha convertido en un gran negocio, a partir del que se ofrecen suplementos, vitaminas, libros, cursos y tratamientos holísticos, además de promover e impulsar leyes que le permitan a los padres omitir intencionalmente el proceso de inmunización.

Si no se aclaran las cosas y no se detienen estas peligrosas iniciativas, esto puede tener grandes consecuencias para la humanidad. Veamos qué pudiese pasar si las personas dejan de vacunarse.

¿Qué pasa si las personas dejan de vacunarse?

Si no fuese por las vacunas, muchas personas, especialmente los niños, pudiesen enfermarse gravemente o, incluso, morir a causa de enfermedades tales como el sarampión, las paperas y la tos ferina.

De hecho, vivimos en un mundo cada vez más global, lo que implica mayores riesgos a la vuelta de la esquina; teniendo en cuenta la cantidad de personas que viajan a través de los aeropuertos internacionales cada día, si una persona no vacunada se infecta y viaja, pudiese desencadenar una epidemia a escalas globales.

Así, mientras que la desinformación en los medios se ha traducido en que algunos padres han omitido o retrasado la vacunación gracias a afirmaciones falsas, como las vistas anteriormente, muchas enfermedades han empezado a resurgir entre los niños de todo el mundo.

Además, la amenaza de muerte por enfermedades prevenibles no es la única consecuencia médica de omitir la vacunación. Las personas no vacunadas enfrentan situaciones que pudiesen ponerlas en riesgo; por ejemplo, cuando reciben atención médica, deben informar sobre su estado respecto a las vacunas, ya que esto puede requerir de tratamientos específicos fuera de lo común.

En este sentido, cabe la posibilidad de que el personal médico no esté familiarizado con estos tratamientos especiales y tengan menos experiencia con los procedimientos necesarios para tratar adecuadamente a las personas no vacunadas.

Por su parte, las mujeres embarazadas que no han sido vacunadas, pueden ser vulnerables a enfermedades que pueden complicar el embarazo, tal como la rubeola que puede genera defectos cardiacos, retraso en el desarrollo y sordera en los niños.

Esto también pone en riesgo a otras personas que, por razones especiales, no pueden ser vacunados, además de aquellas que tienen importantes compromisos en el sistema inmunológico, como las personas con SIDA, leucemia u otros tipos de cáncer. Estas personas dependen de que la mayoría de la población se vacune para reducir los riesgos de exposición.

Finalmente, el no vacunar a los niños tiene consecuencias a nivel social, que van desde la exclusión hasta la cuarentena. Si un niño no vacunado está enfermo o expuesto a alguna enfermedad, lo más probable es que deba ser aislado de los demás, incluyendo a la familia.

De hecho, en caso de que hayan brotes de enfermedades, las personas no vacunadas deben ser excluidas para evitar que se contagien, impidiendo el libre desenvolvimiento de sus actividades cotidianas.

Por tanto, la mejor recomendación es informarse a partir de fuentes científicas fidedignas y mantenerse al día con los descubrimientos científicos; además, es importante mantener una comunicación franca con los profesionales de la salud de confianza, a fin de derrumbar mitos y estereotipos respecto a las vacunas.

La mejor recomendación siempre va a ser mantener al día las vacunas ya que, la prevención es mucho más sencilla que la curación y la rehabilitación.

Referencias:

  1. A postmodern Pandora’s box: Anti-vaccination misinformation on the Internet. https://doi.org/10.1016/j.vaccine.2009.12.022
  2. Anti-vaccinationists past and present. https://doi.org/10.1136/bmj.325.7361.430
  3. Anti-vaccination movements and their interpretations. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2005.06.020
  4. Impact of anti-vaccine movements on pertussis control: the untold story. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(97)04334-1

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