Existe una creencia popular que dicta que los hombres mayores prefieren mujeres jóvenes para conformar parejas estables; de hecho, es un cliché que se ha explotado ampliamente por los medios de comunicación masivos, en películas, libros y demás historias que se transmiten.

Teniendo esto en cuenta, es casi un hecho que los hombres están evolutivamente predispuestos a preferir una pareja joven, justo cuando se encuentra en el pico de su fertilidad, es decir, en la primera mitad de sus veinte años.

Sin embargo, vale preguntarse ¿Realmente el hombre está biológicamente predispuesto a preferir a una mujer más joven o esto es una construcción social? Veamos los argumentos que se plantean desde ambas propuestas.

¿Existe realmente una predisposición biológica en los hombres mayores?

De acuerdo a estudios realizados en los Estados Unidos, los hombres son, en promedio 1,84 años mayores que sus parejas; por su parte, se ha observado que los hombres, cuando contraen segundas nupcias, suelen elegir una pareja más joven.

De acuerdo a una investigación sobre reproducción humana, llevada a cabo en 1989 por el Psicólogo Evolutivo David Buss, tras estudiar 37 culturas diferentes se descubrió que los hombres preferían casarse con mujeres, en promedio, 2,66 años más jóvenes que ellos.

Por su parte, se observó que las mujeres preferían hombres aproximadamente 3,42 años mayores que ellas para establecer una pareja estable.

Esto hizo concluir al investigador que, probablemente, las preferencias de edad a la hora de establecer una pareja son influidas por procesos evolutivos.

En este sentido, se argumenta que, evolutivamente, los hombres están predispuestos a seleccionar parejas jóvenes ya que en este período la fertilidad está en su punto máximo, garantizando la reproducción.

En la misma línea, los defensores de esta propuesta argumentan que las preferencias giran en torno a la selección, por parte de los hombres, de una pareja que tenga la suficiente salud y vitalidad para criar a los hijos, al tiempo que las mujeres muestran predilección por hombres mayores ya que representan una figura de protección, asegurándose de que cumplan su rol de proveedores.

Sin embargo, a ciencia cierta, no existen registros ni evidencias directas que respalden las supuestas ventajas evolutivas respecto a este tipo de elección de pareja.

Igualmente, no se han identificado cadenas de ADN que mantengan esta predisposición en los seres humanos modernos, por lo que, parece ser que este fenómeno, más bien, tiene que ver con la configuración de las estructuras sociales.

Las estructuras sociales son las responsables de este estereotipo

Este estereotipo solo perpetúa estructuras sociales machistas.

Los defensores de la propuesta sociológica respecto a este fenómeno alegan que las diferencias de edad en torno a las elecciones de pareja son un producto de la imposición social de roles de género.

Así, en sociedades basadas en el modelo de sostén de familia, las mujeres suelen preferir hombres con recursos económicos que les conviertan en buenos proveedores; al mismo tiempo, los hombres buscan a una mujer amable y dispuesta para la reproducción, que tenga cualidades características de una buena ama de casa.

Al respecto, se ha observado que en las sociedades donde hay más igualdad de género, las brechas de edad entre hombres y mujeres que conforman una pareja, disminuyen considerablemente.

En este sentido, tras investigar el fenómeno, Alice Early y Wendy Wood, encontraron que al aumentar la igualdad de género, las diferencias de edad entre los sexos que conforman una pareja se van haciendo cada vez más pequeñas.

De hecho, se observó que, a medida que las mujeres se incorporan a puestos de trabajo, continúan sus estudios superiores y luchan por la igualdad de género, los matrimonios entre hombres mayores y mujeres jóvenes se hacen menos frecuentes.

Específicamente, las diferencias de edad entre los miembros de las parejas han disminuido de 4,07 años para 1910 a 1,86 años en 2014.

Asimismo, es de hacer notar que, de acuerdo a las investigadoras, este estereotipo es una afirmación de poder que encubre creencias tales como que los logros y las capacidades de las mujeres son elementos poco importantes en cuanto a la elección de parejas, pues prevalece su edad y su atractivo.

En la misma línea, de acuerdo a estas formulaciones, sólo los hombres mejoran con la edad, mientras que las mujeres, a medida que envejecen, van perdiendo su valor, lo que afecta el libre desenvolvimiento de las mujeres en su vida personal, profesional y social.

Por tanto, las investigadoras concluyen que la supuesta predisposición biológica de los hombres de seleccionar mujeres jóvenes, no es más que una afirmación que carece de bases científicas, lo que puede tener consecuencias devastadoras, pues beneficia a los hombres en lugar de establecer rigurosamente lo que es cierto.

En todo caso, la predisposición parece estar impuesta por la sociedad a partir de estructuras sociales machistas que se transmiten de generación en generación, entorpeciendo los esfuerzos por lograr la igualdad de género.

¿Qué hay de las parejas cuyos miembros son de edades distintas?

En todo caso, esto no significa que deben rechazarse las parejas cuyos miembros sean de edades distintas; de hecho, según reportes, aproximadamente el 8% de todas las parejas heterosexuales casadas en los Estados Unidos tienen una diferencia de edad de 10 años o más.

Al respecto, si bien es cierto que no existe una norma inquebrantable para garantizar el éxito de una relación, en independencia a la edad, se ha demostrado que cuando los miembros de las parejas tienen una brecha superior a los 10 años entre sí, se corren más riesgos de un triste desenlace.

Sobre esto, de acuerdo a los especialistas, influyen dos factores; en primer lugar, la desaprobación social, pues si uno de los miembros de la pareja cree que los demás desaprueban la relación, es más probable que el compromiso disminuya y aumentan los riesgos de una ruptura.

En segundo lugar, cuando las brechas de edad son superiores a los 10 años, cada miembro de la pareja está en una etapa de la vida distinta, con necesidades, preferencias y objetivos de vida que quizás no coincidan completamente, lo que puede ir haciendo mella de la relación progresivamente.

En última instancia, debemos recordar que la edad solo es un factor que puede influir sobre el éxito de las parejas; de esta manera, si bien una brecha de edad puede ser más desafiante en el contexto de una relación de pareja, siempre y cuando ambos miembros estén comprometidos con la relación y sepan resolver los problemas de forma constructiva, no tienen por qué haber tantas dificultades.

Referencias:

  1. The origins of sex differences in human behavior: Evolved dispositions versus social roles. http://dx.doi.org/10.1037/0003-066X.54.6.408
  2. Preferences in Human Mate Selection. https://www.doi.org/10.1037/0022-3514.50.3.559
  3. Commitment in Age-Gap Heterosexual Romantic Relationships: A Test of Evolutionary and Socio-Cultural Predictions. https://doi.org/10.1111/j.1471-6402.2007.00408.x

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