Adam Smith, el autor del reconocido libro La riqueza de las naciones (1776) utilizado obligatoriamente en el estudio de las ciencias económicas, planteo en 1759 la metáfora de “la mano invisible”, una teoría asumida por muchos economistas como influencia permanente que indica la forma en que el libre mercado es capaz de autorregularse.

A pesar de lo anterior, un artículo de investigación publicado recientemente por la Universidad Estatal de Michigan introduce un planteamiento que podría dejar a un lado este enfoque como lo conocemos. Su formulación no hace énfasis en una tecnología innovadora, sino más bien en un disruptor de mayor simplicidad como la intervención de un tercero en la relación comercial que ejerce control sobre el mercado ayudando a la oferta y la demanda a ganar un equilibrio.

La investigación tiene como argumento que en una relación comercial los intervinientes establecen confianza entre ellos. Por una parte, un actor define precios de un bien y su contraparte hace lo mismo igualmente, pero en un punto de su relación ambos fijarán precios favorables con motivo de la confianza.

El profesor de la universidad y coautor del estudio Kenneth Frank señala que el tipo de comercio ejecutado de esa forma es consistente con una teoría sociológica llamada “incrustación”, en donde la actividad económica se encuentra limitada por factores no económicos. Sin embargo, esta situación podría crear un descontrol en el mercado ocasionando una desviación del precio promedio y terminando las partes por cuestionar su propia negociación.

Asimismo señala que “a medida que las personas intercambian bienes o favores de ida y vuelta, los precios pueden ir mal y, finalmente, alguien tiene que regularlos”. Es en ese momento donde interviene un tercero para interrumpir la relación comercial con un precio distinto a la negociación principal.

Geoffrey Booth también coautor de la investigación, señala que el tercero podría incorporarse a la ecuación con una oferta competitiva, siendo capaz de perturbar la línea de precios manejada por las otras partes. Además indica que la participación del tercero constituiría una nueva asociación comercial con uno de los operadores principales, teniendo como consecuencia que la otra parte reajuste sus precios para satisfacer la demanda del mercado y origine el equilibrio nuevamente.

La bolsa de valores de Helsinki como base del estudio

La investigación pudo concretarse después de haber utilizado el mercado de valores de Helsinki en Finlandia como objeto de estudio y análisis durante dos años. De esta forma se observaron todos los datos sociales y financieros que rodeaban al mercado y a los habitantes de la comunidad. Los autores mencionaron que la ventaja de Helsinki era la posibilidad de revisar datos y transacciones de usuarios en una misma zona de forma individual y tomando en cuenta las relaciones entre ellos mismos.

“Helsinki está configurada de forma similar a la NYSE, y cuando se recopilaron los datos, se trataba de un mercado humano clásico, lo que significa que hay coaliciones de personas que comparten redes cercanas”, “De esta forma, pudimos observar la longevidad de las asociaciones comerciales y lo que las pone en riesgo”. Señala Booth.

El estudio aunque tiene como base un mercado bursátil, es válido de la misma manera incluso fuera del ámbito financiero, puesto que la investigación se enfoca en las relaciones comerciales de cualquier mercado y la intervención de un tercero que ocasione variaciones y reajustes en los precios.

Los autores de la investigación que será publicada próximamente en Rationality and Society, igualmente destacaron que el aumento considerable de los precios generados por las relaciones entre operadores puede ser indicativo de las futuras tendencias en el mercado, y que la dinámica entre los negociantes puede observarse en cualquier lugar donde exista un comercio activo de bienes y servicios.