La tecnología blockchain ha proporcionado numerosas ventajas a los sectores que se han aventurado en su adopción. Actualmente esta se encuentra en plena expansión gracias a la participación que ha tenido en el mundo de las criptomonedas, siendo el pilar fundamental para poder desarrollar su concepto.

Uno de los propósitos de su creación ha sido implementar las características de descentralización y transparencia, prescindiendo de la intervención de terceros para lograr la eficiencia en cualquier actividad en la que se pretenda utilizar. Sin embargo, todavía sigue habiendo lugar para la participación de muchos actores en este sector innovador.

Los contratos inteligentes de igual manera se han convertido en una de las aplicaciones más utilizadas en esta tecnología, prestando sus capacidades tanto para el beneficio de los particulares, como para los negocios y proyectos en diferentes ámbitos. Aunque estos no son una creación reciente por así decirlo, también han tomado fuerza con la intervención de la blockchain.

Anteriormente se trató en un par de artículos los aspectos fundamentales de los contratos inteligentes y cómo los mismos redefinirán el mundo de los negocios. Con ambos temas surgieron algunas interrogantes en torno a su futuro, incluyendo aquellas sobre el posible desplazamiento que puede ocasionar en el trabajo de los abogados.

A pesar de ello, es importante recalcar que ni la tecnología blockchain, ni los contratos inteligentes han excluido a estos o a otros profesionales en alguna tarea, más bien por el contrario, se han abierto las puertas para una participación activa en su constante desarrollo.

Los contratos inteligentes y la ley

Tomando en cuenta el funcionamiento de los contratos inteligentes como un protocolo previamente establecido y cuyo cumplimiento genera una acción o desenlace, se puede determinar que su ejecución podría definirse mejor como un proceso automatizado. La lógica aplicada de “si sucede esto, luego vendrá aquello” no incluye por completo la inteligencia ni la legalidad detrás de lo acordado, pero si constituye claramente una evolución a su concepto tradicional.

Los contratos tienen su definición por ley, siendo tomados generalmente como un acuerdo de voluntades entre dos o más partes, y además, también poseen requisitos de fondo para ser válidos, como la capacidad, el consentimiento, el objeto y la causa lícita. Por tal motivo, el término “contrato inteligente” no implica en todo sentido su condición legal, a menos que este cumpla con lo exigido.

La importancia de determinar su reconocimiento ante la ley radica en el conjunto de normas que podrán aplicarse a ellos, ya sea por no haberse previsto al momento de su constitución o por cualquier disputa que se produzca posteriormente como consecuencia.

Habiendo dicho lo anterior, un contrato inteligente fijado en una blockchain puede fácilmente efectuarse sin legalidad y sin generar consecuencias jurídicas. Sus elementos condicionantes siempre estarán presentes, y en su valoración intervendrá igualmente el elemento legal y el personal para definir si es o no un contrato ante los ojos de la ley, o si es inteligente frente a la percepción de las personas.

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¿Por qué todavía son necesarios los abogados?

Aunque los contratos inteligentes sean ejecutados por computadoras, estos son programados por personas, lo que significa que por naturaleza propia no se cubren todas las previsiones en su formulación. Pese a que hay casos en que las condiciones establecidas suelen darse sin ningún problema, logrando el objetivo propuesto por ambas partes, hay otros en los que la ambigüedad o la carencia de reglas ameritan la intervención de un profesional en el área.

El abogado por el hecho de contar con el conocimiento legal, puede establecer las condiciones más óptimas sobre el objetivo del contrato y su desarrollo, asegurando el cumplimiento ante panoramas inesperados o resolviendo consecuencias negativas haciendo uso de la normativa correspondiente. Por esa razón, así como se considera necesaria su participación en los contratos tradicionales, también resulta de gran utilidad en aquellos que son considerados “inteligentes”.

Si bien es cierto que la intervención del abogado es idónea tanto antes como después de la ejecución del contrato, este no siempre será el caso. Generalmente ocurre como excepción cuando estos no se completan exitosamente y entran en juego factores que influyen en el desenvolvimiento de los mismos, como errores del sistema, vulnerabilidades o corrupción por parte de terceros.

Conclusiones

Los contratos inteligentes llevan como finalidad por una parte desligarse de la intervención de terceros para su constitución y realización, otorgándoles más facilidad a los participantes de llevarlos a cabo con un proceso automatizado. Sin embargo, esto no ha sido del todo suficiente para apartar a los profesionales del derecho en su implementación y estudio correspondiente.

Las nuevas tecnologías y aplicaciones que hagan uso de este tipo de contratos, aportaran un nuevo campo de análisis para que los abogados se involucren y puedan ayudar a optimizar de alguna forma el proceso entre las partes. Asimismo, servirán de apoyo a los inversionistas para asesorarlos con el marco legal aplicable y a los entes reguladores para que entiendan esta clase de interacciones, y qué papel desempeña la tecnología en la que se respalda su correcto funcionamiento.

Finalmente, en otra perspectiva, los nuevos negocios requerirán de un enfoque menos tradicional del derecho y más dedicado a las tecnologías emergentes, de modo que se contribuya con el desarrollo de una industria apegada a las leyes y que se desenvuelva en armonía con los entes reguladores, así como con los encargados de innovar en el ámbito de los propios contratos inteligentes y la tecnología blockchain.

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