Los niveles de contaminación ambiental están llegando a niveles críticos, afectando a todos los ecosistemas del planeta; en este sentido, uno de los ecosistemas que más se ha visto afectado por la contaminación está conformado por nuestros mares y océanos.

En torno a esto, investigaciones previas han demostrado que la acidificación de los mares y océanos está afectando de tal forma a la vida marina que dificulta la capacidad de los peces para orientarse, entorpeciendo su capacidad olfatoria y haciendo que, incluso, naden a hacia los depredadores.

Al respecto, de acuerdo a una investigación reciente, las trazas de metal que se depositan en la atmósfera tienen un fuerte impacto negativo sobre la vida marina. Estas moléculas y trazas de metal se originan de diversas fuentes.

Específicamente, a partir de erupciones volcánicas, incendios forestales, tormentas desérticas y la quema de combustibles fósiles, se emite una gran cantidad de gases contaminantes a la atmósfera que incluyen trazas de metales.

Luego de que estas partículas llegan a la atmósfera, alcanzan nuestros océanos, hasta en los lugares más remotos del planeta, a partir de la lluvia o deposiciones secas.

Las trazas de metal afectan el ecosistema de los océanos

El Plancton y otros microorganismo son los principales afectados, pero esto puede tener un efecto en cadena que tenga consecuencias más notorias.

La investigación estuvo a cargo de Natalie Mahowald, una Profesora de Ingeniería en la Universidad de Cornell y Directora de la Facultad para el Medio Ambiente, en el Centro Atkinson para un Futuro Sostenible; sobre esto plantea que las principales fuentes de contaminación por metales se deriva de tormentas que alcanzan hasta los lugares más lejanos.

Así mismo, explica que algunos de estos metales son insolubles, por lo que, al caer al fondo de los océanos, afectan negativamente el ecosistema. En este sentido, los principales biomas afectados son los pequeños, representados por los Fitoplancton y otros microorganismos.

Estos biomas representan, aproximadamente, el 80% de la vida marina, actuando como bombas de circulación de oxígeno y nutrientes para todo el ecosistema.

Por lo tanto, estos ecosistemas, a pesar de estar al fondo de la cadena alimenticia, son realmente importantes para la vida en el océano pues mantienen el equilibrio en el entorno. Sobre esto, Mahowald expone:

“Si se cambia la estructura del ecosistema en los océanos a gran escala, especialmente donde ocurre la producción de oxígeno y nutrientes, la situación se va a salir de control y va a tener un impacto significativo sobre los peces y el resto de la vida marina”.

A pesar de que en investigaciones previas el centro de atención giraba en torno a los efectos del hierro sobre la vida en nuestros océanos, Mahowald y su equipo de científicos, tomaron en cuenta los efectos del hierro junto a otros metales, dentro de los que se incluyen aluminio, manganeso, zinc, plomo, cobre, níquel, cobalto y cadmio.

Algunos de estos metales, como el cobre, pueden jugar un doble papel; en algunas ocasiones pueden ser contaminantes altamente tóxicos, mientras que, en otros casos, dependiendo de cómo se degradan, dónde se encuentran y con qué se mezclan, pueden funcionar como nutrientes.

No obstante, tras el análisis de los resultados, los investigadores concluyen que la disolución de los metales provenientes de las deposiciones atmosféricas en los océanos está teniendo un impacto negativo en las tasas de crecimiento del fitoplancton y otros microorganismos, lo que afecta la biogeoquímica marina al modificar la estructura de las comunidades de plancton, lo que puede alterar todo el ecosistema.

Referencia: Aerosol trace metal leaching and impacts on marine microorganisms, (2018). https://doi.org/10.1038/s41467-018-04970-7