En las sociedades democráticas, las decisiones políticas suelen tomarse en función de las preferencias de la mayoría, en detrimento de la opinión de la minoría; sin embargo, las minorías pueden jugar un importante rol al cambiar la opinión de los grupos mayoritarios.

Un ejemplo de esto se corresponde a los movimientos sufragistas de principios de 1.900 en Estados Unidos; para la época, las mujeres no participaban en las elecciones democráticas, sin embargo, gracias para ese pequeño grupo de defensoras de los derechos de las mujeres, actualmente hay una mayor proporción de mujeres que de hombres que votan en las elecciones presidenciales estadounidenses.

En este sentido, tal como vemos, la opinión de la minoría también cuenta; para probar esto, Damon Centola, de la Universidad de Pensilvania, diseñó un experimento social en el que los participantes debían llegar a un consenso sobre el nombre de un extraño.

En total participaron 194 personas, a las que se les mostraron fotografías de las caras de personas escogidas al azar y se les indicó que debían elegir democráticamente el nombre de estas, para así ganar un premio de dinero en efectivo si lograban cumplir adecuadamente la tarea.

Así, los participantes fueron divididos en 10 grupos, de entre 20 y 30 personas cada uno, que interactuaron en línea. En una primera fase del experimento, cada grupo acordó un nombre sin mayor problema. Posteriormente, los investigadores sembraron en los grupos a algunos rebeldes que debían abogar por un nombre distinto.

En principio, se comenzó con una modesta proporción del 15% de rebeldes por grupo pero, poco a poco, fueron ajustando esta proporción hasta descubrir que, cuando el grupo se conformaba por un 25% de rebeldes, era posible echar por la borda cualquier tipo de consenso dentro del grupo.

Estos resultados se mantuvieron a pesar de que los investigadores duplicaron y triplicaron el monto del premio de dinero en efectivo que los grupos podían obtener por lograr una decisión consensuada, lo que pudiese parecer una gran motivación para que todos estuviesen de acuerdo con la decisión de la mayoría, pero no.

No obstante, cuando la proporción de rebeldes dentro de cada grupo era inferior al 25%, las minorías no tenían éxito para cambiar las decisiones del grupo.

Específicamente, en promedio, los grupos de rebeldes con menos miembros apenas podían convertir al 6% de los participantes, lo que, en un grupo de 20 personas, significa que solo podían convencer a un individuo.

Incluso, los grupos con una proporción del 24% de participantes rebeldes, no lograban tener éxito, demostrando así que el 25% es el punto de inflexión para que las minorías influyan sobre las mayorías, por lo menos en el experimento en particular.

El poder de la minoría

La sociedad se compone de diversos grupos minoritarios.

La vida real y la realidad social son más complejas que esta situación experimental, pues no todos los grupos funcionan de la misma manera que las comunidades formadas para este experimento.

De hecho, en la vida real, los miembros de los grupos no suelen comunicarse tan ampliamente como en el estudio y, en ocasiones, un solo grupo puede contener varias minorías en desacuerdo.

Adicionalmente, en los temas álgidos de la actualidad, como el calentamiento global o el tema de la inmigración, las personas suelen tener opiniones más profundas y arraigadas que en la simple tarea de decidir un nombre para un rostro desconocido.

No obstante, la investigación ha logrado demostrar experimentalmente que las minorías pueden ser efectivas para generar cambios sociales. Por tanto, los investigadores concluyen que al estudiar un sistema artificial de convenciones sociales, fue posible obtener una demostración empírica directa de la existencia de un punto de inflexión en la dinámica de los cambios sociales.

Es decir, cuando las minorías alcanzan el tamaño crítico del grupo para iniciar un cambio social, que se corresponde con una proporción del 25%, tienen la capacidad de revertir los comportamientos establecidos por las mayorías.

Referencia: Experimental evidence for tipping points in social convention, (2018). https://doi.org/10.1126/science.aas8827

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