Cuando se va a transmitir algún contenido violento o angustiante por algún medio de comunicación, antes de ello, solemos ver señales de alarma. Estas advertencias se implementaron originalmente para evitar que personas que sufren del Trastorno por Estrés Postraumático se viesen afectadas por contenidos inapropiados.

Sin embargo, de acuerdo a una investigación reciente, las señales de alarma no cumplen su función de proteger a las personas, sino que, más bien, pueden añadirle una dosis de angustia adicional a los contenidos que se van a transmitir.

La investigación en cuestión fue encabezada por Benjamin W. Bellet, de la Universidad de Harvard, quien, junto a su equipo, se trazaron como objetivo determinar empíricamente los efectos psicológicos de estas advertencias.

Para ello, contaron con la participación de 270 personas sin antecedentes de Trastorno por Estrés Postraumático, a las que se les solicitó leer algunas historias literarias. En un primer momento, leyeron tres historias levemente angustiantes en orden aleatorio.

En segundo lugar, se les otorgaron otras 10 historias, de las cuales cinco eran neutrales y las otras cinco eran marcadamente angustiantes. Por su parte, en tercer lugar, los participantes debieron leer tres historias más de contenido levemente angustiante.

Específicamente, las historias levemente angustiantes se trataban de temas violentos, en los que se hablaba de lesiones o muerte, pero sin detalles. Por otro lado, las historias marcadamente angustiantes implicaban descripciones gráficas y muy detalladas sobre violencia, lesiones y muerte.

Algunos de los participantes recibían una señal de alarma antes de las historias marcadamente angustiantes, que decían: “Advertencia: la historia que estás a punto de leer incluye contenidos perturbadores que pueden desencadenar respuestas de ansiedad, especialmente en aquellos con antecedentes de trauma”.

De esta manera, se encontró que las respuestas emocionales de los participantes ante las historias marcadamente angustiantes no eran menos intensas cuando se emitían luego de las señales de alarma, por lo que no resultan útiles para lograr su cometido.

Aun mas, se descubrió que las señales de alarma aumentan la vulnerabilidad percibida de las personas a sufrir problemas emocionales en el futuro; específicamente se observó que las personas expuestas a señales de alarma mostraban respuestas de ansiedad más intensas en las historias angustiantes.

Al respecto, Bellet explica que las señales de alarma pueden ser psicológicamente dañinas puesto que pueden aumentar la percepción de vulnerabilidad respecto al desarrollo de Trastorno por Estrés Postraumático, aumentando la intensidad de la respuesta de ansiedad, puesto que hacen creer a las personas que el contenido expuesto tiene, efectivamente, la capacidad de dañar.

Por tanto, los investigadores concluyen que, si bien la implementación de señales de alarma se corresponde con la intención de evitar que las personas se angustien excesivamente, la verdad es que, además de no cumplir su objetivo principal, pueden tener consecuencias dañinas no deseadas.

No obstante, es necesario tener en cuenta que, para tener confianza en los hallazgos, es necesario continuar la línea de investigación, puesto que el estudio fue realizado con una muestra restringida; por tanto, los investigadores sugieren realizar más estudios en torno al tema.

Referencias: Trigger warning: Empirical evidence ahead, (2018). https://doi.org/10.1016/j.jbtep.2018.07.002