Para nadie es un secreto que, de forma lamentable y en contra del deber ser, los políticos suelen mentir con regularidad. Solo basta recordar a Bill Clinton mintiendo deliberadamente frente a las cámaras sobre sus encuentros sexuales con Mónica Lewinsky.

Un ejemplo más reciente de estas mentiras políticas lo ofrece Donald Trump, quien, el año pasado, afirmó falsamente que la cantidad de personas que habían asistido a su discurso de toma del poder había sido el “público más grande de la historia”, a pesar de que la evidencia fotográfica demostraba todo lo contrario.

Claro que, en lo que a las elecciones presidenciales respecta, difícilmente los candidatos son vistos como un modelo de honestidad; sin embargo, esto parece afectar más a unos políticos que a otros.

Al respecto, según un nuevo estudio, en ocasiones, las mentiras pueden hacer que los políticos parezcan más auténticos, lo que implica que los electores perciban sus engaños como una protesta simbólica contra el sistema, haciéndolos más atractivos.

El estudio estuvo a cargo de Oliver Hahl, quien pertenece a la Universidad Carnegie Mellon; para poner a prueba el fenómeno, el investigador diseñó un experimento en el que participaron 424 personas que simularon ser los votantes de una hipotética elección en la que se escogería el próximo presidente del cuerpo de estudiantes universitarios.

Para ello, se les indicó que debían leer la información que les fue suministrada sobre los candidatos: el actual presidente y un candidato externo sin experiencia en el campo de gobierno estudiantil.

En esta línea, parte de la información entregada indicaba que el actual presidente había mencionado en un discurso una investigación que apoyaba la prohibición del alcohol dentro del campus universitario.

La mitad de los participantes del estudio recibió información de que esta investigación mencionada por el actual presidente no había sido revisada por equipos científicos de arbitraje, lo que había sido notado y mencionado por el candidato externo.

Por su parte, la otra mitad recibió información de que la investigación había sido arbitrada pero que el candidato externo había mentido al decir que los alegatos del actual presidente no tenían bases científicas que los avalen. Además, estos participantes leyeron que el candidato externo había hecho comentarios sexistas sobre los investigadores, por lo que, además de mentir, estaba siendo misógino, violando otra norma social.

Adicionalmente, los grupos fueron divididos en dos subgrupos. Dentro de cada uno de estos dos conjuntos de participantes, la mitad leyó que la legitimidad del presidente actual estaba siendo cuestionada, mientras que la otra mitad leyó que había llevado a cabo una buena gestión.

Para profundizar respecto al fenómeno, los participantes también completaron una prueba de personalidad, sobre lo que se les indicaron de forma aleatoria los resultados, de forma que coincidieran con la personalidad del presidente actual o con la del candidato externo.

Finalmente, se le solicitó a los participantes que calificaran la autenticidad del candidato externo. De esta manera, se observó que cuando se les dijo a los sujetos que su personalidad era similar a la del candidato externo y la legitimidad del presidente en curso estaba siendo cuestionada, tendían a evaluar al candidato externo como más auténtico que el presidente en curso, a pesar de que mintió e hizo comentarios misóginos.

Esto concuerda con investigaciones previas en las que, tras una encuesta a 402 personas respecto a los engaños de Donald Trump sobre el calentamiento global, se descubrió que sus partidarios eran más propensos a tomar sus declaraciones como no literales, considerándolas como un desafíos para las élites; estas personas, además, tenían el doble de probabilidades de calificar a Trump como más auténtico que sus contrincantes.

Teniendo esto en cuenta, los investigadores concluyen que el mero partidismo es insuficiente para explicar las diferencias en torno a la percepción de las mentiras demagógicas, pues además de los factores tradicionales, tales como la cultura, debe tomarse en cuenta que el que un lado de la división social considere el sistema político como defectuoso o ilegítimo, es suficiente para que los políticos mentirosos sean vistos como auténticos y se perciban atractivos para los electores.

Referencia: The Authentic Appeal of the Lying Demagogue: Proclaiming the Deeper Truth about Political Illegitimacy, (2018). https://doi.org/10.1177/0003122417749632