Todos tenemos diferentes experiencias sobre el valor de la rutina. Para muchos, la rutina ayuda a enfrentar el flujo continuo de decisiones que enfrentamos en la vida cotidiana. Pero cuando se asume en exceso, la rutina puede ser una prisión.

Una razón por la cual la toma de decisiones es tan difícil es que la mayoría de nosotros somos extremadamente malos tomando decisiones. Esto ha sido muy evidente cuando nos ponen en “condiciones de laboratorio”.

En un estudio típico, a un participante experimental se le puede preguntar si le gustaría tener un $ 4 de manera segura, o si prefiere la posibilidad 50-50 de recibir $ 10 o nada. Incluso estas simples decisiones resultan ser increíblemente difíciles.

Esos estudios muestran cuan inconsistentes somos al momento de tomar decisiones. De hecho, entre el 20 y el 30 por ciento de los casos, las personas tienden a dar respuestas opuestas en dos versiones de la misma pregunta.

Esa es la razón principal por la que seguimos rutinas. Nos levantamos a la misma hora todas las mañanas, comemos las mismas cosas para el desayuno, vamos el mismo lugar de trabajo en el mismo medio de transporte, conocemos a los mismos colegas y realizamos más o menos las mismas tareas. En última instancia, la rutina ayuda a aligerar la carga de la toma de decisiones continua.

Pero hay un lado oscuro. Demasiada rutina podría encerrarnos en patrones rígidos de pensamiento y comportamiento de los que es difícil escapar. Aunque hay una fuerza psicológica que nos impulsa a salir de los bucles rutinarios: demasiada rutina se vuelve abrumadoramente aburrida.

De este modo y como en tantos aspectos de la vida, lo ideal es encontrar un equilibrio entre la rutina y la variedad, el cual puede depender de una gama de factores personales y sociales. Este punto de equilibrio diferirá de una persona a otra; algunas personas pueden estar en peligro de reducir la exploración del mundo al adherirse inflexiblemente a sus hábitos, otros pueden rechazar la rutina de todo tipo.

En términos generales, esto sugiere que si nos sentimos en control de nuestras vidas, la rutina será menos opresiva. De hecho, cuando la rutina no se elige libremente, sino que se siente como si nos la impusieran las circunstancias, es posible que deseemos estallar.

Por supuesto, cada vida involucra una mezcla de repetición y novedad. Tener una aversión a la rutina de todo tipo no tendría sentido. La rutina es algo que simplemente forma parte de nuestras vidas.

En realidad, pudiera ser más importante decidir qué aspectos de nuestras vidas “rutinizar”, y enfocar nuestros recursos mentales en las cosas que realmente nos importan. De esta manera, la rutina puede, paradójicamente, ser una ruta hacia una vida más interesante y variada.

Referencias:

Dimensionality of Risk Perception: Factors Affecting Consumer Understanding and Evaluation of Financial Risk. Journal of Behavioral Finance, 2009. https://doi.org/10.1080/15427560903167720

Feeling Economically Stuck: The Effect of Perceived Economic Mobility and Socioeconomic Status on Variety Seeking. Journal of Consumer Research, 2017. https://doi.org/10.1093/jcr/ucx091

The Effect of Purchase Quantity and Timing on Variety-Seeking Behavior. Journal of Marketing Research, 1990. https://doi.org/10.2307/3172842

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