En el campo de la sexualidad humana, no hay ningún comportamiento que podamos clasificar como normal o anormal; cada quien, dependiendo de sus experiencias, tanto a nivel individual como social, va desarrollando gustos y preferencias particulares.

No obstante, hay casos que no dejan de ser llamativos, como cuando hablamos de las parafilias y los fetiches. Se entiende por parafilia como una perturbación sexual cualitativa en la que se deforma la imagen de la pareja o del acto sexual; en otras palabras, se tratan de comportamientos sexuales fuera de lo común que representan una fuente de placer.

Por su parte, un fetiche se define como la dependencia de algún objeto o parte del cuerpo, como estímulo para la excitación y la gratificación sexual.

Así, hay comportamientos sexuales que si bien para la mayoría de las personas pueden parecer muy extraños, para otros pueden ser una fuente inigualable de placer.

Teniendo esto en cuenta, revisemos a continuación el extraordinario caso de Brad, cuya fuente de excitación sexual son las flatulencias humanas.

Este es Brad: el hombre al que solo le excitan las flatulencias

Por razones obvias, la verdadera identidad de Brad se mantiene anónima.

Brad es un hombre soltero proveniente de Illinois, Estados Unidos. Su infancia fue bastante normal, de padres divorciados y con tres hermanastros. En líneas generales, se puede decir que vive una vida normal, tiene una licenciatura en Bellas Artes y trabaja a tiempo parcial.

Sin embargo, detrás de todo eso, esconde lo que pudiese ser su secreto más grande: su principal fuente de excitación sexual son las flatulencias humanas.

En cuanto a la orientación sexual, Brad tiene dificultades para definirse, pues, en cuanto a las relaciones, afirma ser heterosexual pero, en relación a su fetiche, manifiesta ser bisexual, puesto que se excita pensando en flatulencias tanto de hombres como de mujeres.

Sin embargo, reporta que no tiene deseos reales de concretar las relaciones sexuales en las que se incluya la penetración, por lo que también se define como asexual.

En este punto, vale mencionar que describe la excitación sexual que siente por las flatulencias, como un deseo de masturbarse, no de tener relaciones sexuales.

En relación a una de las primeras veces que sintió esta extraña atracción por las flatulencias, Brad recuerda una primera experiencia durante su etapa escolar en la que estaba enamorado de una niña a la que define como dulce, tímida y atractiva.

En algún momento, mientras hablaba con sus amigos de esa época, uno de ellos le mencionó a Brad que esa niña se había tirado una flatulencia durante la clase de Ciencias; al respecto, Brad comenta que se sorprendió, puesto que, a pesar de que sabía que esto es normal, el saber que la niña de la que estaba enamorado se había tirado una flatulencia despertó en él un interés excepcional.

Por su parte, Brad recuerda que su primera experiencia real en relación a este fetiche por las flatulencias ocurrió cuando tenía 16 o 17 años; uno de sus amigos se tiró una flatulencia enfrente de él, lo cual le resultó sumamente atractivo y empezó a obsesionarse con ello.

Posteriormente, empezó a experimentar, por lo que ideó una apuesta en la que el perdedor debía recibir una flatulencia en la cara todos los días por una semana.

De esta manera, se esforzó por perder estas apuestas constantemente por dos años para disfrutar de la experiencia.

Específicamente, Brad disfruta tanto del sonido como del olor de las flatulencias, prefiriendo sonidos que define como “profundos y burbujeantes”, preferentemente cuando las personas tienen su ropa puesta; respecto al olor, afirma que le gusta el aroma “azufre-acre”, es decir, las flatulencias más fuertes y repugnantes. En sus propias palabras:

“Cuanto más desagradable, más me gusta, ya que aumenta la sensación de dualidad. Cuanto más repugnante es la flatulencia y más bonita es la dama, la brecha entre la expectativa social y la realidad es más grande. En cuanto a los hombres, entre más desagradable me resulta más dominante”.

Finalmente, Brad afirma que suele relacionarse con personas que comparten sus intereses a partir de varios foros en línea, donde se reúnen diversas comunidades con los fetiches y parafilias más extrañas que las que cualquier persona pudiese imaginar.

¿Qué es la eproctofilia?

Brad disfruta más las flatulencias de una mujer atractiva porque la brecha entre las expectativas sociales y la realidad, es mayor.

La olfactofilia se trata de una parafilia en la que las personas encuentran ciertos olores específicos como fuente de excitación sexual; particularmente, un subtipo de olfactofilia es la eproctofilia.

Casos como el de Brad, son un ejemplo de eproctofilia, una parafilia en la que los individuos se excitan y obtienen placer sexual gracias a las flatulencias. Como la mayoría de las parafilias, la eproctofilia parece presentarse principalmente en hombres.

Particularmente, la eproctofilia es más frecuente en hombres heterosexuales que se sienten especialmente atraídos por las flatulencias femeninas. Asimismo, lo más común es que se prefieran flatulencias directamente a la cara, a la boca, los oídos o la nariz.

Al respecto, algunos afirman que la eproctofilia no es más que una forma blanda de la coprofilia, en la cual las personas se excitan sexualmente con las heces.

Tal como el caso de cualquier fetiche o parafilia, la eproctofilia no representa ningún problema siempre y cuando sea consensual y no implique un desajuste en el normal desenvolvimiento de la vida de las personas.

Estas son las causas de la eproctofilia

Las parafilias no son fáciles de investigar, pues pocas personas están dispuestas a develar lo que pudiesen ser sus secretos más oscuros.

Las causas que provocan los fetiches y las parafilias no han sido totalmente clarificadas por los expertos, quienes han planteado varias teorías para explicar el origen de estas. Una de las explicaciones de mayor poder explicativo en torno a este fenómeno, proviene de la corriente conductista de la Psicología.

Siguiendo este enfoque, especializado en el estudio del comportamiento humano, en líneas generales, todos nuestros hábitos y nuestras conductas se aprenden a partir de la asociación de prácticas concretas con placer o con dolor.

Esta asociación ocurre de dos maneras, cuando la situación asociada se da al mismo tiempo que algún tipo de placer, lo que se conoce como condicionamiento clásico o, cuando tras realizar la conducta, se recibe alguna clase de refuerzo o gratificación, lo que se conoce como condicionamiento operante.

En el caso de la eproctofilia, la idea es que las personas asocian el placer con las flatulencias tras muchas oportunidades en las que estas han ocurrido durante el sexo; en otras palabras, cuando las flatulencias se asocian al placer de las interacciones sexuales, al final, la excitación queda condicionada a las flatulencias.

Por su parte, según corrientes afines al Psicoanálisis, las parafilias se producen por traumas ocurridos en la infancia que se quedan grabadas en el inconsciente y alteran la forma en la que se experimenta el placer sexual.

No obstante, y a pesar de que esta corriente cuenta con una importante cantidad de defensores, no hay estudios científicos que avalen sus explicaciones.

Finalmente, en los últimos tiempos se ha empezado a estudiar el rol del cerebro y los neurotransmisores en la excitación sexual, a partir de lo que se ha descubierto que sustancias como la testosterona o la dopamina juegan un importante papel a la hora de determinar qué nos excita.

De esta manera, se sugiere que las personas que sufren de adicciones sexuales o parafilias, pudiesen haber desarrollado tolerancia a la dopamina, un neurotransmisor importante en la regulación de la excitación sexual.

Entonces, según la tolerancia a la dopamina se va fortaleciendo, las personas necesitarían estar expuestas a situaciones cada vez más extremas para conseguir niveles adecuados de excitación.

En conclusión, si bien es poco probable que el caso de Brad sea representativo de toda la comunidad de eproctófilos, es notable que no es la única persona con esta parafilia tan poco documentada, por lo que se necesita una mayor cantidad de investigaciones que permitan la comprensión exhaustiva de tan curioso fenómeno.

Referencia: Eproctophilia in a Young Adult Male. https://doi.org/10.1007/s10508-013-0156-3

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