Cuando observamos un objeto en movimiento, lo hacemos en el presente; sin embargo, teniendo en cuenta la demora con la que el cerebro procesa la información recibida por los ojos, nuestra conciencia de los eventos visuales no es totalmente ajustada al momento de su ocurrencia.

En este sentido, para superar este retraso e interactuar eficazmente con los objetos en movimiento, nuestro cerebro ha desarrollado una forma de anticipar lo que va a ocurrir. Sin embargo, esto no ocurre de igual manera en todas las personas.

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Al respecto, un equipo de investigadores se dedicó a estudiar este fenómeno, descubriendo que la demora con la que las personas hacen movimientos oculares hacia un objetivo en movimiento les permite predecir dónde lo perciben, y algunos lo hacen mejor que otros.

De acuerdo a Hinze Hogendoorn, perteneciente a la Facultad de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Melbourne y líder del equipo de investigación, el cerebro se anticipa al determinar lo que hará el objeto en el futuro. En sus palabras:

“El cerebro sabe cuánto tiempo va a durar el movimiento del ojo, y usa esta información para calcular en qué dirección enviará el movimiento del ojo, así como también para indicar a la conciencia dónde estará el objeto”.

Para investigar este fenómeno, Hogendoorn y su equipo analizaron los retrasos en la transmisión en el sistema nervioso que representan problemas para la localización de objetos en movimiento, teniendo en cuenta que el cerebro depende de información desactualizada para esto.

En este sentido, los participantes debieron indicar la posición percibida de un objeto móvil en forma de anillo con el mouse de una computadora; en la prueba, los segmentos en blanco y negro continuaban moviéndose, pero cambiaban regularmente a gris oscuro uniforme.

Así, los investigadores le solicitaron a los participantes que moviesen el mouse tan pronto como el objetivo estuviese completamente gris.

De esta manera, se descubrió que el sistema visual emplea las características espaciales de un próximo movimiento de ojos para localizar objetos visuales para la acción y la percepción.

En torno a esto, los investigadores explican que se trata de un hallazgo contraintuitivo puesto que demuestra que los mecanismos de extrapolación de movimiento funcionan para reducir el impacto de los retrasos de la transmisión neuronal en el cerebro.

Adicionalmente, se evidencia que estos mecanismos se relacionan de forma estrecha con los sistemas perceptivo y oculomotor, los cuales interactúan constantemente para ejercer control sobre los movimientos oculares.

En síntesis, el cerebro supera los retrasos temporales a partir de la predicción, es decir, al usar lo que sabe sobre el movimiento de los objetos, el cerebro trabaja para compensar las demoras conocidas, prediciendo el presente.

Nuestro cerebro tiene la capacidad de engañarnos pero, ¿con qué objetivo?

En otras palabras, para funcionar de forma eficaz en el presente, requerimos de un mecanismo predictivo que resuelva de forma exacta el tiempo perdido en la transmisión y procesamiento de la información, el cual se relaciona con movimientos oculares suaves y rápidos.

Finalmente, los investigadores explican que la superioridad que muestran algunas personas respecto a esa capacidad, como los deportistas de élite, puede deberse a una combinación de una capacidad innata para procesar de forma más rápida y precisa la información o al desarrollo de esta a partir de la práctica.

Referencia: Motion extrapolation for eye movements predicts perceived motion-induced position shifts, (2018). https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.0736-18.2018

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