Justo detrás de nuestros ojos, tenemos un conjunto de células que potencialmente pudiesen reparar el daño asociado a algunas enfermedades que afectan la visión; sin embargo, para el momento, este mecanismo no ha podido ser activado.

Al respecto, según los resultados de una investigación reciente, un grupo de científicos ha logrado provocar que este conjunto de células, llamado Glía de Müller, regeneren un tipo de células receptoras en los ojos de un grupo de ratones.

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De acuerdo a los investigadores, gracias al procedimiento, estas células ahora son capaces de detectar la luz y conectarse con otras células a nivel ocular para transmitir señales visuales al cerebro, lo que representa una esperanza para revertir ciertas lesiones y afecciones oculares de índole genética.

Específicamente, la visión consta de dos tipos de células fotorreceptoras, los conos y bastones. Los conos se encargan de la visión diurna y de la percepción de colores, mientras que los bastones permiten ver en la oscuridad.

Cuando estas células se destruyen, la visión disminuye o se produce ceguera. Si los seres humanos tuviesen la capacidad de regenerar estas células, como los peces cebra, esto no sería tan preocupante.

La Glía de Müller en ciertos peces y anfibios tiene la capacidad de dividirse y especializarse en células que reemplazan a las neuronas dañadas o perdidas, pero en los ojos de los mamíferos esto no ocurre.

En los mamíferos, la Glía de Müller sostiene y nutre las células oculares, pero no tiene la capacidad de regenerar las células a fin de evitar la pérdida de visión. En vista de esto, Bo Chen, un neurocientíficos de la Facultad de Medicina de Icahn, en Mount Sinai, en Nueva York, junto a un equipo de científicos, se propuso restablecer las células fotorreceptoras en el ojo sin ejercer daño.

Así, el fin último de los investigadores es promover el desarrollo de tratamientos menos invasivos a las enfermedades oculares que los ya existentes, tales como la inserción de células madre en la retina para la regeneración neuronal.

Científicos restauran parcialmente la visión de los ratones

En verde, podemos observar los conos, mientras que las células color beige son los bastones. Créditos: Steve Gschmeissner/SPL.

En investigaciones previas, Chen y su equipo, habían logrado que la Glía de Müller se dividiese en los ojos de un grupo de ratones al inyectar un virus inofensivo que contenía el gen de una proteína que participa en la regulación de la proliferación celular.

Al hacerlo, la Glía creó células hija, semejantes a las células madre, pero se estancaron, pues no se desarrollaron más.

Por su parte, en la más reciente investigación, probaron una segunda ronda de transferencia de estos genes, luego de dos semanas de haber hecho la primera, por lo que inyectaron los ojos de ratones sanos con tres genes más que están destinados a dirigir el desarrollo de bastones en el ojo.

De esta manera, descubrieron que la Glía de Müller inoculada con estos genes, generaba células parecidas a los bastones en cuanto a su estructura y capacidad de señalización. Posteriormente, replicaron el procedimiento con ratones ciegos, que si bien tenían conos y bastones, carecían de dos genes importantes que permiten que estas células fotorreceptoras transmitan la información.

Adicional a esto, los investigadores introdujeron un gen que corrige el defecto de señalización de los bastones, de forma que cualquier creación sería funcional.

Al hacerlo, descubrieron que los ratones, al ser expuestos a la luz, mostraban actividad en las estructuras cerebrales encargadas de la recepción de estímulos visuales. Aparentemente, los nuevos bastones se conectaron a las células ganglionares de la retina y lograron transmitir exitosamente las señales.

No obstante, si bien se observó una regeneración en los bastones, su densidad era tan solo del 0,2% de lo que se esperaría en la retina de un ratón con visión normal; por tanto, los ratones usados en el experimento, tan solo podían percibir la luz, siendo incapaces de distinguir entre formas y objetos.

En este sentido, los investigadores explican que es posible que los conos y bastones ya existentes en los ratones ciegos pudieron haberse reparado gracias al virus portador del gen corrector o porque la Glía Müller compartió los productos de ese gen con ellos.

Vale acotar que, según los investigadores, en cualquier caso, las señales visuales que se transmitieron al cerebro provenían de los fotorreceptores ya existentes, cuya función fue restaurada con el procedimiento, no de los bastones recién creados.

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Por tanto, los investigadores se proponen seguir explorando otros genes que pudiesen conducir a que la Glía de Müller produzca lotes más grandes de bastones.

Asimismo, tienen como propósito experimentar si este método funciona en retinas humanas, puesto que el descubrimiento representa una esperanza para la recuperación de la visión de miles de personas afectadas por enfermedades oculares.

Referencia: iPS cell therapy reported safe. https://www.doi.org/10.1126/science.355.6330.1109

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