Estudios sobre el comportamiento no ético en las clases sociales ha dado un veredicto fulminante en los niveles más altos de la sociedad. Una investigación encontró que las personas económicamente privilegiadas se comportaron consistentemente peor que otras en una variedad de situaciones, mostrando una mayor tendencia a mentir, engañar, tomar cosas destinadas a otros y respaldar el comportamiento no ético.

La lógica podría sugerir que las situaciones económicas de los individuos más pobres podrían empujarlos a romper ciertas reglas, pero la investigación indica que la variable del estado económico puede no seguir tales líneas.

Un estudio realizado por científicos de la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Toronto, midió la relación entre el nivel de ingresos de un individuo y el grado de sus comportamientos y actitudes no éticas, ilegales o inmorales.

Los investigadores realizaron siete experimentos por separado, encuestas y observaciones del mundo real para recopilar una variedad de datos sobre las actitudes de los individuos hacia la codicia, el fraude y la clase social.

El trabajo se basa en investigaciones previas que sugieren que las clases altas son menos consientes de las necesidades de lo demás, peores en la percepción de las emociones de otras personas y menos altruistas que las personas de las clases sociales más bajas.

En el primero de los estudios, los investigadores se ocultaron cerca de una encrucijada y espiaron a los conductores que debían detenerse y esperar su turno antes de continuar. Cada vez que un automóvil llegaba al cruce, los científicos clasificaban la clase del conductor en una escala de uno a cinco según el modelo, la edad y la apariencia del automóvil.

En promedio, el 12,4 por ciento de los conductores observados no esperaron su turno y simplemente avanzaron. Los conductores de autos menos elegantes cometieron esta infracción en 7,7 por ciento del tiempo, pero los conductores en los autos más prestigiosos lo hicieron en casi un 30 por ciento.

Posteriormente, los investigadores registraron si los conductores se detuvieron a cederle el paso a una persona en un cruce de peatones. Los conductores de los autos más baratos y más antiguos eran más propensos a desacelerarse y ceder el paso, seguidos de aquellos en autos de calidad promedio. Pero los que se encontraban en los autos más prestigiosos conducían independientemente del peatón alrededor del 45 por ciento del tiempo.

A fin de complementar estas observaciones, los científicos establecieron cinco estudios de laboratorio para investigar las diferencias en el comportamiento ético entre las personas en las clases altas y bajas.

Descubrieron que cuanto mayor era la clase de una persona, más probable era que dijesen mentiras en las negociaciones y engañaran por dinero, e incluso robaran dulces destinados a niños de un laboratorio vecino.

Por ejemplo, el equipo usó un cuestionario estándar para que los voluntarios evaluaran su propio estado socioeconómico y les preguntó qué comportamiento tendría en ocho escenarios diferentes.

En uno de los dilemas, se les pidió que imaginaran que habían comprado café y un pastel con un billete de $ 10, pero se les entregó el cambio por $ 20. ¿Guardarían el dinero?

En otro escenario hipotético, un estudiante se dio cuenta de que su profesor cometió un error al calificar su examen y le calificó con una A en lugar de la B que merecía. ¿Pediría un cambio de calificación?

Los investigadores encontraron que los patrones observados en los conductores eran consistentes con las pruebas en el laboratorio: aquellos que estaban más dispuestos a participar en conductas no éticas eran los que tenían el estatus social más alto.

Otro experimento reclutó a voluntarios para jugar un “juego de azar” que los investigadores habían amañado. Las personas que reportaron una clase social más alta tenían más probabilidades de tener actitudes favorables hacia la codicia, y eran más propensas a hacer trampa en el juego.

Los investigadores citaron posibles factores estructurales y psicológicos que pueden provocar estos comportamientos no éticos. Al respecto, Adam Galinsky, profesor en la  Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, manifestó:

“La riqueza es básicamente un mecanismo de poder, y el poder tiene un efecto liberador sobre las personas. Quita las limitaciones de la sociedad y libera a las personas para actuar de acuerdo con sus deseos dominantes. En algunos casos, esos deseos pueden ser altruistas o útiles para la sociedad; sin embargo, es más frecuente que el poder lleve a comportamientos egoístas no controlados por las preocupaciones habituales sobre las reglas o las consecuencias para los demás.”

Referencia: Higher social class predicts increased unethical behavior. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 2012. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1118373109