De acuerdo a una investigación reciente, involucrar a los niños en conversaciones con los adultos puede ser beneficioso para potenciar su desarrollo del lenguaje y de las habilidades intelectuales en general.

Específicamente, según los investigadores, los niños pequeños que participan de forma regular en conversaciones con adultos parecen tener conexiones más fuertes entre dos regiones de su cerebro en pleno crecimiento que resultan críticas para el desarrollo del lenguaje.

En el campo del desarrollo humano, por mucho tiempo se ha intentado establecer una relación entre el estado socioeconómico de las familias y el desarrollo del cerebro de los niños que pertenecen a estas; sin embargo, esto no se ha logrado esclarecer totalmente.

Así, en 1.990, a partir de diversas investigaciones, se desarrolló la teoría de la brecha de la palabra, a partir de lo que se plantea que los niños de edades escolares que han crecido en hogares con niveles socioeconómicos bajos, han escuchado 30 millones de palabras menos que otros niños de las mismas edades con más recursos económicos, lo que representa una desventaja en torno al desarrollo de las habilidades intelectuales.

Estos hallazgos plantean la influencia de la exposición temprana al lenguaje sobre la capacidad posterior de los niños de comunicarse, lo que sugiere que exponer a los niños a interacciones comunicativas infringe cambios en la estructura sus cerebros.

Para poner a prueba esta hipótesis, Rachel Romero y su equipo de investigadores sometieron a estudios de neuroimagen a 40 niños de entre 4 y 6 años de edad provenientes de familias con diversos estados socioeconómicos.

Adicionalmente, los investigadores evaluaron la cantidad de conversaciones en las que se involucraban los niños en el hogar a partir de grabaciones recolectadas durante un fin de semana.

De esta manera, Romero y el resto de los investigadores descubrieron que en la medida en la que se le permite a los niños tomar una mayor cantidad de turnos durante las conversaciones, las conexiones entre el área de Wernicke y el área de Broca en sus cerebros era más fuerte.

En el lado izquierdo, el cerebro de niños poco expuestos a conversaciones; del lado izquierdo, el cerebro de niños expuestos a más conversaciones, con una conexión más fuerte. Créditos: Romeo et al., JNeurosci.

Ambas áreas, tanto la de Wernicke como la de Broca, son críticas para el lenguaje; la primera se encarga de la compresión del lenguaje, mientras que la segunda de la producción de este.

En este sentido, la investigación sugiere que el desarrollo del lenguaje es independiente de los ingresos económicos y la educación de los padres, sino que, más bien, depende de la capacidad de los adultos de hablar con los niños desde edades tempranas.

Por tanto, los investigadores concluyen que una mayor experiencia conversacional entre adultos y niños fortalece una mejor conectividad entre las estructuras cerebrales responsables del lenguaje, independientemente del nivel socioeconómico de los padres y la cantidad absoluta del habla adulta.

De esta manera, se plantea la posibilidad de desarrollar programas de intervención temprana que tengan por objetivo mejorar las posibles desventajas en el desarrollo de los niños debido al nivel socioeconómico, centrándose, de forma primordial, en aumentar la exposición conversacional de los niños para capitalizar la plasticidad neuronal temprana subyacente al desarrollo cognitivo.

Referencia: Language Exposure Relates to Structural Neural Connectivity in Childhood, (2018). https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.0484-18.2018

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