Sin duda alguna, el Barón Rojo es una figura legendaria que ha colado en el imaginario colectivo para representar la rudeza, la valentía y la temeridad.

Más allá del halo de misterio que se cierne en torno a él, este mítico personaje fue un piloto de verdad que, con sus habilidades, se convirtió en el terror de los Aliados durante la Primera Guerra Mundial, despertando tanto miedo, como admiración, casi en la misma proporción.

Veamos la historia de esta leyenda que, después de 100 años de su muerte, aún despierta la curiosidad de muchos que desean saber cuáles fueron las hazañas del Barón Rojo, permitiendo marcar un antes y un después en la historia de la aviación.

¿Quién fue el Barón rojo?

Este es el Barón Manfred von Richthofen.

Antes de ser un personaje mundialmente reconocido, el Barón Rojo era conocido por su nombre de pila: Manfred von Richthofen, o su título nobiliario, Barón Manfred von Richthofen.

En realidad, el Barón Rojo, era un miembro de la realeza, pues ostentaba un título alemán denominado como “Freiherr”, que se traduce como Señor Libre, que implica un rango de Barón.

A pesar de pertenecer a la nobleza, tal como dictaba la tradición familiar, se unió al ejército con tan solo 11 años, junto a su hermano. En primer lugar, se desempeñó como soldado de caballería y luego como mensajero a caballo, lo que le permitiría ganar una Cruz de Hierro por sus servicios.

No obstante, este trabajo le aburriría rápidamente, por lo que decidió unirse a la Fuerza Aérea. Sus inicios no fueron fáciles, de hecho, la primera vez que voló un avión en solitario se estrelló, pero eso no le disuadió de convertirse en el piloto más recordado de la historia.

Así, poco a poco el Barón Rojo, que para ese momento no era llamado de esa forma, empezó a distinguirse; una vez que fue llamado a combate, no escatimó esfuerzos para lograr ser reconocido.

Se dice que el 17 de septiembre de 1916 es la fecha en la que asesinó por primera vez a un enemigo, lo que dio inicio a una gran racha que le duró nueve meses en la que logró derribar no menos de 80 aviones enemigos en menos de un año, empequeñeciendo los logros de cualquier otro piloto en el mundo.

Así nació la leyenda del Barón Rojo

A medida de que su cuenta de aviones derribados crecía, von Richthofen empezó a darse cuenta del prestigio que estaba adquiriendo. Cuando derrumbó su avión número 11, el Mayor Lanoe Hawker, uno de los más importantes de la fuerza aérea de Gran Bretaña, empezó a tomar parte de los aviones que derribaba a modo de trofeo.

Poco a poco su casa se encontró decorada con una mezcla de los animales disecados que traía luego de sus viajes de caza junto con ametralladoras y números de serie de los aviones de sus enemigos que había derribado.

Por más extraño que parezca, esto era una práctica común de los pilotos durante la Primera Guerra Mundial, aunque su colección era una de las más impresionantes. Así, a la corta edad de los 17 años, le dieron el liderazgo del escuadrón Jasta 11, marcando un hito en su carrera.

A modo de celebración por el ascenso, von Richthofen pintó su biplano llamado Albatros con un inconfundible tono rojo; en ese momento se daría inicio a la leyenda del mítico Barón Rojo.

Bajo su mando, el prestigio del escuadrón Jasta 11 también creció, convirtiéndose en un escuadrón multicolor con una reputación de precisión y letalidad.

El Barón Rojo, en el centro, junto a miembros de su escuadrón.

Pronto el escuadrón empezaría a ser reconocido como el “Circo Volador”, ya que los pilotos al mando del Barón Rojo, emularon el diseño de su avión, valiéndose del reconocimiento de los soldados alemanes y del odio de sus enemigos.

Tal como lo escribió un corresponsal de la revista británica Airplane, luego de su muerte:

“Cualquiera se hubiese sentido orgulloso de matar a von Richthofen en combate, pero todos los miembros del Royal Flying Corps también se hubiesen sentido orgullosos de estrechar su mano si hubiese caído en cautiverio con vida”.

Para el mes de Julio de 1917, el Barón Rojo se estrelló en Bélgica luego de ser atacado por el capitán Donald Cunnel de The Royal flying Corps, lo que le valió una lesión grave en la cabeza, que probablemente pudo llegar a ser una fractura de cráneo.

A pesar de experimentar problemas de conciencia y haber perdido parte de su visión producto del ataque, logró aterrizar su avión y conseguir asistencia médica.

Luego de esto, durante varios meses continuó volando esporádicamente; además, tuvo que someterse a diversos procedimientos quirúrgicos a fin de eliminar las astillas de hueso que quedaron en la herida de su cabeza.

A raíz de esto empezó a sufrir de dolores de cabeza y cambios importantes en su personalidad, lo que le acompañó hasta el día de su muerte. Ignorando cualquier recomendación médica, en Octubre de 1917 se encontraba volando nuevamente con su escuadrón, logrando derribar 18 aviones más.

En total, el Barón Rojo derribó 80 aviones, lo que le confiere el título del piloto más destacado de la Primera Guerra Mundial, seguido por René Fonck, de Francia, quien derribó 75 aviones y Billy Bishop, en tercer lugar, un canadiense que derribó 72 aeronaves enemigas.

El legado del Barón Rojo

Restos del avión del Barón Rojo luego de su muerte.

Claro que, como cualquier leyenda que se precie de ser interesante, la historia del Barón rojo finaliza con una misteriosa muerte. El 21 de abril de 1918, el Barón Rojo fue encontrado sin vida en la cabina de su avión, luego de ser derribado en batalla.

Se dice que, mientras perseguía al piloto canadiense Wilfrid May, un teniente de poca experiencia, fue atacado por el Capitán Arthur Brown, lo que rápidamente le obligó a aterrizar de forma brusca en un campo.

Allí, los soldados que se encontraban apostados, llegaron rápidamente a su triplano Fokker rojo que se encontraba destrozado y hasta allí llegó la historia del Barón Rojo.

No se sabe exactamente qué tan dañado terminó su avión luego del enfrentamiento, pues fue desmantelado por soldados que querían llevarse un recuerdo de su mítica nave.

Posteriormente, su cuerpo fue llevado a un Hangar de la Fuerza Aérea Australiana, en Poulaninville, donde lavaron su cuerpo y examinaron sus heridas.

Se observó una herida de entrada y una de salida que llevaron a los médicos a concluir que una sola bala entró del lado derecho de su pecho, atravesando el corazón y uno de sus pulmones, para luego salir por su costado izquierdo, llevándose la vida del Barón Rojo consigo.

El 22 de abril su cuerpo fue enterrado en un cementerio de una aldea cercana a Amiens, en Francia, luego de un funeral militar llevado a cabo por la Commonwealth.

Esta es una de las últimas fotos tomadas del Barón Rojo, tomada mientras se preparaba para volar.

No obstante, la verdad detrás de su asesinato sigue siendo un misterio; muchos le adjudican la autoría del disparo a Brown, quien hasta fue condecorado por esto; sin embargo, se plantea que si Brown fue quien disparó la bala fatal, esto significa que el Barón se mantuvo con vida lo suficiente como para seguir volando su avión por dos minutos más hasta aterrizar, lo cual es posible, pero no particularmente probable.

Otros le dan el crédito al sargento Cedric Ponpkin, de la 24ª Compañía de Ametralladoras de la Primera Fuerza Imperial Australiana, quien, según se cuenta, disparó su arma contra el Barón cuando este giraba hacia la izquierda, huyendo del fuego enemigo.

Finalmente, también se afirma que la bala recibida provino de las ametralladoras que estaban apostadas en el terreno, por lo que habrían tres candidatos más, que en ese momento disparaban contra su avión desde la tierra. Por lo tanto, no podemos estar seguros con total confianza de quién fue que acabó con la vida del legendario Barón Rojo.

De lo que si estamos seguros es que el corresponsal de la publicación Airplane, mencionada con anterioridad, estaba en lo cierto: cualquiera se hubiese sentido orgulloso de haber matado al Barón Rojo, y muchos lo hicieron.

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