Sus 20 metros de largo y 40 toneladas de peso, hacen del tiburón ballena (Rhincodon typus) el pez más grande del mundo. Este gigante de los mares es un nadador sobresaliente, llegando a recorrer unos 10.000 kilómetros al año y poder sumergirse hasta unos asombrosos 2.000 metros. Lamentablemente, las presiones de la acción humana amenazan la continuidad de la esta especie.

A fin de salvaguardar la supervivencia del tiburón ballena, la comunidad científica ha hecho esfuerzos para estudiar y comprender el comportamiento de estos enormes peces, y así, poder diseñar mejores y más eficientes estrategias de acción.

En este sentido, una reciente investigación realizada por científicos de la Fundación Marine Megafauna, la Universidad de Southampton y Sharkwatch Arabia, aporta información con implicaciones directas a los esfuerzos por proteger a los tiburones ballena, una especie que en los últimos 30 años ha visto disminuir su población a la mitad.

Se sabe que los tiburones ballena generalmente merodean los océanos del mundo alimentándose con plancton. Estudios genéticos sugirieron que la especie se mezclaba en distintas poblaciones en el Indo-Pacífico y el Océano Atlántico, lo que suponía grandes patrones de movimiento.

Pero los autores del estudio encontraron que esos patrones de movimiento parecen no corresponder a lo hasta ahora asumido, al comprobar que el pez más grande del mundo deambula menos de lo que se pensaba.

Tiburones ballena alimentándose.

Para rastrear qué tan lejos se movían los tiburones ballena, los investigadores utilizaron minúsculas muestras de tejido cutáneo de tiburones ballena salvajes que nadaban libremente.

Las muestras, que fueron recolectadas durante 2 a 3 años en cada lugar, fueron examinadas; particularmente, los investigadores midieron los isótopos de nitrógeno y oxígeno presentes en cada ejemplar.

Cada región tiene su propia proporción de firma de los dos isótopos, que se refleja en las plantas y animales que viven allí. Así que los parches cutáneos se convirtieron esencialmente en “pasaportes biológicos”, y permitieron reconstruir los movimientos de los tiburones y las preferencias de alimentación durante las semanas y meses previos al muestreo.

Para complementar el análisis bioquímico, los investigadores también tomaron fotografías de las marcas naturales en cada tiburón ballena: un patrón de punto único, similar a una huella dactilar humana.

Los investigadores registraron casi 4.200 fotografías de unos 1200 tiburones ballena capturados en tres áreas en el oeste del Océano Índico y el Golfo Pérsico. En conjunto, estos datos permitieron identificar los individuos y rastrear su movimiento durante un período de 10 años.

Los datos revelan que los tiburones ballena, muchos de los cuales eran machos jóvenes, no realizaban las largas travesías que se suponía; la mayoría nadó a sólo unos cientos kilómetros de sus áreas de alimentación.

Estos hallazgos indican que los tiburones ballena tienen patrones de movimiento limitados. Los autores del estudio manifiestan que estos resultados podrían tener implicaciones y refuerzan cuán vitales resultan las acciones locales y regionales para la conservación de esta especie en peligro de extinción mundial.

Referencia: Limited latitudinal ranging of juvenile whale sharks in the Western Indian Ocean suggests the existence of regional management units. Marine Ecology, 2018. https://doi.org/10.3354/meps12667

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