Una de las ideas más populares en el campo de la geoingeniería se centra en la dispersión masiva de partículas aerosoles que contienen compuestos de azufre en la estratosfera, un enfoque conocido como gestión de la radiación solar. Se supone que ese “velo estratosférico” reduciría la cantidad de luz solar que llega a la superficie de la Tierra y ralentizaría el incremento de la temperatura promedio.

Aunque muchos consideran esta propuesta como la panacea climática, una reciente investigación sugiere que no es una muy buena idea, pues todos los beneficios de la desaceleración del calentamiento pueden ser anulados por la caída de rendimiento de los cultivos debido a la falta de luz solar.

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Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Berkeley examinó cómo la creación de dicho escudo contra la radiación solar afectaría a la agricultura. Dado que los experimentos de geoingeniería a gran escala todavía se consideran demasiado arriesgados, los científicos utilizaron un análogo natural y un prototipo de este proceso: erupciones de grandes volcanes.

Por ejemplo, el volcán Pinatubo en Filipinas, en su erupción del año 1991, arrojó a la atmósfera alrededor de 20 millones de toneladas de dióxido de azufre, lo que redujo la temperatura promedio mundial en aproximadamente medio grado Celsius.

Pero, tal como explica el investigador Jonathan Proctor, académico en el Departamento de Economía Agrícola y de Recursos de la Universidad de California en Berkeley y coautor del estudio:

“Oscurecer el planeta limitaría el aumento de la temperatura, lo que sería bien apreciado; pero como las plantas necesitan luz solar, bloquearla afectaría su crecimiento. Para la agricultura, las consecuencias negativas de este enfoque son comparables en escala a los beneficios.”

Los científicos compararon los datos sobre cultivos de maíz, soya, arroz y trigo de 105 países, con los datos de control de iluminación y las observaciones por satélite de los aerosoles en la estratosfera, en el período de 1979 a 2009.

En este periodo, hubo dos erupciones volcánicas importantes: el Chichón en México (1982) y Pinatubo (1991). Los investigadores encontraron que una dispersión de la luz debido a los aerosoles redujo el rendimiento de todos los cultivos; por ejemplo, después de la erupción del volcán Pinatubo, los rendimientos del maíz se redujeron en 9,2 por ciento; mientras que el rendimiento de maíz, soja y arroz, presentaron una reducción de 4,8 por ciento.

Luego, utilizando el modelo climático, mostraron que a mediados de este siglo, cualquier beneficio para los cultivos por el enfriamiento producto de la administración de la radiación solar, se vería completamente compensado por la disminución de la producción de alimentos debido al deterioro en la iluminación.

Teóricamente, los productores agrícolas podrían adaptarse a la reducción de la iluminación, al elegir variedades más resistentes, por ejemplo; pero la posibilidad y los límites de tal adaptación son difíciles de estimar.

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A pesar de las conclusiones del estudio, los autores no creen que se deba necesariamente rescindir del enfoque de gestión de la radiación solar; indican que para la agricultura, podría no funcionar tan bien como se espera, pero hay otros sectores de la economía a los que podría generar efectos significativamente positivos.

Adicionalmente, los investigadores enfatizan de que antes de ir a experimentar, es necesario estudiar minuciosamente los beneficios, costos y riesgos de los proyectos de geoingeniería, sobre los cuales se sabe muy poco hasta ahora.

Referencia: Estimating global agricultural effects of geoengineering using volcanic eruptions. Nature, 2018. https://doi.org/10.1038/s41586-018-0417-3

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