El tamaño relativo del cerebro muestra una variación masiva en las especies de mamíferos. Se presume que los cerebros grandes han sido favorecidos por la selección natural porque proporcionan una amplia gama de beneficios en el dominio social y ecológico. Pero estos beneficios se ven contrarrestados por mayores demandas energéticas.

El tejido cerebral se encuentra entre los tejidos más metabólicamente costosos del cuerpo. Por ejemplo, los seres humanos invierten alrededor de 20 a 25 por ciento de toda la energía metabólica en estado de reposo en el cerebro, que constituye sólo el 2 por ciento de la masa corporal.

Además, los cerebros necesitan un suministro constante de energía en todo momento. No sólo el mantenimiento del cerebro, sino también su crecimiento, es energéticamente muy costoso.

Como resultado, las especies de cerebro más grande se desarrollan más lentamente y, por lo tanto, alcanzan la edad adulta más tarde.

Por lo tanto, para que una especie evolucione un cerebro relativamente más grande que su antecesor, los beneficios de tener un cerebro más grande tienen que superar estos altos costos de desarrollo y mantenimiento.

Si bien la mayoría de los estudios previos se centran en los beneficios del aumento del tamaño del cerebro, la hipótesis del cerebro costoso, planteada en el año 2009, postula que la ampliación evolutiva del cerebro está restringida por la asignación de energía a otras funciones o por el aporte energético total.

En este contexto, un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich en Suiza, realizó un estudio cuyos resultados muestran que los mamíferos que hibernan tienden a tener cerebros más pequeños que aquellos que pueden alimentarse durante todo el año.

Para llegar a tal conclusión, el equipo de investigadores compiló un amplio conjunto de datos sobre el cerebro, la masa corporal y la hibernación de un total de 1.104 especies de mamíferos.

Los investigadores explican que los animales que viven en hábitats estacionales experimentan períodos de escasez severa de alimentos. Si no encuentran recursos alimenticios adecuados durante estas temporadas de escasez, su ingesta dietética no puede sostener los costos de mantenimiento energético de un cerebro grande en relación con la masa corporal.

Por lo tanto, desde el punto de vista evolutivo, se espera que los inevitables períodos de inanición actúen como una restricción energética en el tamaño del cerebro.

Según lo predicho, el análisis mostró que los mamíferos que hibernan tienen un tamaño de cerebro relativo significativamente más pequeño que las especies que no hibernan.

Los autores señalan que el hallazgo puede ayudar a explicar por qué los primates de cerebro grande, como nosotros, evolucionaron principalmente cerca del ecuador.

Es posible que nuestra especie haya surgido en África, ya que su clima mayormente tropical, con estaciones poco diferenciadas, ofrecía la posibilidad de contar con una fuente confiable de alimentos durante todo el año, evitando así, la necesidad de recurrir a la estrategia de hibernar.

Referencia: Hibernation constrains brain size evolution in mammals. Journal of Evolutionary Biology, 2018. https://doi.org/10.1111/jeb.13353

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