Los aromas florales han sido utilizados por los humanos durante siglos; existen registros de fragancias que datan de la Edad del Bronce, hace unos 4000 años. Hoy todavía confiamos en el atractivo de los perfumes y las colonias para hacernos atractivos e irresistibles. Pero los aromas florales no se desarrollaron para el uso humano. Se originaron en las flores primitivas del Cretácico Inferior como un medio para atraer a los polinizadores.

Cuando las angiospermas se diversificaron, hace unos 100 millones de años, la mayoría de las flores carecían de pétalos. Dado que los colores, otro método que usan las flores para atraer a los polinizadores, están típicamente asociados con los pétalos, estas flores primitivas habrían dependido principalmente de sus fragancias para atraer potenciales polinizadores.

Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón realizaron un análisis de flores fósiles envueltas en ámbar birmano proveniente de periodo medio del Cretácico y ámbar dominicano del periodo medio terciario, encontrando evidencia de tejidos que sin duda secretaron líquidos y sustancias volátiles para atraer a los polinizadores, tal como lo hacen en las flores modernas.

Las similitudes morfológicas encontradas en los tejidos secretores de las flores fósiles, cuya datación supera los 100 millones de años, con las de sus descendientes actuales, sugieren que las flores antiguas y modernas pueden haber producido esencias similares, incluidas las utilizadas en la producción de perfumes y colonias de la actualidad.

Los tejidos secretores florales que producen estas fragancias incluyen nectarios, tricomas glandulares, eláforos y osmóforos.

Los nectarios son glándulas que producen fragancias y depósitos dulces que atraen a los insectos. Los tricomas glandulares son pelos con células que producen y emiten productos secretores perfumados. Los eláforos son glándulas sebáceas aromáticas. Los osmóforos, también conocidos como glándulas de fragancias florales, son grupos de células especializadas en la emisión de fragancias.

Los autores del estudio aclaran que no es posible detectar olores o analizar los componentes químicos de las flores fósiles, pero se pudo evidenciar la presencia de los tejidos responsables de la producción de los aromas.

El investigador George Poinar, profesor en el Departamento de Biología Integrativa de la Universidad Estatal de Oregón y autor principal del estudio, comentó:

“Apuesto a que algunos dinosaurios podrían haber detectado los aromas de estas primeras flores. De hecho, las esencias producidas por estas flores primitivas, además de insectos polinizadores, podrían incluso haber atraído a estos reptiles gigantes, del mismo modo en que hoy las fragancias florales nos atraen a nosotros.”

Es obvio que las flores estaban produciendo fragancias aromáticas para hacerlas más atractivas a los polinizadores, y de acuerdo a este estudio, es probable que algunos de estos olores antiguos fueran similares a los que encontramos hoy en día.

En la actualidad, los humanos disfrutamos de las flores por su variedad de diseños artísticos y colores llamativos, pero indudablemente, uno de los usos más rentables de las flores involucra sus tentadores aromas.

De estas esencias se pueden extraer una multitud de compuestos químicos, muchos de los cuales se utilizan en la preparación de perfumes, bálsamos, esencias y cosméticos en general, lo que se considera como una de las invenciones más características de la sociedad moderna: el buen olor.

Referencia: The antiquity of floral secretory tissues that provide today’s fragrances. Historical Biology, 2018. https://doi.org/10.1080/08912963.2018.1502288