Nuestro sentido del olfato puede distinguir rápidamente un olor agradable y un hedor; aunque diferenciar olores es una acción cotidiana, las señales químicas que nos ayudan en ese particular no son bien comprendidas.

En este sentido, un estudio realizado por científicos de la Universidad de California en Berkeley ha comprobado que las moléculas más pesadas y más extendidas tienden a oler peor que las moléculas más livianas y compactas. El hallazgo podría ser utilizado para predecir qué tan bien o mal huele una molécula.

Para encontrar los atajos olfativos que nos permiten distinguir los buenos olores de los malos, los investigadores observaron más de 1.500 propiedades diferentes de unas 150 moléculas, con el fin de establecer una relación entre el un olor y sus propiedades fisicoquímicas, es decir, la forma en que se organizan sus moléculas.

Los autores del estudio encontraron que el peso molecular y la densidad de electrones están de hecho estrechamente asociados con la forma en que percibimos las cualidades de un aroma.

Por ejemplo, el butanol, una molécula dispersa en electrones y espaciada, huele a madera podrida, mientras que el limoneno, una molécula compacta y ligera, huele a cítrico.

Desde una perspectiva evolutiva, el neurocientífico Rehan M. Khan, coautor del estudio, cree que nuestros cuerpos se han asentado en este puñado de propiedades para distinguir los buenos olores de los malos por una razón, pero admitió que no está seguro de por qué el cerebro y la nariz evolucionaron sensibilidad a las propiedades moleculares. Al respecto, el investigador comentó:

“Lo que sí sabemos es que los productos químicos percibidos como menos agradables generalmente no son útiles para nosotros, e incluso pueden ser perjudiciales.”

La investigación sugiere que la evolución también entra en juego aquí, haciéndonos percibir como desagradables olores que tradicionalmente deberíamos temer si queremos sobrevivir.

Como ejemplo, los investigadores resaltan el caso de los roedores de laboratorio que nunca han visto a un gato durante generaciones, pero reaccionan con miedo al olor a gato, aunque no a otros olores nuevos y potencialmente nocivos.

Al poner a prueba su nuevo modelo, los investigadores fueron capaces de predecir a qué olían ciertos productos químicos no evaluados anteriormente.

El modelo desarrollado por los investigadores ubicó correctamente aproximadamente el 30 por ciento de los químicos en una lista de moléculas ordenada en una escala de mal olor a agradable. Los autores explicaron que a pesar que el número puede parecer bajo, es relativa y estadísticamente alto dada la complejidad de nuestras habilidades para olfatear.

Referencia: Predicting Odor Pleasantness from Odorant Structure: Pleasantness as a Reflection of the Physical World. Journal of Neuroscience, 2007. https://doi.org/10.1523/jneurosci.1158-07.2007