Es notable cómo las personas están cada vez menos dispuestas a ahorrar. De acuerdo a investigaciones de la Reserva Federal de los Estados Unidos, las personas apenas ahorran menos del 3% de sus ingresos.

A fin de comprender esta poca disposición al ahorro, un equipo de investigadores decidió llevar a cabo un estudio. Se plantearon dos tareas, una económica y una de percepción temporal.

En la tarea económica, los participantes podían ganar o ahorrar dinero en función de la rapidez y precisión con la que realizaban la tarea de percepción. Por su parte, en la tarea de percepción, debían indicar cuál de los círculos rojos a los que eran expuestos aparecía primero, cuando estos se presentaban uno al lado del otro con cierta demora temporal entre ellos.

De esta forma, se observó que el 87,5% de las personas ganaban más dinero de lo que ahorraban, además que el 75% de la muestra desarrolló una percepción temporal deformada de los colores, puesto que informaban que aquellos asociados a la ganancia aparecían primero a pesar de que se presentaban en primer lugar los círculos relacionados al ahorro.

Al replicar el estudio, se encontró que este sesgo temporal se mantenía a pesar de que las asociaciones de color respecto a la ganancia o al ahorro se mantuviesen ocultas. Este fenómeno fue denominado por los investigadores como sesgo de la posterioridad del ahorro.

Sobre esto, los expertos explican que ahorrar implica preocupaciones posteriores, las cuales son sesgadas por el cerebro para tener una prioridad menos temporal; si bien es necesario ganar dinero para poder ahorrar, parece que nuestros cerebros nos sesgan ante la oportunidad de hacerlo, distorsionando nuestra percepción.

Eve de Rosa, una Profesora Asociada de Desarrollo Humano, quien participó en la investigación, plantea sobre el tema:

“El ahorro está tan devaluado y desatendido que percibimos que los eventos asociados con el ahorro ocurren más adelante en el tiempo”.

De esta manera, se propone que las distorsiones temporales pueden ser un mecanismo a partir del cual se mantiene el sesgo cognitivo que nos hace estar más atentos a las ganancias que al ahorro.

De hecho, cuando los investigadores cambiaron la tarea económica, de forma que los participantes recibían la misma cantidad de dinero como ganancia o como ahorro, el sesgo temporal se mantuvo.

Así, el prejuicio en contra del ahorro se produjo puesto que este fue definido como la prevención de la pérdida de lo que ya los participantes habían ganado o como un mecanismo para guardar dinero a futuro. De cualquier manera, los resultados siempre fueron los mismos, la ganancia prevalece al ahorro.

En síntesis, nuestro cerebro distorsiona la realidad a partir de un sesgo cognitivo, haciendo que nos concentremos más en las ganancias inmediatas que en el ahorro. Sobre esto, los investigadores explican que es posible que este sesgo haya sido aprendido de forma inconsciente.

Esto quiere decir que, al ser un sesgo aprendido, se puede desaprender; para ello, es necesario entrenar la atención, es decir, aprender a concentrarse en el ahorro, desarrollando esta capacidad a nivel cerebral.

Referencia: Differential temporal salience of earning and saving, (2018). https://doi.org/10.1038/s41467-018-05201-9