Google Glass fue el producto de hardware basado en Realidad Aumentada con el que Google pretendió conquistar el mercado de usuarios fanáticos de la tecnología, como los hípster o los milennials. Sin embargo, a un precio de US$ 1,300, fue sencillo ver cómo se esfumaron rápidamente.

En julio de 2017, informamos cómo Google intentó rescatar este interesante experimento tecnológico, y orientó las gafas al ámbito industrial, específicamente a las líneas de ensamblaje y mantenimiento. Este proyecto fue llamado Google Glass Enterprise Edition (Glass EE), y su costo fue fijado en US$ 1,500, con compañías como DHL mostrando interés en adquirirlas.

Ahora, los investigadores han utilizado estas gafas de Realidad Aumentada para desarrollar una rutina terapéutica para niños autistas, a los que les resulta difícil entender las emociones de los demás.

En concreto, los expertos han creado una app para smartphones, que combinada con el reconocimiento facial incorporado en las Google Glass, ofrece actualizaciones en tiempo real sobre las emociones que las personas expresan a través de sus gestos. En la prueba piloto de la tecnología, 14 niños con autismo utilizaron este sistema en su hogar durante al menos 10 semanas.

Luego del tratamiento, los niños mostraron mejores señales de socialización, incluyendo un mayor contacto visual y la capacidad de decodificar las expresiones faciales. Por lo general, los niños autistas pueden mejorar su habilidad para detectar expresiones faciales al interactuar con otras personas a través de la terapia conductual, que consiste en guiar al pequeño en actividades estructuradas, como mostrarle tarjetas que representan rostros con diversas expresiones.

Denis Wall, científico de datos biomédicos y especialista en pediatría de la Universidad de Stanford, creó junto a sus colegas el nuevo programa Google Glass con el objetivo de ofrecer a los niños con autismo terapia en el hogar para darle solución a esta parte de su condición.

Con respecto al funcionamiento del sistema, la cámara de las gafas registra los rostros de las personas en el campo visual del niño y las envía a la app móvil, que a su vez incluye cientos de miles de rostros, y está diseñada para reconocer expresiones de felicidad, enojo, tristeza, disgusto, sorpresa, desprecio, miedo y calma.

Una vez la app reconoce una emoción específica, envía estos datos al usuario de la Google Glass, mostrando un emoji en una pequeña pantalla ubicada en la esquina derecha de las gafas o simplemente indicándola por voz.

Wall y su equipo obtuvieron resultados alentadores en sus pruebas, sin embargo, ya están trabajando en nuevo experimento con 74 niños con autismo de 6 a 12 años de edad. En caso de que la terapia de Google Glass muestre buen rendimiento en futuros ensayos clínicos y su uso se autorice, podría ser una poderosa herramienta de aprendizaje para muchos niños autistas.