Muchas personas son incapaces de vivir sin comer carne frecuentemente; de hecho, existe una dieta netamente carnívora en la que las reglas son sencillas: se trata de comer sólo carne para gozar de beneficios, supuestamente ilimitadas.

Entre los defensores de la dieta carnívora, están Mikhaila Peterson, quien alega que gracias al consumo de carne se curó de artritis, y una ex cirujana ortopédica llamada Shawn Baker, quien opina que esta dieta le permitió curarse de la tendinitis, solo por nombrar algunos.

En síntesis, los seguidores de este régimen alimenticio aseguran que ahora tienen más energía y gozan de mejor salud, además de disfrutar de una mayor calidad de vida.

Sin embargo, su convicción carece de bases científicas; por ejemplo, la licencia médica de Baker fue revocada en 2017, por incompetencia para ejercer como licenciada, además que ninguno tiene calificaciones científicas o médicas reales que les permitan dar total veracidad a sus planteamientos.

Teniendo todo esto en cuenta, veamos qué hay detrás de la dieta carnívora.

¿Podemos vivir sólo de la carne?

Al consumir carne exclusivamente no obtenemos todos los nutrientes que necesitamos para vivir.

Para vivir, los seres humanos necesitamos de 13 vitaminas esenciales y, a pesar de que podemos obtenerlas al consumir una variedad de carnes, si renunciamos por completo a otros alimentos, estaríamos perdiendo nutrientes importantes.

Por ejemplo, el folato y las vitaminas C y E, se obtienen casi exclusivamente de vegetales, especialmente de hojas verdes y cítricos. Adicionalmente, si no consumimos suficiente vitamina E, el organismo no puede procesar la vitamina K, independientemente de las cantidades de pescado, hígado y carne con las que nos alimentemos.

En la misma línea, la carne no aporta fibra, lo que es de suma importancia para una dieta saludable, especialmente a nivel intestinal, puesto que, sin un microbioma diverso, puede verse afectada la digestión, el sistema inmunológico y el estado de ánimo.

Al respecto, los defensores de la dieta carnívora alegan que nuestros antepasados y otras culturas contemporáneas, como los Inuit, se alimentan casi exclusivamente de carne, lo que no les exime de gozar de un buen estado de salud.

Sin embargo, la dieta de los Inuit es saludable porque consumen una gran variedad de carnes, la mayoría de las cuales no están disponibles para las personas comunes. Además, las carnes que consumen suelen contener un 50% de grasa sana e insaturada.

Por su parte, las carnes que compramos en cualquier tienda contienen altas cantidades de grasas saturadas.

También, pudiese alegarse que la dieta carnívora puede complementarse con suplementos nutricionales; no obstante, ningún nutriente proveniente de algún suplemento es tan bueno como los que podemos obtener de una alimentación real y completa.

La dieta carnívora puede ser perjudicial

Lo más recomendable es llevar una dieta balanceada, incluyendo todos los grupos alimenticios.

De acuerdo a diversas investigaciones, el consumo excesivo de carnes rojas se relaciona con cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata, especialmente si son cocinadas a temperaturas superiores a los 300º Fahrenheit, pues se generan químicos cancerígenos, según la Organización Mundial de la Salud.

Adicionalmente, la carne puede alterar nuestro equilibrio entre el colesterol bueno y el malo, inclinando la balanza hacia el malo. Es decir, una dieta carnívora pudiese traducirse en altos niveles de colesterol malo, aumento de los triglicéridos y disminución de los niveles de colesterol bueno.

Quizás esto puede ser combatido al disminuir el consumo de carne roja, sustituyéndola por opciones más sanas, como las carnes de ave y pescado; no obstante, esto puede hacer que la dieta se convierta en algo monótono.

Como si no fuese suficiente, la dieta carnívora puede implicar una reducción importante en el consumo de calorías; en primer lugar, teniendo en cuenta que cualquier régimen de alimentación estricto implica un menor consumo de calorías.

En segundo lugar, las proteínas son alimentos saciantes, por lo que se requeriría un consumo de cantidades inferiores, restando las calorías que ingresan a nuestro organismo; esto puede ocasionar que sintamos menos energía.

Además, las dietas deben plantearse de forma sostenible puesto que, si no, ocurre un efecto rebote, en el que, tras perder cierta cantidad de peso de forma inadecuada, recuperamos una cantidad mayor.

Finalmente, los regímenes estrictos son difíciles de mantener de forma sostenible, por lo que los nutricionistas aconsejan que debemos comer de maneras que podamos mantener durante toda la vida.

No se trata de excluir la carne de nuestra dieta, pues todos los excesos son malos; sobre esto, los expertos concluyen que todas las dietas extremas implican problemas. Se trata de adquirir hábitos de consumo saludables, en los que prevalezca el equilibrio, de forma que tengamos la capacidad de obtener todos los nutrientes que necesitamos para vivir, aprovechando juiciosamente todos los recursos de la naturaleza.

Referencia: Nutrition and Health – The Association between Eating Behavior and Various Health Parameters: A Matched Sample Study. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0088278