Para nadie es un secreto que, en realidad, los colores como tal no existen; lo que percibimos son diferentes longitudes de onda de luz que se interpretan a nivel cerebral como su fuesen un color particular.

Ahora bien, no queda claro si el azul que alguien ve, es percibido por otra manera de la misma forma. En este sentido, vale preguntarse respecto al origen de las categorías en la que nos ajustamos de acuerdo a estas longitudes de onda que percibimos.

Casi todas las culturas tienen nombres para diferenciar los colores; sin embargo, la cantidad de colores a partir de los cuales se divide el espectro de luz es muy variable. En algunos lugares se tienen, apenas, dos o tres palabras para diferenciar los colores, mientras que en otras culturas se tienen miles de diferenciaciones de colores.

No obstante, debemos tener en cuenta que, para diferenciar claramente entre un color y otro, son necesarios pequeños trucos de la mente. Así, cuando queremos diferenciar entre el azul y el verde, deben establecerse límites dentro del espectro de luz.

Realmente, por definición, los espectros de luz no tienen límites, por lo que esta operación debe hacerse mentalmente; es decir, a pesar de que el azul y el verde se mezclan entre sí en el espectro de colores, de alguna forma hemos decidido que en un punto el color deja de ser azul y empieza a ser verde.

Esto no nos resulta tan obvio porque hemos lidiado con distinciones como esta desde el día de nuestro nacimiento.

Por su parte, teniendo en cuenta que para desarrollar estos límites arbitrarios en el espectro se requiere de la capacidad de pensamiento abstracto, surge la duda respecto a cómo los animales discriminan entre los colores.

Estas aves distinguen colores en función de categorías arbitrarias

Representación de la tarea que debían completar los pinzones. Créditos: Nature.

Los Pinzones cebra macho tienen picos de brillantes colores, pero no todos son idénticos. Sus colores se extienden a lo largo de un espectro que va desde el anaranjado hasta el rojo, lo que tiene que ver con sus capacidades de reproducción.

Entre más rojo sea el pico, en su organismo hay mas astazantina, una sustancia que se asocia a un sistema inmunológico saludable. Por lo tanto, a la hora de escoger pareja, son los machos de pico más rojo los que salen favorecidos, pues tienen mayores ventajas evolutivas.

Teniendo esto en cuenta, llama la atención el proceso a partir del cual estas aves pueden diferenciar entre estos colores; de hecho, parece que esta capacidad va un paso más allá: se cree que estas aves dividen esta gama de colores en dos categorías principales.

Específicamente, han desarrollado un límite en el espectro a partir del cual se distingue entre el naranja y el rojo, sin usar estas palabras, obviamente.

A fin de comprobar esto, un grupo de investigadores hizo que las aves se involucraran en un juego. En primer lugar, dividieron el espectro entre rojo y naranja en ocho gradaciones uniformes.

Posteriormente, crearon discos con estos colores, de los cuales, algunos eran sólidos, mientras que otros se dividían en dos colores diferentes. Así, estos discos fueron colocados en un tablero con agujeros.

A los discos de dos colores se les colocó alpiste debajo. Entonces, para encontrar el alpiste, las aves debían tener la capacidad de percibir que el disco tenía dos colores, lo que implicaba la habilidad de discriminar colores.

De esta manera, los investigadores observaron que estas aves tienen una especie de límite mental entre estos dos tonos, lo que representa una evidencia de que pueden agrupar colores similares en categorías discretas.

Entonces, es la primera vez que se logra probar que otros animales, además de los primates, pueden crear categorías de color arbitrarias.

A futuro, los investigadores se han propuesto investigar el origen de las categorías de color humanas, pues desean saber si provienen de nuestras culturas o son innatas. De lo que si no queda dudas es de las ventajas evolutivas que subyacen a la discriminación por colores.

Referencia: Categorical perception of colour signals in a songbird. https://www.doi.org/10.1038/d41586-018-05811-9