Diariamente muchas personas luchan por encontrar la felicidad. Al respecto, siguiendo los resultados de una investigación reciente, la forma en la que agendamos nuestras actividades puede influir sobre nuestra capacidad de ser felices.

En específico, se plantea que cuando planificamos nuestras actividades de ocio, en lugar de permitir que se den espontáneamente, la cantidad de disfrute es inferior.

Esto se debe a que solemos agrupar mentalmente todas nuestras tareas programadas en una misma categoría, lo que puede hacer que nuestras actividades placenteras terminen siendo una ardua tarea.

De acuerdo a Selin A. Malkoc, uno de los investigadores, al planificar nuestro tiempo libre, las actividades terminan convirtiéndose en parte de nuestras listas de tareas pendientes, en lugar de ser una fuente de satisfacción.

La felicidad se trata de permitir la espontaneidad

Debemos dejar de ser rígidos con nuestra planificación y abrirle paso a la espontaneidad.

Los investigadores plantean que constantemente programamos nuestro tiempo por temor a no poder cumplir con nuestras responsabilidades, lo que influye en la forma cómo se percibe y se consume el tiempo.

De esta manera, cuando planificamos meticulosamente nuestro tiempo libre, le restamos satisfacción. En este sentido, se propone que el afán por ser productivos termina haciendo que las personas se esfuercen para lograr que el tiempo de ocio sea productivo, lo que implica que hacemos más, pero disfrutamos menos.

Para investigar esto, reclutaron a 163 estudiantes universitarios, quienes recibieron un calendario hipotético de clases y otras actividades; a algunos se les solicitó que agendasen una salida a comer con algún amigo, con dos días de anticipación, y la agregaran a su calendario.

Al resto de los estudiantes se les solicitó que, cuando se encontraran a algún amigo, fuesen a compartir una merienda de forma espontánea. Posteriormente, todos fueron entrevistados respecto a su experiencia.

De esta manera se encontró que aquellos que planificaron con antelación la salida con sus amigos interpretaron la actividad como si fuese un trabajo más, lo que les restó satisfacción.

Esto no significa que debemos dejar las agendas a un lado y vivir sin planificación; sobre esto, los investigadores recomiendan hacer una programación aproximada, en la que se planifica alguna actividad, pero sin asignarle un momento específico, pues permite que los momentos de ocio mantengan la flexibilidad necesaria que garantiza su disfrute.

Esto fue comprobado luego de otro experimento en el que participaron 148 estudiantes universitarios, quienes aceptaron tomarse un descanso antes de un examen importante, para tomar café y comer galletas.

A la mitad de ellos se les asignó un horario específico para esto, mientras que a otros se les indicó que tenían un lapso de tiempo de dos horas para merendar.

Así, de acuerdo a los resultados, aquellos que recibieron un tiempo específico encontraron menos placentera la actividad que aquellos que podían hacerlo dentro de un período de tiempo más flexible.

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Finalmente, los investigadores recomiendan prestarle más atención a la calidad y el disfrute asociado a nuestras actividades de ocio que a la cantidad de ellas; por lo que debemos ser más selectivos con lo que hacemos y ser flexibles.

En conclusión, para encontrar la felicidad en lo que hacemos, debemos priorizar mejor y dejar de lado el miedo a perder el tiempo. A fin de cuentas, la felicidad se trata de estar satisfechos con lo que hacemos y no con la cantidad de tareas en las que nos involucramos.

Referencia: The Calendar Mindset: Scheduling Takes the Fun Out and Puts the Work In. https://doi.org/10.1509/jmr.14.0591

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