Una reciente investigación realizada por un científico de la Universidad de Búfalo en el estado de Nueva York, propone que las ballenas pueden usar sus canciones como una especie de sonar. Esta afirmación contrasta con la idea hasta ahora aceptada, de que las ballenas cantan para atraer a posibles parejas.

La suposición actual, que ha permanecido por décadas, sugiere que las ballenas cantan predominantemente para propósitos reproductivos, usando su canto como señales sexuales que proporcionan una manera para que las hembras encuentren machos de alta calidad, para que los machos atraigan hembras o para que los machos compitan con otros machos.

Pero para el investigador Eduardo Mercado III, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Búfalo y autor del estudio, la evidencia recopilada hasta el momento proporciona poco apoyo para la hipótesis de la publicidad sexual.

De acuerdo al investigador, los datos apuntan más a que es el emisor, no el receptor, quien realiza la mayor parte del análisis a través de la ecolocalización, sugiriendo que las ballenas cantan como una forma de explorar su mundo; en otras palabras, las ballenas usan su canto como un sonar.

Ya en 1978 se señaló que los ecos generados por las canciones de las ballenas podrían proporcionar a los emisores información sobre su distancia desde la superficie o su proximidad a los pináculos o otros bancos cercanos.

A pesar de que no es el primer investigador que sugiere la idea del biosonar, Mercado probablemente sea el primero en analizar la posibilidad de que las canciones se utilicen como un sonar, y basado en ese argumento desarrolló un modelo cuantitativo para evaluar cómo los cantos de las ballenas podrían funcionar como sonares.

El modelo se enfoca en describir lo que ocurre cada vez que una ballena hace un sonido, y específicamente en evaluar qué unidades se verían reflejadas por los objetivos de una ballena, y hasta qué punto los ecos generados por la canción podrían viajar antes de volverse indetectables.

En resumen, una ballena cantante genera un campo acústico anular en expansión cada vez que produce una unidad. El “anillo de la unidad” se extiende desde el cantante a unos 1500 metros por segundo (la velocidad del sonido en agua de mar).

Cuando este anillo golpea objetivos suficientemente reflectantes o resonantes, las réplicas distorsionadas y disminuidas de la unidad (ecos) se propagarán nuevamente al cantante.

Si el emisor de los cantos escucha los ecos, puede utilizarlos para determinar, inicialmente que uno o más objetivos generadores de eco están presentes; en función de cuánto tardaron en llegar los ecos, puede dilucidar la distancia a los objetivos detectados; y las direcciones aproximadas a los objetivos que producen los ecos.

El investigador afirma que si su hipótesis es válida, significa que las ballenas están haciendo algo mucho más complicado de lo que los humanos pueden, y añade: “Si entendiéramos cómo las ballenas logran esto, podría ayudarnos a comprender mejor cómo funcionan los cerebros en general.”

Referencia: The Sonar Model for Humpback Whale Song Revised. Frontiers in Psychology, 2018. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.01156

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