Muchas mujeres se quejan de que sus pantalones no tienen bolsillos, y, si los tienen, son muy pequeños o de adorno. Hay una gran falta de bolsillos en la industria de la moda femenina.

Por su parte, en la ropa masculina, los bolsillos tienen una figura omnipresente en chaquetas, pantalones y camisas; sin embargo, esto no se ha extendido a la moda femenina, a pesar del gran clamor de las mujeres por tener bolsillos funcionales.

Aún existen prejuicios en torno a mujeres que desempeñan cargos intelectualmente desafiantes

Esto no es al azar, si revisamos la historia, tal como haremos a continuación podremos ver de dónde sale esta simple y pequeña, pero insatisfactoria conveniencia.

Los bolsillos y el revolucionario cambio de moda

Los pomposos vestidos le permitían a las mujeres cargar sus pertenencias, pero al cambiar la moda, esto dejó de ser así.

Durante la Edad Media, tanto hombres como mujeres cargaban sus cosas esenciales en pequeños bolsos separados se su ropa, que ataban en su cinturón o eran llevados colgados en una cuerda.

Para mayor seguridad, se aseguraban de sujetar estos pequeños bolsos debajo de las capas externas de su vestimenta, que, frecuentemente, era diseñada con pequeñas ranuras que facilitaban el acceso.

Así, a finales del siglo XVII, a alguien se le ocurrió la brillante idea de coser estas pequeñas bolsas en la ropa, pero únicamente en la de los hombres. Esto se debe a que las grandes faldas que se usaban para ese momento, parecían perfectas para ocultar sus pertenencias, ya que el espacio les permitía guardar desde llaves hasta peines y demás artículos esenciales.

No obstante, a medida que la moda fue cambiando, los vestidos de las mujeres fueron adelgazando y perdiendo su pomposidad, hasta el punto que ya no había espacio para guardar las pertenencias.

Ese cambio en la moda adquirió más auge en el momento de la Revolución Francesa; en ese momento, a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, se eliminaron las voluminosas enaguas para emular la moda griega y romana clásica, disminuyendo significativamente las opciones de almacenamiento.

Entonces, las mujeres optaron por usar chatelaines, unos pequeños guindalejos que les permitían tener sus cosas a la mano, pero que estaban inquietantemente disponibles a la mirada indiscreta de cualquiera.

El objeto que cuelga en el vestido es un chatelaine, donde las mujeres tenían que cargar sus pertenencias

De hecho, se sugiere que este cambio coincide con los ideales revolucionarios característicos de la época, puesto que, si las mujeres eran incapaces de ocultar sus pertenencias, menos aún podrían organizarse para la liberación.

En torno a esto, no pasó mucho tiempo antes de que este problema con los bolsillos se asociase directamente con los movimientos políticos y sociales de la época. Sobre esto, un grupo llamado Rational Dress Society, hacía campañas durante el siglo XIX para que la moda femenina fuese más funcional y permitiese mayor movilidad.

Este grupo antecedió al Movimiento Sufragista, pero no pueden desligarse uno del otro; así, para el año de 1910 un reportero del New York Times que cubría un desfile de modas, se mostró maravillado ante el “traje sufragista”, puesto que tenía seis bolsillos, lo cual ocasionó un escándalo.

En síntesis, el cambio de la moda y la necesidad de evitar que las mujeres mantuviesen su privacidad o guardasen secretos que les condujeran a su liberación, son las razones por las cuales aún hoy, la vestimenta de las mujeres padece de una escasez de bolsillos.

Particularmente, en la actualidad, el tema de los bolsillos en la ropa femenina sigue siendo motivo de discusión, puesto que, su escasez relativa, en comparación con la cantidad de bolsillos que pueden encontrarse en las vestimentas masculinas, aún apunta hacia una industria de la moda bañada de sexismo.

Además, es bastante obvio que son las mismas personas las que deciden cuántos bolsillos se colocarán en la ropa femenina y las que venden los bolsos y las carteras de moda.

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De esta forma, vemos cómo hasta en aspectos que pueden pasar desapercibidos, aún es posible identificar algunos vestigios de creencias sexistas que perpetúan la desigualdad de género.

De lo que si no nos quedan dudas, es que si alguna modista decide colocar más bolsillos en la ropa femenina, seguramente encontrará una gran base de seguidoras y admiradoras.

Referencia: Women’s Pockets and the Construction of Privacy in the Long Eighteenth Century. https://doi.org/10.3138/ecf.20.3.307

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