Los colores no existen como tal en la realidad; la verdad es que nuestra visión de los colores se basa en nuestra capacidad de distinguir distintas longitudes de onda de radiación electromagnética.

En este sentido, la visión del color se basa en un proceso de percepción a nivel cerebral en el que se trata diferencialmente la luz con diferentes longitudes de onda como si fuesen estímulos visuales distintos.

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Nuestros fotorreceptores visuales son insensibles al color, pues reaccionan es a la presencia o ausencia de luz, en independencia de las longitudes de onda específicas. Entonces, es posible afirmar que los colores no son reales, sino que son sintetizados a nivel cerebral de acuerdo a la longitud de onda de la luz.

Este proceso de detección de las longitudes de onda a partir de distintos mecanismos independientes entre sí, nos permiten percibir la realidad con una alta resolución adicional de la que carecen algunos animales.

Por ejemplo, los animales que solo ven en blanco y negro, son incapaces de distinguir entre manzanas verdes y rojas, por lo que antes de probarlas no podrá diferenciar la una de la otra.

De hecho los expertos en evolución humana creen que nuestros ancestros desarrollaron esta capacidad para facilitar la identificación de frutas maduras, lo que se corresponde con una gran ventaja evolutiva.

Ahora bien, las razones por las cuales ciertas longitudes de onda se combinan formando ciertos colores aún se desconoce; técnicamente los colores son ilusiones creadas por nuestro cerebro.

Por tanto, aún no está claro si otros animales perciben los colores de la misma manera que lo hacen los seres humanos; lo que sí está claro es que la visión del color es común en el reino animal.

¿Cómo es que distinguimos entre los colores?

La capacidad de percibir los colores difere en atención a los fotorreceptores que posee la especie

En líneas generales, la visión del color de los humanos se basa en tres fotorreceptores que permiten la detección del rojo, el verde y el azul.

No obstante, cada fotorreceptor puede absorber un rango bastante amplio de longitudes de onda de la luz, por lo que estos 3 fotorreceptores no limitan nuestra capacidad de identificar otros colores distintos a los mencionados.

Así, para la distinción de colores específicos, a nivel cerebral se comparan y analizan cuantitativamente, con bastante precisión, los datos recibidos de estos 3 fotorreceptores.

En torno a esto, se ha observado en distintas investigaciones que el ojo humano puede diferenciar colores que se corresponden a diferencias de longitud de onda de tan sólo un nanómetro.

Esto funciona así para la mayoría de los animales vertebrados que comparten nuestra capacidad de percibir el color; sin embargo, hay animales que poseen mecanismos más sofisticados, con más fotorreceptores especializados a regiones más estrechas del espectro de luz.

Por lo tanto, al tener más fotorreceptores sensibles a regiones específicas del espectro de luz, pudiesen ver de forma tan diferenciada diferentes tonos de verde como nosotros percibimos las diferencias entre el rojo y el azul.

Las ventajas evolutivas son obvias si nos damos cuenta que la mayoría de los animales con una capacidad tan sofisticada como esa, suelen vivir en árboles y pastos en los que resulta de gran importancia la distinción entre distintos tonos de verde.

Incluso, hay animales que puede percibir colores imposibles de detectar para los seres humanos. Por ejemplo, hay aves e insectos que ven los rayos ultravioletas, mientras que otros, como las serpientes, pueden detectar la luz infrarroja.

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En síntesis, los seres humanos solo podemos ver y analizar apenas una pequeña porción de la información visual disponible, ya que es lo que nos permiten los fotorreceptores que caracterizan nuestro sistema visual.

Posteriormente, esta información derivada de los fotorreceptores es analizada y comparada en atención a las longitudes de onda del espectro de luz recibido para que se complete la percepción de ciertos colores en específico, lo que requiere de tiempo y energía.

Referencia: “Brain‐reading” of perceived colors reveals a feature mixing mechanism underlying perceptual filling‐in in cortical area V1. https://doi.org/10.1002/hbm.20946

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