Si hay algo con lo que lucha férreamente la humanidad es con la adquisición de hábitos saludables o la eliminación de hábitos dañinos. Desde cepillarse los dientes diariamente, hasta consumir cantidades razonables de cafeína, todos tenemos hábitos en nuestras rutinas cotidianas.

Algunos hábitos son saludables, tal como hacer ejercicio y alimentarse saludablemente, mientras que otros, como fumar, son marcadamente dañinos para la salud.

Teniendo en cuenta las consecuencias que pueden tener los hábitos con respecto a nuestra salud, las personas suelen esforzarse para ajustarlos en favor de su bienestar.

Al respecto, podemos encontrar mucha información para modificar nuestros hábitos, lo que gira en torno a la idea de que para lograr este objetivo, lo que necesitamos es ser constantes por 21 días.

Esta idea parte de la premisa de un libro publicado en 1960 llamado “Psycho-Cybernetics”, escrito por Maxwell Maltz, un cirujano plástico que se dio cuenta de que sus pacientes tardaban esta cantidad de tiempo en acostumbrarse a los cambios en su cara luego de la intervención quirúrgica.

No obstante, de acuerdo a investigaciones más recientes, el tiempo que se tarda modificar un hábito no es tan claro. Para estudiar esto, un equipo de científicos del Colegio Universitario del Londres, evaluaron la formación de nuevos hábitos en 96 personas durante un lapso de 12 semanas.

Al hacerlo, descubrieron que, en promedio, el tiempo que tardan las personas en adquirir un nuevo hábito es de 66 días, con una variación temporal de entre 18 a 254 días.

Lo cierto es que, si se quiere adquirir un nuevo repertorio conductual, es necesario ser pacientes por al menos dos meses, en lugar de desesperarse si luego de tres semanas no se observan cambios significativos, puesto que, para la mayor parte de las personas, este tiempo no es suficiente.

Por su parte, con respecto a la eliminación de un hábito no saludable, es necesario tener en cuenta que la adquisición y la eliminación de hábitos son procesos estrechamente relacionados.

De acuerdo al Psicólogo Timothy Pychyl, romper hábitos implica adquirir otros, puesto que resulta más sencillo para las personas comenzar a hacer algo nuevo que dejar de hacer algo habitual si no se tienen comportamientos alternativos que le reemplacen.

Por esto, cuando las personas desean dejar de fumar, resultan más eficientes los chicles de nicotina o los inhaladores que los parches de nicotina.

En este sentido, los expertos aseguran que no existen marcos temporales típicos cuando se habla de modificar los hábitos, puesto que se conjugan factores relacionados a la personalidad, la motivación, el ambiente y el comportamiento particular.

Adicionalmente, se plantea que los hábitos pueden cambiar con mayor facilidad ante dos circunstancias. En primer lugar, si el cambio se alinea con los valores personales, es más probable que se logre con mayor rapidez, a diferencia de situaciones en las que las presiones son externas.

En segundo lugar, los hábitos pueden romperse rápidamente cuando se traducen en consecuencias inmediatas y aversivas, como cuando las personas se sienten extremadamente enfermas luego de inhalar el humo de cigarrillo.

No obstante, en la mayoría de los casos se requiere de tiempo y paciencia, pues, normalmente, el cambio demora unos dos meses.

Finalmente, los expertos recomiendan que si lo que se desea es cambiar los hábitos, lo mejor es encontrar una motivación fuerte y desarrollar comportamientos de reemplazo positivos, teniendo en cuenta que, en la medida en la que el comportamiento ha estado en el repertorio conductual por más tiempo, se requiere un mayor esfuerzo para modificarlo.

La buena noticia es que las personas suelen encontrar la motivación necesaria para llevar a cabo los cambios y tiene la capacidad de ser constantes hasta lograrlos, solo se requiere de paciencia, autocontrol y fuerza de voluntad.

Referencia: How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. https://doi.org/10.1002/ejsp.674