Siguiendo los resultados obtenidos tras una investigación a gran escala, los recuerdos durante la infancia de aproximadamente el 40% de las personas, son falsos. No se trata de confusiones o de olvidos selectivos, sino que son recuerdos de situaciones que realmente no ocurrieron.

Para llegar a esta conclusión, fueron encuestadas 6.641 personas en torno a los recuerdos que tenían sobre su infancia, además de la edad que ellos creen que tenían cuando sucedieron.

De esta manera, los investigadores encontraron que el 38,6% de los participantes, representados por 2.487 personas reportaban recuerdos anteriores a los dos años de edad. Asimismo, de esas personas 893 individuos manifestaron tener recuerdos de cuando tenían menos de un año de edad.

La verdad es que la mayoría de las personas no tiene recuerdos verbalmente accesibles reales sobre eventos ocurridos antes de los 3 y 3 años y medio de edad, puesto que el cerebro humano, para ese momento, no tiene la capacidad de retener ese tipo de información.

La memoria es una capacidad cognitiva sujeta a muchos errores, lo que se traduce en que el testimonio de personas para resolver crímenes, resulta una estrategia arriesgada.

Particularmente, antes de los 5 o 6 años de edad, no tenemos la capacidad de formar recuerdos tales como los adultos, puesto que no tenemos una comprensión madura del mundo y aun no se han formado por completo las estructuras cerebrales encargadas de este complejo sistema de memoria.

No obstante, los investigadores deseaban saber las razones por las cuales las personas suelen afirmar que tienen recuerdos anteriores al momento en el que realmente pudiesen ser almacenados.

Como parte de la investigación, se le solicitó a los participantes que describiesen sus recuerdos, a partir de lo que se hizo un análisis del lenguaje empleado, el contenido del recuerdo, la naturaleza de la memoria descrita y la edad que la persona reportaba tener.

En este sentido, se descubrió que en la medida en la que las personas tienen una mayor edad, aumentan las probabilidades de que reporten recuerdos tempranos de su infancia.

En la misma línea se observó que estos supuestos recuerdos eran apropiados para la edad que informaban, lo que indica que no se trata de una confusión de la memoria; en otras palabras, estos recuerdos giran en torno a cunas, pañales, caminar por primera vez o incluso querer comunicarse antes de saber cómo hablar.

En atención a los resultados, los investigadores sugieren que estos recuerdos no nacen del vacío, sino que son el resultado de la combinación de información obtenida a partir de fotografías junto al conocimiento de lo que implica una infancia normal, además de las historias contadas por otros familiares.

Al respecto, la Psicóloga Shazia Akhtar, de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, plantea:

“Sugerimos que lo que las personas tienen en mente cuando rememoran recuerdos infantiles improbables, son representaciones mentales similares a la memoria episódica, que consiste en fragmentos recordados de experiencias tempranas y algunos hechos o conocimientos sobre su propia infancia”.

En cuanto a las razones que explican este fenómeno, los expertos aluden a la necesidad humana de completar la narración de su historia de vida; así mismo, exponen que cuando esta narrativa es positiva y consistente, promueve una autoimagen positiva, además de mejor calidad de vida.

Por lo tanto, parece que llenar, de forma inconsciente, la brecha de recuerdos durante nuestros primeros años de vida, parece favorecer el desarrollo de una imagen personal que favorece el bienestar en los individuos.

Referencia: Fictional First Memories, (2018). https://doi.org/10.1177/0956797618778831

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