Un grupo de líderes y expertos de la industria tecnológica, incluidos Elon Musk y los cofundadores de DeepMind, la startup de Inteligencia Artificial (IA) de Google, firmaron un documento donde se comprometen a no desarrollar armas letales autónomas, también conocidas como ‘robots asesinos’.

Musk ha sido polémico en sus declaraciones previas acerca de este tema, asegurando incluso que la humanidad tendría pocas probabilidades de sobrevivir en caso de que se logre desarrollar una IA ‘segura’. De hecho, Musk considera que en caso de un combate armado contra robots con IA, los humanos tenemos todas las de perder.

Este compromiso forma parte de una coalición ‘no oficial’ y mundial de expertos y ejecutivos que se oponen al desarrollo de esta tecnología. Titulado ‘Compromiso de Armas Autónomas Letales’ , la promesa advierte que los sistemas de armas impulsados por IA para atacar objetivos sin intervención humana plantean numerosas amenazas desde el punto de vista ético y pragmático.

El principal argumento de los expertos es que la decisión de eliminar una vida humana nunca debería delegarse a una máquina, y que difundir este tipo de armamento atentaría contra la estabilidad de cada país e individuo. Este compromiso se publicó el día de hoy en la Conferencia Internacional Conjunta sobre Inteligencia Artificial (IJCAI), llevada a cabo en Estocolmo en 2018, y fue organizado por el instituto de investigación Future of Life Institute.

De hecho, anteriormente vimos cómo este instituto ha enviado cartas a la Organización de Naciones Unidas para que consideren nuevas regulaciones ante las armas letales autónomas. Sin embargo, esta es la primera vez que los involucrados se han comprometido individualmente a no desarrollar dicha tecnología.

Hasta ahora, los intentos por conseguir una regulación para los robots asesinos han sido infructuosos, y los expertos han sugerido que las mismas leyes que se aplican a las armas químicas y las minas terrestres. Por ahora, los países más involucrados en el desarrollo de estas armas son EE.UU y China, y hasta ahora no tienen un incentivo real para dejar de hacerlo.