El cáncer es una enfermedad que proviene de células que mutan continuamente, haciendo copias de sí mismas dentro de los individuos. Cuando una persona tiene cáncer, las células contienen un ADN específico, por lo que al morir, el cáncer morirá con el portador.

Así, en circunstancias normales, el cáncer no se transfiere a otras personas y, a menos que los investigadores hagan un esfuerzo para preservar las células, cuando muere el paciente, el cáncer también morirá.

No obstante, de acuerdo a Elizabeth Murchison, quien dirige el Transmissible Cancer Group, plantea que el cáncer transmisible encontrado en perros logra engañar la muerte pues, en lugar de desaparecer de su anfitrión original, logra sobrevivir y tomar vida propia.

En este sentido, de acuerdo a la investigadora, estas células cancerígenas no comparten el mismo código genético de sus portadores, sino que tienen un ADN particular que da origen a la enfermedad contagiosa.

Este cáncer en particular, no es desencadenado por un virus, como el virus del papiloma humano produce cáncer de cuello uterino en las mujeres. En su lugar los tumores venéreos transmisibles caninos, se propagan entre perros mediante la transferencia de células cancerosas.

A su vez, el sistema inmunitario de los perros ignora las células extrañas, en lugar de rechazar el tumor invasor. Esta investigación fue llevada a cabo por Máire Ní Leathlobhair, quien tiene un mapa donde rastrea los casos de esta enfermedad en perros.

De acuerdo a su estudio, Ní Leathlobhair planta que el origen de este cáncer contagioso data de un cachorro antiguo que vivió hace miles de años, por lo que este fragmento de ADN canino ha pasado de generación en generación, lo que se traduce en millones de mutaciones adicionales.

Así, desde 1810, numerosos científicos han estudiado este tipo de cáncer contagioso en perros, demostrando que, incluso, los tumores pueden transmitirse a otras especies como zorros, coyotes y chacales.

Sin embargo, en la actualidad, la investigación en torno a este tema se ha dejado de lado; no obstante, se ha rastreado la enfermedad en 90 países de todos los continentes, siendo más común en Rumania, México e India.

Lamentablemente, también se ha observado una enfermedad similar en otros animales. Por ejemplo, los demonios de Tasmania pueden padecer de tumores desfigurantes que van cubriendo su rostro hasta matarlos de forma grotesca y dolorosa.

Un tipo de cáncer contagioso ha disminuido significativamente la población de Demonios de Tasmania.

De hecho, en estos animales la situación es aún más complicada, pues desde 1990 cuando se empezó a notar la enfermedad en estos marsupiales, el cáncer ha matado a más del 95% de su población.

Por su parte, el cáncer contagioso también se ha identificado en especies del mar, pues, a partir de una investigación en el 2015, se descubrió que algo estaba infectando a las almejas de caparazón blando, causando muertes masivas. Al analizar la situación, se descubrió que las almejas padecían de un tipo de cáncer contagioso que hacía que su sangre se obstruyese hasta causar la muerte del animal.

En atención a esto, los expertos aseguran que el cáncer transmisible ilustra la compleja relación entre la enfermedad y su portador. Así, se ha observado que estas células específicas, en lugar de engañar al huésped, escapan de forma inusual de su sistema inmunitario.

Por tanto, los investigadores tienen la esperanza de que esto genere conocimientos en torno al funcionamiento del cáncer,  lo que puede traducirse en el desarrollo de nuevos tratamientos; sin embargo, hace falta más investigación.

Referencias:

  1. Contagious cancer: Lessons from the devil and the dog. https://doi.org/10.1002/bies.201100161
  2. Reversible epigenetic down-regulation of MHC molecules by devil facial tumour disease illustrates immune escape by a contagious cancer. https://doi.org/10.1073/pnas.1219920110

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