Existe una leyenda que nos indica que no debemos nadar después de comer, la cual ha sido desmontada en muchas oportunidades a partir de investigaciones científicas. El otro lado de la moneda de esta leyenda gira en torno a la intensa sensación de hambre que sentimos luego de nadar.

Esto le ocurre a todo el mundo, luego de haber estado nadando un rato, solemos experimentar un aumento de apetito, veamos las causas científicas de esto, además de los beneficios que puede implicar cuando este ejercicio se lleva a cabo consistentemente.

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Nadar en agua fría aumenta el apetito

La natación es uno de los ejercicios más amigables para nuestro cuerpo.

Se cree que nadar es uno de los ejercicios que genera una mayor pérdida calórica, lo que pudiese explicar el hambre que sentimos luego de practicar natación.

Sin embargo, esto no es tan cierto; de acuerdo a una investigación publicada por Harvard Health Publications, la natación, correr a una velocidad de 9 minutos por milla y andar en bicicleta a 15 millas por hora, son ejercicios que queman la misma cantidad de calorías.

No obstante, a partir de una investigación realizada en la Universidad de Florida, se sugiere que el hambre aumenta luego de nadar en función de la temperatura del agua.

Específicamente, se encontró que las personas que nadaron en agua fría comieron un 44% más de calorías que los que hicieron lo mismo en agua tibia. En otras palabras, el aumento de apetito luego de nadar puede explicarse en atención a la temperatura a la que nos exponemos cuando estamos en el agua.

La investigación en cuestión fue encabezada por Rudolph H. Dressendorfer, quien explica que la sensación de frío contrae los vasos sanguíneos, lo que previene la liberación de hormonas que inhiben el hambre, tal como lo que ocurre con los animales cuando hibernan.

También, otros estudios han demostrado que los nadadores habituales tienen mayores niveles de grasa corporal que otros deportistas, como los corredores.

Esto no implica que los nadadores sean negligentes con su alimentación, ya que hay otros factores que influyen en esto. Así, se plantea que al nadar, la grasa corporal puede traducirse en ciertas ventajas.

Una mayor cantidad de grasa corporal le permite a los nadadores moverse con mayor suavidad, lo que se traduce en una menor resistencia al desplazarse en el agua. Asimismo, la grasa también es menos densa que la masa muscular, lo que le da más flotabilidad a los nadadores, ayudándoles a mantenerse a flote.

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Finalmente, los expertos concluyen que nadar es uno de los ejercicios aeróbicos más efectivos para las personas que tienen sobrepeso y están acostumbradas a un estilo de vida sedentario, pues es una actividad física de bajo impacto, ya que los movimientos en el agua son más fáciles para las articulaciones que cuando se corre.

Lo importante, según los investigadores, es ejercitarse, para lo que se recomienda un ejercicio que se ajuste a las necesidades, preferencias y capacidades de cada quien; así, teniendo en cuenta las ventajas de nadar, se corresponde con una actividad física ideal para personas con distintas características.

Referencias:

The Acute Effects of Swimming on Appetite, Food Intake, and Plasma Acylated Ghrelin. https://doi.org/10.1155/2011/351628

The influence of environmental temperature on appetite-related hormonal responses. https://doi.org/10.1186/s40101-015-0059-1

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