Se dice que algunas de nuestras expresiones faciales son formas de expresar emociones comunes a todas las personas en independencia de su cultura; se supone que las sonrisas son indicadores de felicidad, los ceños fruncidos señales de tristeza entre otras.

De hecho, se plantea que los significados emocionales asociados a las emociones están programados en el cerebro. No obstante, esto no es totalmente cierto, pues podría decirse que las expresiones faciales pueden ser independientes a las emociones.

La supuesta universalidad de las expresiones faciales

Paul Ekman es un autor clásico en lo que a emociones y expresiones faciales respecta.

La idea de que nuestras emociones y nuestras expresiones faciales están relacionadas de forma estrecha y directa parece muy cierta, sobre lo que se basan muchas investigaciones. Esto se deriva de los estudios de Paul Ekman en la década de los setenta.

Ekman se dedicó al estudio de este tema en culturas diversas y aisladas entre sí, tales como Papua Nueva Guinea, bajo la premisa de que las personas de estas regiones remotas no habían tenido ninguna exposición a costumbres occidentales.

Por tanto, les solicitó que expresaran facialmente ciertas situaciones, tales como estar inmersos en una pelea, atravesarse el cadáver de un cerdo, encontrarse con un amigo y afrontar la muerte de un hijo.

De esta forma encontró similitudes entre las diversas culturas, pues observó que, para los participantes, en independencia de su origen, estas situaciones pudiesen estar asociadas a la ira, asco, felicidad y tristeza, según corresponde.

De ahí parte la idea de que todos nacemos programados para mostrar expresiones faciales que se asocian a emociones determinadas. Rápidamente, estos trabajos se aceptaron universalmente, pudiendo encontrar sus derivaciones en interacciones con niños del jardín de infantes hasta programas de identificación de terroristas.

No obstante, han empezado a ponerse en tela de duda sus planteamientos. Por ejemplo, Carlos Crivelli, un Psicólogo, decidió desafiar la teoría de las emociones universales al estudiar las mismas culturas que Ekman había visitado en el pasado.

La diferencia es que Crivelli, junto a Sergio Jarillo se insertaron en estas comunidades, aprendieron su idioma, interactuaron con las familias del grupo social y se hicieron parte del clan.

Si bien los grupos sociales que fueron objeto de estudio no fueron exactamente los mismos entre ambas investigaciones, Crivelli y Jarillo lograron resultados bastante reveladores.

Así, teniendo en cuenta que no necesitaban de un tercero que los conectara con las personas de las comunidades, tuvieron la oportunidad de evaluar a las personas de forma más directa, haciendo de la comunicación un proceso más eficiente.

Entonces, cuando les solicitaron a las personas que identificasen ciertas emociones en función de las expresiones faciales típicamente occidentales, se encontraron datos bastante interesantes.

En general, las sonrisas se asociaban a la felicidad, sin embargo, los nativos no lograban ponerse de acuerdo sobre el significado de una nariz arrugada, popularmente relacionada a la emoción de disgusto.

Lo más sorprendente fue que los investigadores descubrieron que las expresiones jadeantes, que en Occidente asociaríamos con miedo, eran interpretadas por esta comunidad como un indicador de agresión o ira.

La verdad sobre la relación entre las emociones y los gestos

Para identificar las emociones y comprender las expresiones faciales, es necesario tener en cuenta el contexto.

Al hablar sobre los resultados, un Profesor de Psicología que participó de la investigación, llamado Alan Fridlund, manifestó que el rostro actúa como una señal que da información sobre lo que está ocurriendo, teniendo influencia sobre ello.

Es decir, de acuerdo al experto, las expresiones faciales son mecanismos a partir de los cuales tratamos de dirigir interacciones sociales de forma inconsciente.

Al respecto, un estudio llevado a cabo en 2017 respalda sus planteamientos, pues en este se concluye que no todas las personas expresan sus emociones reales con sus rostros, pues los humanos suelen ser cautelosos para mostrar sus vidas internas, además de tener la capacidad de manipular las expresiones faciales a conveniencia.

Esto no quiere decir que no debemos fiarnos en lo absoluto de las expresiones faciales, sino que existe apenas una universalidad mínima respecto a la asociación entre las emociones y los gestos del rostro.

De hecho, siguiendo a los autores, el rostro tiene una capacidad limitada de mostrar expresiones faciales, por lo que no sorprende que los mismos gestos puedan repetirse en culturas no relacionadas. No obstante, los significados reales de las expresiones faciales pudiesen cambiar de acuerdo al contexto.

En este sentido, plantean que este fue el error de Ekman, quien, en lugar de solicitarle a sus participantes que mostrasen una cara enojada, les invitó a mostrar una expresión facial similar a cuando comienzan una pelea; en otras palabras, describió el contexto asociado a la expresión, en lugar de las emociones.

Por tanto, se concluye que para identificar de forma más precisa el significado de las expresiones faciales, es necesario caracterizar las situaciones sociales en las que se manifiestan estos gestos; entonces, para entender las emociones y relacionarlas a las expresiones faciales, se hace necesario identificar el contexto en el que se manifiestan.

Referencia: Recognizing spontaneous facial expressions of emotion in a small-scale society of Papua New Guinea. https://doi.org/10.1037/emo0000236