De acuerdo a los resultados de una investigación llevada a cabo por un equipo de científicos del Instituto de Investigación Polar y Marina Alfred Wegner, el descongelamiento de los glaciares en uno de los polos del planeta puede desencadenar el mismo fenómeno en los glaciares del otro polo.

En este sentido, al investigar microalgas marinas depositadas en los depósitos glaciares y emplear esta información para desarrollar simulaciones climáticas, se sugieres que el calentamiento del océano puede traducirse en una gran pérdida de hielo polar, lo que implica un importante aumento en el nivel del mar.

En la misma línea, los científicos han documentado que los cambios en las corrientes en una cuenca oceánica pueden desencadenar grandes cambios inesperados en cuencas distantes, incluso en el lado opuesto del planeta.

Existen varias evidencias que sustentan dicha afirmación; en primer lugar, luego de un muestreo de sedimentos durante una expedición en el barco alemán Sonne, a 600 kilómetros de la costa de Alaska, se encontraron capas de sedimentos glaciales, además de piedras de adoquín, cuyo origen se remonta a superficies continentales distantes.

La única explicación posible a este fenómeno gira en torno a que las rocas deben haber sido transportadas mientras se encontraban atrapadas dentro de icebergs, en el Océano Pacífico Norte, cuando las costas norteamericanas estaban cubiertas por hielo.

Así mismo, al estudiar los sedimentos, se confirmó este planteamiento, pues se observó que estas piedras se habían depositado allí hace unos 16.000 y 38.000 años atrás, durante la última era glacial, lo que les hace suponer que hubo dos grandes eventos de fusión en el Pacifico Norte.

A fin de poner a prueba esto, se emplearon diatomeas para determinar la disminución de la salinidad de las aguas oceánicas superficiales.

Entonces, al realizar un análisis de los isótopos de oxigeno en los restos de las partes silíceas de las diatomeas preservadas en los sedimentos, los investigadores, encabezados por Edith Maier, identificaron los momentos en los cuales la salinidad de la superficie se vio afectada en mayor medida por la fusión de hielo. Sobre esto, Maier expone:

“Nuestros análisis mostraron que hubo grandes afluencias de agua dulce en el arte al Sur de Alaska hace unos 16.000 y 38.500 años aproximadamente”.

Esto concuerda con estudios previos en los que se ha demostrado que la fusión de aguas se traduce en importantes disminuciones de la salinidad, lo que le hizo pensar a los investigadores que los deshielos en el Atlántico Norte y en el Pacífico Norte, estaban relacionados entre sí.

En atención a esta idea, hicieron equipo con modeladores climáticos de la referida institución, dirigidos por Gerrit Lohmann. Los resultados fueron sorprendentes: si se tienen en cuenta los isótopos de oxigeno, los modelos demuestran con claridad que se produce el fenómeno.

Adicionalmente, se demostró que los pulsos de agua de deshielo en el Atlántico producen cambios en el Pacífico, lo que no ocurre al revés. Esto significa, en palabras de la investigadora:

“Nuestros hallazgos también son relevantes para el futuro, pues se destaca que los efectos de clima en un lado de la Tierra pueden tener un impacto importante y significativo en las regiones del lado opuesto del planeta”.

Finalmente, a partir del Instituto de Investigación, se está explorando como los fenómenos que involucran la entrada de agua cada vez mas cálida están afectando la estabilidad de la capa de hielo Antártica, pues se acumulan las evidencias respecto a que el calentamiento oceánico está poniendo en peligro esta superficie.

Referencia: Pacific freshwater events linked to changes in glacial ocean circulation,  (2018). http://dx.doi.org/10.1038/s41586-018-0276-y 

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