De acuerdo con una reciente investigación, la exposición al frío antes de la concepción hace que la descendencia resultante tenga más tejido adiposo marrón, que ofrece protección contra el exceso de peso y los trastornos metabólicos. La investigación realizada en ratones ha descubierto que esta información es transmitida por la esperma, y ​​existe una correlación similar en los humanos.

Cualquiera persona con mucho tejido adiposo marrón, o grasa marrón, puede considerarse afortunada: este tejido ayuda a utilizar el exceso de energía. Cuanta más grasa marrón tenga alguien y más activa sea, menor será su riesgo de tener sobrepeso o desarrollar trastornos metabólicos.

El estudio enfocado en determinar si la temperatura ambiente afecta la expresión génica de las crías, mantuvo a un grupo de ratones a una confortable temperatura de 23 ° C (73.4 ° F), mientras que otro grupo vivió a una temperatura mucho más fría de 8 ° C (46.4 ° F). Después de unos días a esas temperaturas, se permitió que los animales se aparearan y las crías resultantes fueron examinadas para detectar cualquier cambio.

Los investigadores encontraron que la descendencia de ratones machos mantenidos en temperaturas más frías antes de la concepción tenían niveles más altos de grasa marrón, en comparación con la descendencia cuyos padres habían vivido más cómodamente.

Cuando los ratones jóvenes fueron alimentados con una dieta alta en grasas, aquellos cuyos padres estuvieron expuestos a temperaturas más bajas ganaron menos peso que el grupo de control.

Usando fertilización in vitro y estudios sobre esperma, los investigadores finalmente pudieron demostrar que la información sobre la temperatura ambiente a la que se encontraba el padre, se transmite a su descendencia a través de la programación epigenética de su esperma. Esto se refiere a los cambios realizados en el patrón particular de marcas químicas (metilaciones) en el ADN.

Se sabe desde hace varios años que ciertos factores ambientales pueden modificar el patrón epigenético de los espermatozoides. Lo que los científicos ahora han demostrado por primera vez es que la temperatura ambiente también puede conducir a cambios epigenéticos.

Por ser un estudio con ratones, es difícil saber cómo esto podría traducirse en humanos; pero el hallazgo parece correlacionarse con otras observaciones. Los investigadores analizaron imágenes de tomografía computarizada de 8.400 pacientes y encontraron que, en general, las personas concebidas en la mitad más fría del año tienen más grasa parda que los concebidos en épocas más cálidas.

Los investigadores señalan que los resultados observados no significan que las parejas que intentan tener hijos deberían ser aconsejadas para que el hombre se vaya a nadar en un lago frío o incluso juegue en la nieve antes de tener relaciones.

Al respecto, el profesor Christian Wolfrum, autor principal del estudio, manifestó:

“Antes de que podamos dar ese tipo de consejo, tenemos que estudiar mejor la correlación observada en las personas, pero es probable que la exposición al frío necesite persistir durante un período más largo para que tenga un efecto sobre la programación epigenética. Zambullirse en agua fría o pasar un rato tumbado en un bloque de hielo probablemente no sea suficiente.”

Los científicos ahora están planificando un estudio que compare la programación epigenética del esperma humano en verano e invierno.

Referencia: Cold-induced epigenetic programming of the sperm enhances brown adipose tissue activity in the offspring. Nature Medicine, 2018. https://doi.org/10.1038/s41591-018-0102-y