Se trata de una estrategia que tiene millones de años: manipular a otros seres vivos para garantizar la supervivencia de su propia especie. Investigadores muestran cómo los parásitos controlan el comportamiento de sus anfitriones alterando sus hábitos, protegiendo a la descendencia del parásito o incluso provocando su suicidio.

Si bien el control mental puede sonar como algo salido de una película de ciencia ficción, el fenómeno es muy real y ha engendrado la neuroparasitología, una rama emergente de la ciencia que se ocupa de estudiar cómo los parásitos que pueden controlar el sistema nervioso del huésped.

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Este campo de investigación ofrece la posibilidad de descubrir cómo una especie (el parásito) modifica una red neuronal particular, y por lo tanto comportamientos particulares, de otra especie (el huésped).

Los investigadores afirman que comprender cómo los parásitos “piratean” el sistema nervioso de su anfitrión para lograr un objetivo en particular, podría proporcionar nuevos conocimientos sobre cómo los animales controlan su propio comportamiento y toman decisiones.

Un método es afectar la forma en que un insecto navega. Una vez que las esporas del parásito ingresan en la hormiga, comienzan a germinar e invadir su cuerpo a través de la tráquea y el sistema respiratorio. El hongo luego forma células filamentosas y se alimenta de los órganos de su huésped, pero sólo de aquellos que no son inmediatamente vitales.

Finalmente, forma sustancias químicas que alteran el comportamiento de la hormiga, haciéndola trepar a la parte superior de una planta, donde se adhiere o muerde a una hoja. Cuando el hongo está listo para formar nuevas esporas, llega el fin: el parásito come el cerebro de la hormiga matándola, lo que inevitablemente produce la caída del insecto, en cuya parte superior se ha formado el cuerpo fructífero del parásito, produciendo una “lluvia” de innumerables nuevas esporas, que aterrizan en nuevas hormigas y el espeluznante ciclo comienza de nuevo.

De manera similar, un gusano parásito provoca que los grillos infectados busquen agua y se introduzcan en ella donde se ahogan. El suicidio del grillo permite a los gusanos entrar en un ambiente acuático propicio para su reproducción.

En otro tipo de interacción, llamada “manipulación de guardaespaldas”, el parásito obliga al insecto infectado a proteger a sus crías. Uno de esos parásitos es una avispa, que inyecta sus huevos en una oruga al picarla. Dentro de la oruga viva, los huevos se convierten en larvas, que se alimentan de la sangre de la oruga. Eventualmente, hasta 80 larvas emergen del cuerpo de la oruga antes de formar capullos para completar su crecimiento en avispas adultas.

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Estos ejemplos brindan información sobre la muy antigua y altamente específica relación entre parásitos y huéspedes. Pero, cómo exactamente estos parásitos afectan el comportamiento de su anfitrión y cuáles son los mecanismos implicados, son preguntas sin respuestas.

Sin embargo, se sabe que muchos de estos parásitos producen sus efectos al liberar compuestos que actúan sobre los circuitos neuronales del huésped. Los investigadores señalan que identificar y usar estos compuestos en el laboratorio podría ayudar a los científicos a determinar cómo los circuitos neuronales controlan el comportamiento.

Referencia: Mind Control: How Parasites Manipulate Cognitive Functions in Their Insect Hosts. Frontiers in Psicology, 2018. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.00572

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