Millones de personas comienzan su día con una buena taza de café, y en la mayoría de los casos, pueden llegar a ser tres, cuatro e incluso más tazas a lo largo del día. A pesar de tener un valor nutricional nulo, el café es la tercera bebida más consumida en todo el mundo.

Si bien la industria del café es muy consciente del impacto del cambio climático de su cultivo, es menos conocido el tamaño de su propia huella de carbono y cómo se descompone a lo largo de todo el ciclo, desde cultivar, moler, transportar y tostar los granos de café, hasta empaquetarlo, distribuirlo y finalmente, consumirlo.

Una consideración inicial es que el café no se puede cultivar en cualquier parte del mundo; se trata de una planta extremadamente sensible que requiere climas húmedos, cálidos y de gran altitud.

Sin embargo, la mayor parte del consumo mundial de café no se encuentra en las regiones donde crece naturalmente, lo que contribuye a que el café sea el segundo producto más comercializado en todo el mundo, sólo superado por el petróleo.

Cinco de los diez principales países productores de café del mundo están en Centroamérica o Sudamérica, mientras que 13 de los 15 principales países consumidores de café  se encuentran en el norte de Europa.

A pesar que se pudiera pensar que las grandes distancias que el café debe viajar, el combustible fósil utilizado para impulsar camiones y cargueros, e incluso del gas natural utilizado en el tostador, estos aspectos de la cadena de suministro no son los que tienen el mayor impacto en la huella de carbono del café.

Cuando el café llega a la cocina, muchos procesos han contribuido a su huella de carbono y otros impactos ambientales, pero la forma en que prepara el café en casa puede agregar un 50 por ciento o más a su huella ambiental general.

Esta es la cuestión: cuando se enciende el hervidor y, después de un par de usos, se coloca la taza en el lavavajillas, la energía utilizada es aproximadamente la misma que toda la energía invertida en el cultivo, procesamiento, transporte y envasado del café.

Aunque puede sonar una como una gran responsabilidad, se puede contribuir efectivamente a reducir este impacto. Es posible seguir unas simples recomendaciones y marcar una diferencia en la reducción de la huella de carbono del café.

Probablemente la más efectiva sea hervir sólo el agua requerida para preparar una taza de café; de lo contrario, el uso de energía, y por ende su impacto en la huella de carbono, será aún mayor. Lo mismo es cierto para los filtros de goteo o el café preparado con émbolo, o incluso cualquier bebida que implique hervir agua.

En este sentido, los especialistas reseñan que tomar café instantáneo tiene un menor impacto. Pero si eres diligente y solo hierves el agua que necesitas para tomar una taza de café, estarás contribuyendo a reducir la huella de carbono y al mismo tiempo, aplicando una forma más ecológica de preparar una taza de café.

Referencia: Carbon Footprint Across the Coffee Supply Chain: The Case of Costa Rican Coffee, 2012. https://goo.gl/mezT92