La crianza no es una tarea fácil, para garantizar el mejor desarrollo de los niños, los padres deben ser muy cuidadosos a la hora de impartir disciplina, además de compartirles afecto y dotarles de las mejores herramientas para afrontar las situaciones de la vida cotidiana, además de protegerles de situaciones que les puedan ocasionar estrés.

Esto no es una noticia nueva, pues son muchas las investigaciones que indican que las prácticas inadecuadas de crianza pueden tener efectos devastadores en los niños. Así, por ejemplo, se ha demostrado que el exceso de críticas negativas por parte de los padres afecta el desarrollo emocional de los niños.

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También, es bien sabido que el uso del castigo físico, además de ser inefectivo para promover un buen comportamiento infantil, puede tener como consecuencias el desarrollo de cuadros ansiosos en los niños, problemas sociales, además de un deterioro en su rendimiento escolar, solo por nombrar algunos de sus efectos.

Al respecto, se puede decir que estas consecuencias son observables a corto y mediano plazo; sin embargo, tal como lo demuestran Erin Kinnally, John Mann, y otros investigadores del Instituto Lieber para el Desarrollo del Cerebro o del Corazón y parte de los Laboratorios de Investigación Malts, de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, las consecuencias a largo plazo de someter a los niños a niveles altos de estrés, pueden ser más siniestras y peligrosas de lo que se cree.

En este sentido, los expertos han descubierto que el exceso de estrés en la infancia produce cambios profundos e irreversibles en la forma de empaquetamiento del ADN, afectando la activación de ciertos genes en las células del cuerpo, lo que ocasiona que estas funcionen de maneras distintas a lo que representa su mandato original.

Esto implica cambios importantes en la estructura y función de células de órganos tales como el páncreas, los pulmones, el corazón y el cerebro.

La forma como se empaqueta el ADN influye sobre su funcionamiento

El ADN se organiza en paquetes de proteínas que funcionan como un aislamiento de protección de los genes, lo que determina qué genes se activan a fin de producir ciertas proteínas que requieren las células en particular.

De esta manera, entre los diversos tejidos y órganos del cuerpo, el empaquetamiento del ADN varía, permitiendo que cada célula tenga una colección única de proteínas que le convierten en una célula pulmonar, una célula cerebral, u otras.

En otras palabras, casi todas las células del cuerpo tienen el mismo ADN, por lo que, por si misma, una célula hepática no se convertirá en esta hasta que se activen diferentes genes dentro de sí, sobre lo que influye el empaquetamiento del ADN, determinando la activación o no de determinados genes, logrando la diferenciación entre una célula pulmonar y una cerebral, por poner un ejemplo.

Consecuencias del estrés infantil

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Tal como se indicó anteriormente, las investigaciones en torno a los efectos del estrés durante la primera infancia revelan que puede producir disfunciones orgánicas años después de las situaciones estresantes, aumentando las probabilidades de padecer enfermedades tales como hipertensión, diabetes, trastornos mentales, entre otras.

Por ejemplo, en 1950, Harry Harlow, un Psicólogo de la Universidad de Wisconsin, llevó a cabo un experimento en el que unos monos recién nacidos fueron aislados de sus madres por unos meses, encontrando que estos resultaron profundamente perturbados por el resto de sus vidas.

Específicamente, cuando se estudió el efecto del experimento durante la edad adulta de estos monos, se descubrieron alteraciones significativas en la estructura y en el funcionamiento químico de sus cerebros.

En la misma línea, las investigaciones realizadas en orfanatos rumanos con niños criados in el apoyo de sus madres, tal como el famoso estudio de Nathan Fox, perteneciente a la Universidad de Maryland y Charles Nelson, de la Universidad de Harvard, también demuestra que esto los predispuso a sufrir de discapacidades psicológicas y sociales durante su adultez, además de enfermedades médicas y modificaciones en su estructura cerebral.

Así es cómo el estrés infantil afecta la composición genética de las células

Las respuestas de estrés aumentan la secreción de una hormona llamada cortisol en el organismo, lo que, a su vez, aumenta la producción de una serie de proteínas que inflaman los tejidos.

Si bien la inflamación, cuando hay infecciones, funciona como protección ante los agentes causantes de estas, cuando no hay infección, las reacciones inflamatorias prolongadas en el tiempo, terminan causando daños orgánicos significativos.

En este caso, las proteínas inflamatorias se meten en las células y modifican el empaquetamiento del ADN, transformando el comportamiento, la estructura y el funcionamiento de estas.

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Sobre esto, debemos tener presente que los cambios en el empaquetamiento del ADN son permanentes e irreversibles, lo que implica que las células involucradas alteran su estado, volviéndose hipersensibles a otras tensiones y haciendo más probable que se padezca de problemas médicos.

Teniendo esto en cuenta, es necesario evitar a toda costa las situaciones de estrés innecesarias en la vida de los niños, a fin de que, en el futuro, se puedan convertir en adultos que tengan la posibilidad de gozar de un mejor estado de salud y de una vida caracterizada por el bienestar.

Referencia: DNA methylation as a risk factor in the effects of early life stress. https://doi.org/10.1016/j.bbi.2011.05.001

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