Se podría decir que, sin importar cuánto nos esforcemos e incluso logremos solucionarlos, siempre tenemos problemas que nos agobian.

De acuerdo a un reciente estudio, la respuesta puede residir en un fenómeno llamado “cambio de concepto inducido por la prevalencia”, una idea que explica cómo las personas pueden ser engañadas por sus percepciones y pensar que los problemas persisten incluso cuando, de hecho, son mucho menos frecuentes o ya no existen.

Los resultados del estudio revelan cuán susceptibles son las personas a expandir sus definiciones de amenaza o problema, un fenómeno que, inicialmente tiene una repercusión personal, pero podría tener un impacto en una variedad de decisiones políticas importantes relacionadas con temas de salud, educación, pobreza y violencia.

Los psicólogos saben desde hace tiempo que las personas emiten juicios en un contexto altamente relativo. Las cosas que percibimos que son dañinas o amenazantes, por ejemplo, dependen en gran medida de las experiencias dañinas o amenazantes vividas.

Estas experiencias ayudan a definir nuestros conceptos de lo que es y lo que no es dañino o amenazante. Sin embargo, estos conceptos son maleables y propensos a la expansión.

A medida que los actos de agresión física, por ejemplo, se vuelven menos comunes, las personas pueden expandir su concepto de comportamiento físicamente agresivo. De este modo, un empujón accidental previamente ignorado, puede ser visto posteriormente como un acto de abierta agresión.

A fin de profundizar en esta concepción, los investigadores diseñaron una serie de experimentos, que variaron en complejidad, para comprender mejor qué tan susceptibles son las personas al cambio de concepto inducido por la prevalencia.

A un grupo de voluntarios se les asigno una tarea simple: mirar una serie de caras generadas por computadora y decidir cuáles consideraban amenazantes. Las caras habían sido cuidadosamente diseñadas y se incluían rostros con apariencias que variaban entre muy intimidantes hasta muy inofensivos.

Al mostrarles a los participantes cada vez menos rostros amenazantes, los investigadores encontraron que expandieron su definición de “amenaza” para incluir una gama más amplia de rostros. En otras palabras, cuando se quedaron sin caras amenazadoras, comenzaron a considerar como amenazadores rostros a los que anteriormente percibían como inofensivos.

Este tipo de inconsistencia no se limitó a juicios sobre amenazas. En otro experimento, los investigadores solicitaron a los participantes que tomaran una decisión aún más simple: determinar si los puntos de colores en una pantalla eran azules o morados.

A medida que la frecuencia de puntos azules disminuía, la gente comenzó a considerar a los puntos ligeramente púrpuras como azules. Incluso hicieron esto cuando se les informó que la frecuencia de puntos azules disminuiría, y hasta cuando se les ofreció premios en efectivo para mantenerse consistentes.

Los investigadores señalan que estos resultados sugieren que este comportamiento no está completamente bajo control consciente.

¿Por qué las personas no pueden evitar expandir el concepto de amenaza cuando éstas en realidad son escasas? La investigación de la psicología cognitiva y la neurociencia sugiere que este tipo de comportamiento es una consecuencia de la forma básica en que nuestros cerebros procesan la información: estamos constantemente comparando lo que percibimos con su contexto reciente.

Para el cerebro, las comparaciones relativas suelen requerir menos energía que las mediciones absolutas. Es probable que los cerebros humanos hayan evolucionado para usar comparaciones relativas en muchas situaciones, porque estas comparaciones con frecuencia brindan suficiente información para navegar de manera segura por nuestros entornos y tomar decisiones, todo mientras se invierte el menor esfuerzo posible.

Los resultados de este estudio podrían explicar por qué las personas tienden a ser pesimistas tanto en su entorno más íntimo, como en su percepción del estado del mundo.

Referencia: Prevalence-induced concept change in human judgment. Science, 2018. https://doi.org/10.1126/science.aap8731