La noche del 15 de marzo de 2017, durante una actividad programada por la Secundaria Georges P. Vanier en la isla de Hornby a las afueras de Vancouver en Canadá, la joven Sara Manitoski, de 16 años y cursante del 11avo grado, luego de participar en una fogata se fue a dormir manifestando indisposición y calambres abdominales, los cuales justificó por estar menstruando.

A la mañana siguiente Sara no se presentó en el desayuno; la suspicacia se incrementó cuando al volver al cuarto, sus compañeras notaron que la alarma de su teléfono había sonado repetidamente sin recibir respuesta. Cuando trataron de despertarle, percibieron una rigidez inusual en su cuerpo y fue cuando solicitaron ayuda, pues notaron que algo anormal sucedía con la joven.

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Los llamados desesperados no tuvieron efecto alguno, nada hacía reaccionar a Sara. En ese momento descubrieron con gran asombro que la joven Sara Manitoski estaba muerta.

El personal de la escuela, los estudiantes y los paramédicos que respondieron del servicio de emergencias realizaron reanimación cardiopulmonar (RCP), pero no pudieron revivir a la alumna.

Sara Manitoski, la joven que perdió la vida por una patología potencialmente mortal causada por toxinas bacterianas conocida como síndrome de shock tóxico.

Ahora, más de un año después del lamentable fallecimiento, el Servicio Forense de Columbia Británica (BC Coroners Service), ha confirmado la causa de muerte de la joven Sara: síndrome de shock tóxico (TSS), una patología potencialmente mortal causada por toxinas bacterianas.

El TSS generalmente es provocado por la infección de la bacteria Staphylococcus aureus, la cual puede contraerse por contacto piel a piel o por un objeto contaminado. Todas las indicaciones apuntan al tampón utilizado por la joven, como el responsable de la infección.

El Dr. Dee Hoyano, oficial médico del Servicio de Salud de Vancouver, comentó:

“Sabemos que hay una asociación. Ciertamente sabemos que una persona necesita tener esta bacteria en particular para enfermarse, y el uso prolongado de tampones aumenta ese riesgo para desarrollar una infección generalizada.”

En la década de 1980, El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) vinculó cientos de casos de síndrome de shock tóxico con tampones de alta absorción y tampones hechos de espuma de poliéster y carboximetilcelulosa reticulada. La hipótesis de que estos materiales favorecían el crecimiento bacteriano, llevó a que los tampones de hoy sean fabricados con algodón o rayón.

Las mujeres deben ser alentadas a cambiar sus tampones con frecuencia. La sangre que se acumula en el tampón puede servir como caldo de cultivo para las bacterias, y se ha documentado que, a pesar de su superficie acolchada, los tampones pueden causar minúsculos cortes, desgarros o ulceraciones en la pared vaginal, lo que facilita la entrada de bacterias en el torrente sanguíneo.

El síndrome de shock tóxico es raro. De acuerdo con la Organización Nacional de Trastornos Raros, sólo ocurre en aproximadamente una a tres de cada 100.000 mujeres que menstrúan. Si bien el TSS generalmente afecta a las mujeres que menstrúan, puede afectar a cualquier persona, incluidos hombres, niños y mujeres posmenopáusicas.

Referencia: Toxic shock síndrome. Medline Plus. https://goo.gl/yWdGvJ

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