El debate sobre la adicción a los videojuegos ha existido desde que fueron inventados. Cada año, las obsesiones cambian con el juego de moda, pero la verdad es que son los patrones de conducta los que se mantienen a lo largo del tiempo.

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la adicción a los videojuegos como trastorno adictivo y la incluirá en la Clasificación Internacional de Enfermedades en el apartado de enfermedades mentales.

A pesar de que los detractores de los videojuegos suelen resaltar la parte negativa de la industria, es cierto que existen algunas prácticas malsanas como las microtransacciones dentro de los juegos como las cajas botín o loot boxes. Este tipo de prácticas ha sido ampliamente criticada por expertos de la industria y hasta ha sido prohibida en países como Bélgica por ser consideradas como apuestas.

Sin embargo, la preocupación por las loot boxes va más allá de sus implicaciones económicas. Algunos investigadores opinan que la práctica podría estar ligada a comportamientos obsesivos de gasto, pues consideran que estas microtransacciones tienden a retener al jugador a largo plazo ya sea financiera o psicológicamente, y normalmente cuando el jugador se da cuenta ya se encuentra en un punto en el que es difícil retirarse.

Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Adelaide, liderada por el doctor Daniel King, determinó que este tipo de esquemas “atraen a algunos jugadores para gastar más dinero del que tenían pensado o del que tienen disponible, especialmente al usar tarjetas de crédito o moneda virtual, que hace más difícil llevar un registro de gastos”.

El Dr. King y su compañero, el profesor Paul Delfabbro, enfocan el estudio en la existencia de las cajas botín sobre el que opinan que “los jugadores que esperan ganar un ítem específico podrían terminar en la compra repetida de loot boxes a un costo personal significativo”, añade el Dr. King y continúa, “las loot boxes no requieren que el jugador tenga habilidades y tienen un premio aleatorio, funcionan similar a los tickets para raspar o las máquinas tragamonedas”.

Los investigadores opinan que las cajas botín y otras prácticas similares son una “monetización predatoria” porque promueven el gasto repetido utilizando tácticas como productos limitados, solicitudes inevitables y la manipulación de los premios para motivar el comportamiento de gasto sobre el juego sano con progreso basado en habilidades.

Además, el profesor Delfabbro advierte que en contraste, existen muchas patentes de sistemas de microtransacciones para incentivar al jugador a gastar dinero, pero que “hay pocas regulaciones o protección al consumidor asociadas a este sistema”. “Los videojuegos deberían tratarse sobre las habilidades, no sobre apuestas”, añadió.