Los seres humanos contamos con cinco emociones básicas, compartidas por todas las culturas alrededor del mundo; estas son: tristeza, felicidad, ira, miedo y desagrado. En cuanto a esta última, no podemos negar que todas las personas encontramos desagradables ciertos elementos específicos, ya sean insectos asquerosos, fluidos corporales, ciertos aromas, entre otros.

Si bien podemos tener particularidades en torno al objetivo de nuestro desagrado, se pueden observar patrones, sobre lo que una investigación reciente ha logrado agrupar temas de desagrado que nos producen sensaciones de esta emoción distintas; cada una con su razón evolutiva correspondiente.

La investigación fue llevada a cabo por Val Curtis, quien es Director del Grupo de Salud Ambiental de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical en Londres, y contó con una muestra de 2.500 personas que fueron expuestas a escenarios potencialmente desagradables para luego clasificarlos en función de la sensación que les producían.

En este sentido, fue posible desarrollar seis categorías en las que se agrupan factores capaces de desencadenar distintas formas de desagrado que son comunes en la población.

De esta manera, se obtuvo como primera categoría la falta de higiene, lo que incluye elementos tales como los gases intestinales y comportamientos como hurgarse la nariz u otras funciones corporales que resultan desagradables cuando se hacen en público.

En segundo lugar, se encontró que los animales rastreros, como los insectos y las ratas, tienen la capacidad de despertar un desagrado particular en las personas. Consecutivamente, el comportamiento sexual en entornos inapropiados y de forma escandalosa, es otra categoría de las derivadas a partir del estudio.

En cuarto lugar, las afecciones en la piel, bien sean lesiones, forúnculos u otras, tuvieron el potencial de despertar desagrado. En quinto lugar los alimentos en descomposición obtuvieron un lugar distinguido, probablemente producto de los malos olores que esto genera.

Finalmente, una sexta fuente de desagrado, fueron personas que se salen fuera de los patrones comunes o, lo que los investigadores denominaron como personas con apariencias atípicas, tales como aquellos que han sufrido la amputación de una extremidad corporal o con deformaciones morfológicas.

Ventajas evolutivas del desagrado

Las cosas que nos parecen desagradables, generalmente, nos hacen daño a la salud.

De acuerdo a Curtis y a Michaél de Barra, coautor de la investigación, la mayoría de estas categorías se relacionan con afecciones de salud que pueden poner en riesgo la vida o implicar severos daños.

Por ejemplo, los animales rastreros que tanto desagrado causaron, suelen ser portadores de enfermedades peligrosas, al igual que los alimentos en descomposición que muy probablemente implicaran malestares estomacales.

Asimismo, las señales que indican una pobre higiene corporal, son anticipatorias de epidemias y problemas de salud, así como los comportamientos sexuales que salen de la norma se asocian a infecciones de transmisión sexual y otras afecciones que se contagian por contacto con los tejidos afectados.

Por su parte, respecto a la última categoría, se plantea que si bien elementos tales como las extremidades amputadas no son contagiosas, esto sale de los patrones convencionales, lo que despierta el desagrado de los seres humanos, generalmente por estereotipos sociales.

Para finalizar, los autores manifiestan que es importante hacer caso a las emociones; particularmente al desagrado como señal de alerta a posibles peligros. No obstante, debemos tener claro el origen de estas reacciones, pues, si bien es normal sentir desagrado por una comida en descomposición, cuando nos damos cuenta de que las personas con discapacidad están despertando esas reacciones en nosotros, es momento de reflexionar sobre nuestras reacciones.

Referencia: The structure and function of pathogen disgust, (2018).  https://doi.org/10.1098/rstb.2017.0208