Dicen que una de las pruebas más difíciles en una relación de pareja es mudarse juntos; no obstante, en las últimas décadas se ha observado que una buena parte de las parejas jóvenes toman esto como opción alternativa al matrimonio o para, supuestamente, favorecer su economía personal.

Sin embargo, de acuerdo a un estudio avalado por las Universidades estatales de Iowa y Kansas, en Estados Unidos, se encontró que las parejas que vivían juntas gozaban de menos recursos económicos al compararlo con aquellos que no hicieron esto antes del matrimonio. De hecho, la diferencia se hacía más marcada en personas que habían cohabitado varias veces antes.

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Para obtener los resultados, se analizó la información correspondiente a la cohorte de 1997 de la Encuesta Nacional Longitudinal de la Juventud, incluyendo personas nacidas entre 1980 y 1984. De estas personas, se encontró que de los pertenecientes a la generación Millennial, el 45% estaban casadas, el 18% vivían con su pareja y el 37% restante no tenia pareja.

Al respecto, Cassandra Dorius, Profesora Asistente de Desarrollo Humano y Estudios Familiares en la Universidad de Iowa y líder de la investigación, propone que aquellos que eran solteros pero que en el pasado habían vivido con su pareja, fueron quienes tuvieron peor suerte.

De esta manera, se encontró que vivir en pareja afecta negativamente la economía de las personas, creándose una brecha entre aquellos que lo hacen por primera vez y los que han vivido la experiencia más de dos veces, de más de 20 dólares, siendo estos últimos los menos favorecidos. Según Dorius:

“Las relaciones de convivencia tienden a ser más cortas e inestables, por lo que se empieza de nuevo cada vez que se repite el ciclo, lo que es un obstáculo para mejorar las condiciones económicas de las personas”.

Si bien se desconocen las razones de esta situación, se cree que la inestabilidad y la ausencia de protecciones legales juegan un rol importante en las dificultades económicas, pues cuando las relaciones de pareja terminan, los activos no suelen dividirse en partes iguales, tal como cuando las personas se divorcian.

Igualmente, se observó que cuando las parejas viven juntas, gastan dinero juntas, pero de forma distinta a las parejas casadas, puesto que en lugar de comprar inmuebles y ahorrar para la jubilación, las parejas que viven juntos sin casarse invierten en activos no financieros, como muebles, automóviles, barcos, etc.; por tanto, según Dorius:

“No hay ninguna razón por la cual no debemos pensar con anticipación respecto a las formas a partir de las cuales este fenómeno de convivencia está afectando la economía para empezar a lidiar con esto. Estamos en un mundo nuevo y tenemos que pensar en lo que eso significa de manera práctica”.

En este sentido, es necesario considerar lo que puede ocurrir en unos 30 o 40 años, cuando los millennial se retiren, pues de continuar la tendencia, habrá presiones adicionales sobre programas tales como la Seguridad Social, afectando negativamente las condiciones económicas de las naciones.

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En conclusión, es importante que los Millennials sean estimulados a invertir y ahorrar para proteger sus recursos; en otras palabras, se hacen necesarios cambios para educar y ayudar a las parejas que viven juntas a proteger su dinero y acumular recursos.

Referencia: The Financial Implications of Cohabitation Among Young Adults, (2014). https://doi.org/10.1007/s11113-013-9316-3

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