Puede resultar difícil y hasta contradictorio, imaginarse un mundo en el que las ventas de entradas de cine caen considerablemente durante la temporada de verano. Teniendo en cuenta que en la actualidad, el verano es la época predilecta para ir a ver una película en el cine, puesto que la mayoría de las personas se encuentran de vacaciones, resulta complejo pensar que en el pasado esta temporada era la más difícil para estos establecimientos, en lo que a venta de boletos respecta.

Sin embargo, esta era una realidad preocupante para las compañías de cine durante la década de los años veinte, pues, teniendo en cuenta las altas temperaturas, aunado a estar en un espacio cerrado, los cines eran el último lugar en el que las personas querían estar cuando subían las temperaturas. No obstante, esta realidad cambió completamente, gracias a la invención de los aires acondicionados.

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Cómo sobrevivir al verano de los años veinte sin morir en el intento

En los años 20, las personas prefería las actividades al aire libre para huir del calor

Tomando en consideración las características de las épocas pasadas, fácilmente podemos vernos tentados a pensar que en el pasado los veranos eran infernales. Claro que, teniendo en cuenta que actualmente tenemos la posibilidad de regular la temperatura de nuestros espacios a placer, es posible que nos imaginemos una vida sofocante durante el verano para aquella época.

Sin embargo, esto no era tan así, pues a pesar de que aún no existía el aire acondicionado, las personas tenían diversas estrategias para aplacar el calor. Una práctica común consistía en guardar bloques de hielo en sus casas que compraban a comerciantes que los almacenaban durante mucho tiempo en lugares frescos.

También, solían pasar más tiempo al aire libre y la arquitectura de las casas permitía una mayor ventilación. En tanto las viviendas actuales suelen tener techos bajos y ventanas que no se abren, en las edificaciones previas a la invención del aire acondicionado prevalecía el uso de ventanas, toldos, grandes aperturas y otros diseños que permitían disipar el calor.

No obstante, los cines no podían permitirse estos diseños arquitectónicos. Con el objetivo de que la película pueda proyectarse de forma adecuada en la pantalla, es necesario mantener la falta de luz y el aislamiento de los ruidos exteriores, por lo que no era factible emplear ventanas, respiraderos o cualquier otro elemento que permitiese una mejor ventilación.

Por tanto, durante el verano, si las personas deseaban ver una película en el cine, era necesario que se sentaran en una habitación oscura y sofocante junto a muchos otros cuerpos sudorosos, siendo la única solución posible el uso de abanicos para refrescarse. Teniendo en cuenta esto, ya no parece tan extraño que, para la época, las ventas de boletos disminuyeran durante esta temporada.

Un ingeniero da con la solución al problema del calor en las salas de cine

Teatro Rivoli, en el Times Square de Manhattan

Durante el año de 1925, un ingeniero llamado Willis Carrier, instaló un equipo de refrigeración innovador en el Teatro Rivoli, la obra maestra de Paramount Pictures, en el Times Square de Manhattan, marcando la pauta en lo que a salas de cine se refiere.

Las personas que asistieron ese día se mostraban escépticas respecto a la innovación, por no decir menos; por lo tanto, cada uno de los asistentes contaba con su respectivo abanico, anticipando que sería una sofocante sesión de películas, tal como estaban acostumbradas. No obstante, los resultados fueron un rotundo éxito, lo que se tradujo en que el ingeniero, rápidamente, se encontraba instalando aires acondicionados en las salas de cine de todo el país.

El 17 de julio de 1902, Willis Haviland Carrier diseñó el primer sistema de aire acondicionado moderno, lanzando una industria que mejoraría fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y jugamos.

Lo cierto es que, para la época, muchas personas estaban familiarizadas con el concepto de equipos mecánicos de refrigeración antes de la puesta en marcha del invento de Carrier. Para el año de 1902, ya estaban diseñados equipos tales como las primeras bobinas de enfriamiento, las cuales representan las predecesoras de los aires acondicionados modernos, para ayudar a una editorial a evitar el daño en el papel relacionado a las altas temperaturas y a la humedad.

De hecho, en algunas salas de cine, ya se habían puesto en marcha estrategias para solucionar este problema, tales como usar cajas de hielo con ventiladores a fin de bajar las temperaturas; pero realmente no eran lo suficientemente efectivas.

Aun más, previo a ese logro indiscutible en la industria cinematográfica, Carrier ya estaba experimentando las mieles del éxito, puesto que su equipo de refrigeración centrífuga ya estaba instalado en varias empresas de golosinas y en un sinnúmero de grandes almacenes de lujo en Estados Unidos.

Entonces, el éxito del ingeniero en el Rivoli fue histórico, ya que, más allá de ser el primero, demostró la genialidad de su invento en el cine de mayor importancia de la época. Posteriormente, se sumaron otras salas de cine: el Metropolitan Theatre de Sid Grauman, en Los Ángeles, luego, otros dos teatros en Texas y así el resto de las salas de cine a lo largo y ancho del planeta.

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Actualmente, las salas de cine son un sinónimo de confort.

Según lo que recuerda Carrier, al momento de probar su invento, las personas presentes parecían no confiar mucho de la eficacia de su equipo para refrigerar la sala; al respecto, comenta:

No solo se mostraban curiosos, sino escépticos, todos los presentes tenían sus abanicos, tal como se acostumbraba para la época. Luego, de forma gradual y casi imperceptiblemente, la audiencia quedó prendada de los efectos del aire acondicionado, pues su funcionamiento se hizo evidente. Solo unas pocas personas persistieron con el abanico, pero pronto ellos también lo dejaron de lado, los dejamos fríos y entonces suspiré de alivio.         

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A pesar de que la invención de Carrier pronto fue adoptada por grandes edificios de oficinas y demás lugares, el sistema resultaba tan costoso y engorroso, que el proceso de adopción por el ciudadano común en el seno de su hogar, fue notablemente lento.

Esto implicó que las salas de cine se convirtieron en uno de los pocos lugares en los que se podían reunir muchas personas a fin de escapar del calor inclemente. Al ver los teatros llenos en atención a esta situación, los estudios cinematográficos reconsideraron cuál era el mejor momento para estrenar sus producciones. De esta forma, nació la famosa y aún popular temporada de películas del verano.

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