En el año 2004 en la provincia de Shanxi en China, durante la excavación de una tumba de más de 2.000 años de antigüedad perteneciente a la noble Lady Xia, abuela de Qin Shihuang, el primer emperador chino, se encontró el esqueleto parcial de un gibón.

Un examen detallado de los restos del animal y la comparación con primates modernos mostraron que pertenece a una especie desconocida hasta el día de hoy y ya extinta. El ejemplar recibió el nombre de Junzi imperialis.

La tumba albergaba una colección de restos de animales: leopardo, lince, oso negro, grulla y otros animales que fueron enterrados. En ese momento, los gibones eran muy apreciados por los chinos, y no era raro enterrar a personas nobles con elementos importantes y tesoros.

Al respecto, la investigadora Helen Chatterjee, del Departamento de Genética, Evolución y Medio Ambiente en el Colegio Universitario de Londres, manifestó:

“Sabemos que los gibones tenían un alto valor cultural debido a las considerables cantidades de chi (energía) que canalizaban; de ahí que vemos que aparecen gibones en poemas, historias y obras de arte a lo largo de muchos períodos históricos chinos.”

Hace varios años, Samuel T. Turvey, de la Sociedad Zoológica de Londres, visitaba el Instituto de Arqueología de la Provincia de Shaanxi en China, cuando se encontró con el cráneo del gibón, lo que despertó el deseo de profundizar en su origen y articuló un equipo de investigadores.

El hueso facial incluía dientes superiores, incluidos dos caninos grandes, la cavidad de la nariz y parte de la cuenca del ojo y la frente, y la mandíbula acompañante también incluía dientes. Al no permitirles extraer el ADN de los restos del gibón, Turvey y sus colegas crearon una reconstrucción tridimensional del cráneo completo y los compararon con cientos de cráneos de otros monos, casi todos representantes conocidos de la familia del gibón.

También hubo estudios comparativos de los dientes de estos restos y 279 primates modernos. Todo esto permitió determinar que los restos del gibón pertenecían a una especie separada. Los investigadores no sólo descubrieron que Junzi era bastante diferente de otros gibones, sino que además ya no existe.

La fecha y la causa exacta de la desaparición de estos gibones son interrogantes sin respuestas, pero los autores creen que la razón de la extinción de estos ejemplares se debió a la actividad humana.

La existencia de un gibón previamente desconocido que vivió hace apenas 2.200 años sugiere que a lo largo de la historia, los humanos pueden haber causado incluso más extinciones de simios de lo pensado.

Referencia: New genus of extinct Holocene gibbon associated with humans in Imperial China. Science, 2018. https://doi.org/10.1126/science.aao4903

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