La obesidad es un problema de salud pública a nivel mundial; en este sentido, para las personas obesas, esta situación no es nada agradable, pues constantemente están luchando contra ella, ya sea para cumplir con ciertos indicadores de belleza o para su bienestar y sus condiciones de salud.

Son muchas las iniciativas que se han desarrollado a nivel mundial para acabar con este problema; sobre esto, una investigación reciente descubrió ciertas razones que explican por qué las personas obesas encuentran tan difícil el lograr la meta de alcanzar un peso saludable.

En líneas generales, tras la investigación se encontró que las personas obesas tienen opiniones diametralmente distintas respecto a los hábitos de alimentación y el ejercicio físico que las personas con un peso saludable.

Particularmente, se encontró que a la hora de escoger sus alimentos, el principal criterio a tener en cuenta es el sabor de la comida, prestándole poca atención a la información colocada en las etiquetas nutricionales y desarrollando una relación impulsiva y emocional con los alimentos.

Al respecto, un aspecto positivo encontrado es que las personas obesas esta abiertas a la idea de consumir porciones de comida más pequeñas, pero son menos propensos a hacer ejercicio físico que las personas que tienen un peso considerado como normal.

Otro elemento considerado fue el costo de los alimentos, pues se descubrió que las personas obesas consideran que los alimentos más saludables tienen un mayor costo a nivel económico.

¿Por qué siguen habiendo personas obesas a pesar de las políticas públicas?

Las campañas diseñadas parecen no estar mostrando los resultados deseados

En síntesis, tras la investigación realizada por Hank Cardello, director de Food Policy Center del Hudson Institute, en Washington D.C., se encontró que existe una importante disparidad entre las políticas públicas relacionadas a los hábitos de alimentación y la mentalidad de las personas obesas, hacia quienes están dirigidas estas campañas.

Específicamente, Cardello plantea que, en la actualidad, los patrones de alimentación y las actitudes hacia la comida de las personas obesas reflejan la mentalidad de los consumidores de la década de los setenta y los ochenta, lo que parece indicar que, los enfoques educativos tradicionales, marco a partir del cual se han diseñado las campañas para modificar las conductas relacionadas a la alimentación, no han sido efectivas.

La investigación se llevó a cabo con 2.000 personas que fueron encuestadas y, posteriormente clasificadas en cuatro categorías: personas de peso saludable, con un índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9; personas con algo de sobrepeso, con un índice de masa corporal de entre 25 y 27; personas mayormente con sobrepeso, con un índice de 27,1 a 20,9 y, finalmente, personas obesas con un índice de masa corporal de 30 en adelante.

Tras esta clasificación, se encontró que las actitudes respecto a la alimentación variaron significativamente entre las personas pertenecientes a los diferentes grupos.

Así, mientras que el 44% de las personas con un peso saludable manifestaron que la salud y la nutrición eran unas de sus principales preocupaciones a la hora de comprar comida, esta cifra disminuyo de forma progresiva a medida que aumentaba el peso; de hecho, solo un tercio de las personas más obesas estaban de acuerdo con esto.

Por su parte, el 62% de las personas obesas admitieron ser conscientes de que deberían alimentarse saludablemente, pero no hacerlo, por lo que es más probable que ignoren las etiquetas nutricionales, optando por alimentos fritos, harinas, productos horneados, helados, refrescos, etc. De igual forma, se mostraron menos propensos a evitar alimentos con exceso de azúcar o elegir edulcorantes naturales sin calorías.

Por otro lado, el 60% de las personas obesas reportó que si bien no están dispuestos a renunciar a los alimentos poco saludables, dijeron que estarían dispuestos a consumir porciones más pequeñas; sin embargo, de acuerdo a su opinión, el costo de los alimentos saludables representó una excusa para no adquirirlos. Sobre esto, es de notar que las personas de los grupos con pesos saludables tenían más recursos económicos y un mayor nivel educativo.

Otro problema es el de la actividad física, pues se descubrió que el 25% de las personas obesas nunca ejercitó, en comparación con el 15% de los grupos de personas saludables.

Todo esto hace concluir a Cardello que las campañas educativas masivas para mejorar los hábitos de alimentación y promover el ejercicio no son efectivas, particularmente para poblaciones vulnerables, por lo que es recomendable diseñar mejores estrategias que permitan una comunicación más directa con las personas que presentan mayores índices de obesidad, a fin de conseguir mejores resultados en la solución de este problema.

Al respecto, Lona Sandon, Directora del Departamento de Nutrición Clínica de la Universidad de Texas Southwestern Medical Center, en Dallas, se mostró de acuerdo, indicando que estos hallazgos no le sorprenden; específicamente, comentó:

“Es un fenómeno bien conocido que más conocimiento y educación no necesariamente cambian en comportamiento; gran parte de los mensajes de salud se refieren a la educación y la conciencia. Esto solo puede cambiar el comportamiento de unas pocas personas, personas que creen que hará la diferencia”.

Teniendo esto en cuenta, la experta plantea la necesidad de entender que la obesidad y el sobrepeso son problemas sociales, culturales y de comportamiento individual, por lo que es necesario modificar desde la arquitectura de las ciudades, la industria alimentaria, los entornos de trabajo, las interacciones sociales, entre otros elementos.

En otras palabras, los expertos argumentan que es necesario ir más allá de la concientización y la educación para lograr cambios reales y significativos.

Referencia: Cardello, F. (2018). Why They Buy: Fighting Obesity Through Consumer Marketing Research. Hudson Institute