Cuando escuchamos hablar de personas introvertidas solemos imaginarnos a alguien callado con habilidades sociales deficientes, generalmente aislado de cualquier situación social. No obstante la introversión va más allá de las preferencias en lo que a las relaciones sociales se refiere, puesto que los introvertidos pueden desarrollar, sin ningún problema, vínculos significativos con otras personas.

En realidad, la diferencia entre introvertidos y extrovertidos, va más allá de sus rasgos de personalidad, pues tiene que ver con la configuración biológica de las personas que influye sobre su desenvolvimiento en las relaciones sociales.

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Al respecto, el Doctor en Psicología, Perpetua Neo, expone que la diferencia radica en su química cerebral, puesto que los introvertidos son más sensibles a la dopamina, un neurotransmisor asociado a las respuestas de placer tras recibir alguna recompensa, que los extrovertidos.

De esta manera, al ser más sensibles a la dopamina, los introvertidos se estimulan con mayor facilidad e intensidad. Específicamente, propone:

“Los introvertidos están más llenos de energía al pasar tiempo solos o en grupos íntimos muy pequeños de personas en las que confían (…) entonces, al estar en entornos sociales muy estimulantes, en tanto los extrovertidos se vuelven cada vez más incandescentes y magnéticos, los introvertidos empiezan a retraerse y reducirse”.

Particularmente, los cerebros de introvertidos y extrovertidos funcionan de formas distintas en los contextos sociales; en este sentido, los estímulos sociales son interpretados por los cerebros introvertidos a partir de lo que se conoce como “El camino largo de la Acetilcolina”, lo que implica que la estimulación atraviesa muchas más partes del cerebro que al compararlo con el proceso atravesado por los extrovertidos.

Una de las estructuras más importantes en el procesamiento de la información en contextos sociales de los introvertidos es la corteza insular frontal derecho, donde se procesan los errores.

Así, los introvertidos son capaces de notar una mayor cantidad de detalles, haciéndolos más conscientes de sus errores. Por lo tanto, los introvertidos tienen la mente ocupada preocupándose por lo que puede sacar.

Igualmente, se ha demostrado que emplean arduamente su banco de memoria a largo plazo cuando hablan, por lo que una interacción social es mucho más que una interacción social; en otras palabras, mientras los extrovertidos pueden dar respuestas inmediatas, los introvertidos se encuentran limitados en atención a la cantidad de procesos que están ocurriendo simultáneamente en sus cerebros.

Por esta razón, pueden mostrarse más ansiosos ante las interacciones sociales. En palabras de Neo:

“Pero eso es solo porque su cerebro está conectado de esa manera. Entonces, esencialmente, lo que sucede es que después de demasiada estimulación social, ya sea en grupos pequeños o en contextos demasiado ruidosos, el cerebro de los introvertidos se abruma”.

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Los introvertidos necesitan descansar de la sobreestimulación social

Teniendo en cuenta lo planteado, luego de las situaciones sociales, los introvertidos requieren de tiempo a solas a fin de recargar sus energías, de forma que se active su sistema nervioso parasimpático, responsable de las funciones de reposo. Es decir, luego de mucho cortisol y adrenalina, los introvertidos necesitan relajarse.

Por otro lado, el Doctor plantea que muchas personas pueden creer, erróneamente, que los introvertidos sufren de ansiedad social, sin embargo, esto tiene que ver con la configuración cerebral:

“La ansiedad social implica miedo y evitación de las situaciones sociales pues se anticipa una actuación inadecuada; estas personas creen que son estúpidas o que las personas se reirán de ellas, pues el cerebro siempre está buscando errores y defectos (…) mucha gente confunde la introversión con la ansiedad social y eso, simplemente, no es cierto”.

De esta manera, una persona puede ser extrovertida y, aun así, tener ansiedad social, o sencillamente, ser introvertida. La diferencia está en esta necesidad de apartarse y relajarse lejos de las interacciones sociales.

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Por tanto, los introvertidos pueden prosperar perfectamente en las interacciones sociales, como cualquier persona, solo que los hacen de formas distintas. Por ejemplo, los extrovertidos pueden sentirse satisfechos interactuando con 50 personas en un evento, mientras que los introvertidos se sentirán satisfechos tras conocer solo a dos personas, pero con la expectativa de desarrollar vínculos profundos.

En conclusión, decirle a alguien que es introvertido, no es un insulto, simplemente implica una forma distinta de relacionarse con los demás; lo importante es identificar estas reacciones y aprender a sentirse cómodos al pedir un tiempo a solas para recargar las energías, en lugar de pensar que algo anda mal con nosotros.

Referencia: Preferred stimulation levels in introverts and extroverts: Effects on arousal and performance. http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.46.6.1303

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