Las personas suelen criticar a otras diciendo que no tienen personalidad puesto que adoptan fielmente los comportamientos de sus grupos de amistades; respecto a esto, la Psicología, negada a aceptar explicaciones de este tipo, se ha dedicado a estudiar la influencia del grupo sobre el individuo.

Al respecto, una de las investigaciones de mayor popularidad sobre la influencia de los grupos sociales sobre los comportamientos individuales, es la llevada a cabo por Solomon Asch, graduado de la Universidad de Columbia, quien se centró en examinar el poder de la conformidad en los grupos.

Para esto, en 1951, desarrolló una serie de estudios, basados en la Psicología Social, cuyo objetivo era comprobar cómo las presiones ejercidas por los compañeros dentro de un grupo, pueden modificar las conductas de las personas.

Esta investigación está relacionada al experimento realizado por Zimbardo, en la prisión de Stanford y a los experimentos de Milgram, con quien Asch tenía una cercana relación, puesto que en estos se explora la influencia del entorno y del ambiente social sobre el comportamiento individual de los sujetos.

Concretamente, Asch trató de demostrar cómo las personas, en condiciones totalmente normales, se pueden sentir tan presionados por las circunstancias que pueden modificar sus pensamientos, valores, convicciones y creencias, además de la forma en la que se comportan. En este sentido, se plantearon responder a la siguiente pregunta de investigación: ¿Las personas pueden resistir la presión de la mayoría para que acepten como verdadero algo que es falso?

El experimento de conformidad

Los participantes debían dar su opinión sobre imágenes como esta

En un primer momento, Asch conformó un grupo compuesto por un sujeto experimental y varios colaboradores de los investigadores que se hacían pasar como participantes de la investigación.

En este sentido, la tarea consistía en que los investigadores les presentaban una serie de imágenes en las que estaban impresas tres barras horizontales de distintos tamaños; ante esto, los sujetos debían decir en voz alta cuál barra era la más alta.

De esta forma, los colaboradores estaban preparados para dar respuestas correctas en los primeros ensayos del experimento, pero a medida que iba progresando este, empezaban a equivocarse intencionalmente e indicar barras que claramente no eran las más altas.

Los sujetos experimentales, al no saber qué es lo que está pasando, se mantienen respondiendo de forma correcta, en función de sus percepciones; sin embargo, a medida que las demás personas presentes se muestran insistentes en indicar barras equivocadas, sus respuestas empiezan a ser iguales que las de los demás.

Posteriormente, cuando los participantes eran entrevistados, explicaban que, mas allá de que sabían con certeza cuál era la respuesta correcta, se amoldaban a las expectativas del grupo por temor a ser ridiculizados de alguna forma; incluso, algunos de ellos llegaron a pensar que las respuestas dadas por el grupo eran correctas.

Variaciones del experimento

Se trabajó con grupos de diversas características para evaluar posibilidades

A fin de llevar un poco más allá sus resultados, Asch puso en práctica estudios similares con algunas variaciones a fin de determinar cómo se podía romper con la conformidad en las respuestas.

Así, en una de las condiciones, introdujo dentro del grupo a un equipo de aliados; es decir, a parte del sujeto que no sabe lo que realmente estaba pasando, se añadieron otros sujetos que daban las respuestas correctas en independencia de las respuestas del resto del grupo.

Sobre esto, se observó que cuando las personas ven que no son las únicas que piensan de forma distinta al resto de las personas, la conformidad se reduce significativamente, pues, de alguna forma, el que hayan otras opiniones minoritarias valida la del disidente.

No obstante, cuando el aliado es retirado, las personas vuelven a sufrir el efecto de la conformidad; es decir, cuando se identifica un aliado, son capaces de resistir la presión del grupo, pero, cuando pierden esta fuente de validación, retoman las opiniones mayoritarias como forma de guía.

Adicionalmente, se pudo observar que en la medida en la que los grupos tienen una mayor cantidad de personas, la conformidad adquiere una mayor intensidad, puesto que en los grupos pequeños, las opiniones minoritarias no se ven tan presionadas a cambiar como cuando hay mas miembros con los cuales estar en desacuerdo.

¿Por qué ajustamos nuestro comportamiento en función del grupo?

Se demostró que el grupo influye sobre las decisiones individuales

Muchos conocedores del tema defienden la idea de que la influencia social se produce por imitación del comportamiento de los demás, sobre lo que influyen procesos de sugestión y contagio, característicos del comportamiento grupal.

No obstante, a partir de los experimentos de Asch, es posible explicar la conformidad en función de las relaciones asimétricas entre el individuo y las fuentes de influencia.

En torno a esto, se explica que el individuo reconoce la autoridad de las fuentes de influencia, como los grupos mayoritarios, y depende de estos para obtener la información necesaria a fin de entender situaciones ambiguas, además de tener claras las pautas de comportamiento a las que debe adscribirse si lo que pretende es tener una relación satisfactoria con quienes le rodean.

De esta manera, se crea una relación de dependencia informativa por parte del individuo hacia el grupo, pues fija su opinión en función de la de la mayoría, logrando adaptarse a su entorno; adicionalmente, esto le permite obtener aprobación de los demás, como parte de su dimensión social, constituyéndose una relación de dependencia normativa.

Por lo tanto, a pesar de que las personas conocen con certeza la información correcta, obtiene del resto del grupo información respecto a cuál es la forma de responder que es aprobada por el grupo, viéndose motivado a comportarse de forma coherente con esto.

Referencia: Conformity in the Asch Experiment. https://doi.org/10.1080/00224545.1974.9923224

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