Huellas Dactilares Mano

Todos las tenemos, pero pocas veces reparamos en ellas; esas minúsculas marcas que tenemos en las puntas de los dedos que forman parte de lo que nos hace seres humanos únicos: son las huellas dactilares.

Las huellas dactilares, o dermatoglifos, son las impresiones visibles o moldeadas que se producen tras el contacto de las crestas papilares de un dedo de la mano sobre la superficie; en concreto, las huellas dactilares tienen cuatro características definitorias; en primer lugar, son perennes, teniendo en cuenta que se forman aproximadamente a partir del sexto mes de la vida humana, permaneciendo iguales en número, situación, forma y dirección hasta el fin de nuestros días.

En segundo lugar, son inmutables, es decir, es imposible modificar fisiológicamente nuestras huellas dactilares, pues, a pesar de que pueda haber algún traumatismo, estas se regeneran o reaparecen con la misma forma.

Así mismo, son diversiformes, lo que quiere decir que no existen impresiones idénticas producidas por dedos distintos; por último, son originales, ya que el contacto directo produce una impresión particular con características microscópicas identificables del tejido epidérmico. Veamos, en adelante, de donde surgen estas huellas en el ser humano.

Origen genético y anatómico de las huellas dactilares

Christophe Champod et al. CRC Press, 2004.

De acuerdo a diversas investigaciones, las huellas dactilares se desarrollan en etapas tempranas del embarazo cuando la capa media de la piel en la yema de los dedos crece con mayor rapidez que las capas internas y externas, lo que da origen a las crestas y surcos papilares.

Específicamente, la composición del líquido amniótico y la forma en la que el feto toca lo que está a su alrededor cuando está dentro del vientre materno, influye en el diseño de las crestas papilares que más adelante le identificaran como un individuo en particular.

En cuanto a su razón biológica, a pesar de que por mucho tiempo se pensó que estas marcas facilitaban el agarre de objetos, una investigación realizada en el 2009 determinó que, en realidad, hacen que resulte más difícil sujetar superficies lisas; sin embargo, mejoran la sensibilidad táctil, puesto que amplifican pequeñas vibraciones cada vez que algún dedo roza una superficie.

Sobre esto, Roland Ennos y Peter Warman, de la Universidad de Manchester, se trazaron por objetivo el comprobar si las huellas dactilares mejoraban la capacidad de agarre. Sus experimentos demostraron que no mejoraban la capacidad de agarrar puesto que reducen el contacto de la piel con los objetos, llegando, incluso a entorpecer esta capacidad.

Por su parte, los investigadores concluyen que pudieron haber evolucionado para facilitar el agarre de superficies rugosas, tal como la corteza de los árboles. Adicionalmente, los surcos permiten que la piel se estire y deforme con mayor facilidad, lo que representa una protección para daños eventuales.

Otra hipótesis reza que las huellas dactilares permiten que el agua que pueda quedar atrapada entre las yemas de los dedos y la superficie mojada se escurra, mejorando el contacto táctil con superficies húmedas.

Independientemente de las razones evolutivas por las cuales la naturaleza nos haya dado huellas dactilares, tal como veremos en adelante, la humanidad ha sabido aprovechar sus cualidades.

Uso de las huellas dactilares a lo largo de la historia

La dactiloscopia es un método confiable en las Ciencias Forenses

Uno de los primeros registros que se tiene del uso de las huellas dactilares data de hace más o menos cuatro mil años atrás, durante la construcción de las Pirámides de Egipto, pues se han encontrado impresiones de las crestas y surcos de manos y pies de personas que trabajaban para edificar estos monumentos.

Igualmente, en la antigua China, se empleaban las huellas dactilares a fin de firmar documentos oficiales tales como contratos, préstamos y bonos de deuda. De hecho, los archivos de mayor antigüedad tienen una fecha del siglo III antes de Cristo.

Por su parte, los primeros tratados en torno a las huellas dactilares datan de 1684, por el inglés Nehemia Grew, quien se dedicó a observaciones de naturaleza académica. Asimismo, a nivel científico, el estudio de estas marcas comenzó en el siglo XVII, de la mano de anatomistas tales como Mercelo Malpighi, Ruysch y Albinus.

Desde entonces, los científicos se han dedicado a caracterizar las huellas dactilares; por ejemplo, J.C. Mayer determinó que eran únicas en 1798, mientras que Henry Faulds estableció que eran inmutables.

Más allá de todo eso, el encargado de legitimar su uso como medio de identificación, particularmente en el campo de la criminalística, fue Juan Vucetich en 1891, parte del cuerpo policial de La Plata, un croata nacionalizado argentino.

Ese año, el Jefe de la Policía le solicitó a Vucetich que desarrollase un servicio de identificación a partir del sistema antropométrico, el cual era muy usado en Europa. Este sistema, llamado Berilloniano, en atención al nombre de su inventor, permitía identificar y clasificar a las personas sobre la base de dos supuestos: la inmutabilidad de las dimensiones de ciertos huesos durante la adultez y la variabilidad de estas dimensiones entre diferentes personas.

Las medidas antropométricas se tomaban desde diferentes puntos: la longitud de la cabeza, el ancho del cráneo, la longitud del dedo izquierdo, el lado del pie izquierdo y la longitud del antebrazo izquierdo.

De esta forma, se integraba una red de información que, aplicada a un individuo, se mantenía inalterable durante toda su vida adulta. Este sistema estuvo en uso por 30 años, hasta que en 1903, condenaron en Estados Unidos a un inocente que tenía las mismas medidas antropométricas que el culpable.

En este sentido, Vucetich, prefirió tomar como punto de referencia las investigaciones de Francis Galton, quien era primo de Charles Darwin y recientemente había dado una conferencia en la Royal Society de Londres, en el que expuso un trabajo titulado: “Pautas sobre las marcas e impresiones del pulgar y de los dedos”, donde enunciaba las tres leyes fundamentales de la Dactiloscopia: la perennidad, inmutabilidad y variabilidad de las impresiones.

A partir de allí, Vucetich tomó como propósito el comprobar la infalibilidad de estos enunciados, desarrollando un modo de identificación el uso de las huellas dactilares y aplícalo de forma masiva.

En este sentido, este policía elaboró las primeras fichas dactilares a nivel mundial, usando las huellas de 23 procesados por la justicia; entonces, más adelante, luego de verificar el método con 645 reclusos de la cárcel de La Plata, en 1894, la Policía de Buenos Aires adoptó de forma oficial la metodología dactiloscópica.

Sin embargo, independientemente de esto, no sería hasta que se resolviese un importante caso de asesinato por medio de las huellas dactilares, que se reconociese su importancia como forma de identificar a las personas.

El caso en cuestión es el de la asesina Francisca Rojas, en Nercochea, una provincia de Buenos Aires, lo que significó un antes y un después en la historia de las huellas dactilares. Esta mujer había acusado a su vecino de intentar asesinarla y de haber degollado a sus hijos de 4 y 6 años respectivamente; pero dejó sus huellas con sangre en una puerta.

El crimen ocurrió durante la tarde del 29 de Junio, día en el que se encontraron las víctimas degolladas en la cama de la madre, quien se mostraba herida por una cortadura no muy profunda en su cuello. En vista de la actuación policial, Rojas acusaba a su vecino, quien, según su testimonio, la cortejaba, de intentar abusar de ella sexualmente y atacar de muerte, tanto a los niños, como a ella misma.

El caso impresionaba ser fácil de resolver, pero el vecino, llamado Ramón Velázquez, gritaba su inocencia y no hubo quien declarara en su contra. Luego, Rojas cambió su versión, aludiendo que había sido atacada por este hombre con una pala, pues tenía intenciones de quitarles a sus hijos para dárselos a su padre, con quien estaba en disputas.

Velázquez fue detenido inmediatamente y hasta fue víctima de torturas, llegando a recibir golpes de Francisca, quien lo acusaba fervientemente de haber asesinado a sus hijos. La mujer, llena de furia, alegaba que antes de cortarle el cuello, Velázquez le había dado una paliza, pero no había ni un rastro de golpes en todo su cuerpo.

Todo esto hizo que la policía desconfiara, sentando las bases de una investigación que pasaría a la historia de la criminalística; cortaron el pedazo de una puerta en la que había quedado una marca de una mano ensangrentada; una mano de pequeño tamaño, vale acotar.

De esta forma, le encomendaron a Vucetich que se practicasen las diligencias conducentes al estudio de las impresiones dactilares en el trozo de la puerta. El cuerpo policial estaba decidido a probar con la nueva tecnología dactiloscópica en aras de resolver aquel crimen.

El acusado y la supuesta víctima fueron trasladados a la comandancia, donde Rojas confesó su culpabilidad respecto al doble crimen, puesto que, si bien en un momento dijo que, luego del ataque, el asesino se había apoyado en la puerta antes se huir, estaba demostrado que las huellas eran suyas.

Tras manifestarse autora del crimen, pues, en su opinión, prefería matar a sus hijos que dárselos a su expareja, fue condenada el 20 de Septiembre de 1894 por el delito de doble homicidio.

Huellas dactilares de Francisca Rojas, identificadas por Vucetich

En síntesis, empleando la dactiloscopia, Vucetich comprobó que las huellas eran de Francisca, por lo que fue condenada a prisión; sobre esto, Eduardo Álvarez, el Inspector de Policía de la Comisaría, le escribió:

Que esto te sirva de base y de aliento para continuar difundiendo ese sistema de identificación (…) te declaro, bajo la fe de mi palabra, que si no fuera porque he obtenido la constatación de que las huellas dejadas en la ventana y las impresiones de la mujer Francisca Rojas correspondían las unas a las otras, a pesar de su confesión, me hubiese quedado siempre la duda respecto a su culpabilidad”.

Más adelante, en 1907, la Academia de Ciencias de Paris ratificó públicamente que el método de identificación de personas a partir de sus huellas dactilares desarrollado por Vucetich era el más exacto de los conocidos hasta la época.

Finalmente, a finales del siglo XIX, en todos los países del mundo, se inició la organización de oficinas de identificación a partir de impresiones dactilares, empleando, en su mayor parte, el sistema innovador desarrollado por Vucetich; de forma que la dactiloscopia ha sido empleada por más de cien años para identificar a las personas, representando una de las tecnologías biométricas más maduras.

¿Para qué se utilizan las huellas dactilares hoy en día?

Actualmente, la mayoría de los teléfonos móviles cuentan con tecnología biométrica

Teniendo en cuenta sus características, las huellas dactilares se corresponden, quizás, al más importante y trascendental medio de identificación que posee la humanidad. En específico, su uso más extendido se le ha dado a partir de la tecnología biométrica.

Particularmente, el reconocimiento de las huellas dactilares como parte de la tecnología biométrica se ha establecido como una gran tendencia en diferentes ámbitos, desde grandes empresas que emplean cronometrajes biométricos para verificar sus nóminas, hospitales que usan este método para identificar a sus pacientes, hasta celulares que se desbloquean con la huella dactilar.

También, tal como vimos, las huellas dactilares se usan frecuentemente para esclarecer delitos como método seguro y confiable que permite solucionar conflictos tan delicados como estos.

Finalmente, estudios recientes han descubierto que es posible identificar el sexo de las personas a partir de sus huellas dactilares, aprovechando las diferencias hormonales concentradas a partir de la grasa.

Referencia: Caballero, S. (2009). Dactiloscopia: Certeza o incertidumbre. Editorial Ltda.

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